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20 de Apr de 2021

Economía

El problema real de la productividad

Crecientes costos de la asistencia médica, de la vivienda y la educación han llevado a los estadounidenses a plantear fórmulas para bajarlos

Nuestro enfoque de la productividad es disparatado, según un reciente informe económico. Ignoramos el verdadero problema de la productividad: los crecientes costos de la asistencia médica, de la vivienda y la educación. Debemos comprender ese argumento, porque podría ser el correcto.

A menos que usted haya estado de vacaciones en Marte, sabrá que la productividad es el término que designa la eficiencia económica— y también que estamos enfrentando una silenciosa crisis de productividad. Los avances en la productividad se han ralentizado o estancado. A menos que mejoren, la perspectiva de un estándar de vida más alto se desvanecerá o desaparecerá.

La solución convencional es una mayor innovación, impulsada por avances en la ciencia y la tecnología. Necesitamos el equivalente de la invención del chip de las computadoras o de Internet. No. Eso es demasiado simple, dice el economista Jonathan Rothwell, autor del informe de Gallup, la empresa encuestadora.

Una enorme parte de la ralentización de la productividad, sostiene Rothwell, se debe al desempeño deficiente de estos tres grandes sectores de la economía: la asistencia sanitaria, la educación y la vivienda. Estos sectores han crecido, dice Rothwell, sin volverse más productivos. A medida que sus costos suben, absorben una mayor porción de los ingresos familiares, lo que dificulta la satisfacción de otras necesidades.

El tamaño de estos tres sectores creció; de representar un 25% de los gastos nacionales (producto bruto interno) en 1980 a un 36% del PBI en 2015, calcula Rothwell.

Todo el mundo sabe que los costos de la salud han subido, incluyendo deducibles y co-pagos más altos en los seguros. Lo mismo está ocurriendo en los otros sectores. Entre 1980 y 2014, el alquiler medio para las familias subió de un 19% de los ingresos a un 28%, dice Rothwell. En los mismos años, los costos de las hipotecas para los propietarios pasaron de un 12% a un 16% de los ingresos.

De la misma manera, los costos de las escuelas públicas desde Jardín de Infantes al 12° grado, después de ajustarlos por la inflación, saltaron un 74% entre 1980 y 2013. La matrícula universitaria también se elevó.

Los costos de las escuelas públicas desde Jardín de Infantes al 12° grado en EE.UU., después de ajustarlos por la inflación, saltaron un 74% entre 1980 y 2013.

Si estos aumentos de precios hubieran estado acompañados por mejoras drásticas en la calidad y el valor —es decir, avances en la productividad— podrían explicarse fácilmente. Pero Rothwell lo duda. Los avances en la expectativa de vida fueron modestos, dice. A pesar de alquileres más altos, el tamaño medio de las unidades de alquiler decayó como un quinto desde 1980. Los resultados de los exámenes estandarizados siguen estables desde principios de 1970.

La realidad es que las prácticas ineficientes están protegidas por grupos de presión fuertes políticamente, sostiene el informe.

Tomemos la asistencia sanitaria. Los médicos apoyan leyes que prohíben que las enfermeras habilitadas, que podrían llevar a cabo gran parte de la asistencia de rutina, lo hagan a menos que sea bajo la supervisión de los médicos. Sólo alrededor de un quinto de las enfermeras habilitadas vive en estados que les permiten ejercer independientemente.

‘Los médicos que administran las clínicas pueden cobrar a las organizaciones de seguros lo mismo o una tarifa solo levemente reducida, si un paciente ve a una enfermera habilitada, aunque pague a la enfermera habilitada la mitad, lo que permite que el médico se guarde el resto como ganancia o salario,' afirma Rothwell.

O consideremos la vivienda. Por un lado, el gobierno federal incentiva la demanda de viviendas al proporcionar una enorme exención fiscal —el descuento del interés de la hipoteca. Mientras tanto, los gobiernos locales limitan la oferta de viviendas con leyes de zonificación estrictas, que favorecen las viviendas unifamiliares. El objetivo es aplacar a los propietarios de viviendas que no desean departamentos o condominios en sus barrios.

La demanda alta se encuentra con una oferta restringida. ¿Debe sorprenderse alguien de que los alquileres y el valor de las viviendas tengan una tendencia ascendente?

Promover una mayor productividad en estos sectores beneficiaría claramente a la nación. En el papel, parece posible. Podríamos modificar las políticas de gobierno. En la práctica, no es tan fácil por dos motivos.

Los gobiernos locales estadounidenses limitan la oferta de viviendas con leyes de zonificación estrictas, que favorecen las viviendas unifamiliares.

Primero, es difícil medir la productividad en la asistencia sanitaria y en la educación. ¿Es la obesidad un fracaso del sistema de salud o una condición social que el sistema de asistencia sanitaria no puede arreglar? Lo mismo ocurre con la educación. ¿Debe echarse la culpa a las escuelas y universidades por el desempeño deficiente de los alumnos? ¿O se les está pidiendo que remedien males sociales —pobreza, disolución de la familia— que no dependen de ellos?

Dados esos problemas, los amplios indicadores de productividad del gobierno principalmente ignoran posibles avances o pérdidas en la asistencia sanitaria y la educación. Esos sectores crecen o se reducen con la contratación o el despido de los trabajadores. No hay cambios de productividad; aunque eso es poco realista, podría ser mejor que las alternativas.

El segundo motivo es familiar: Los debates sobre la reorganización de la asistencia sanitaria o la educación son generalmente polémicos y no concluyentes. La gente tiene opiniones apasionadas y es difícil conciliar las diferencias. Lo mismo ocurre con la vivienda.

Aún así, el quid del problema de la productividad yace en estos sectores esenciales. Necesitamos escuelas que funcionen, vivienda asequible y una asistencia sanitaria rentable. Es muy fácil decirlo y muy difícil lograrlo.

ANALISTA DE THE WASHINGTON POST WRITERS GROUP