La Estrella de Panamá
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17 de Oct de 2019

Economía

China, ahora tildada con nuevas etiquetas

¡Vaya tierra de fantasías! Ninguna con siquiera una pizca de fundamento.

De un par de meses a la fecha, la cooperación económico-comercial entre China y América Latina ha sido objeto de una nueva andanada de ataques. Lo cual no es de mucho extrañar, puesto que mentes recalcitrantes tipo guerra fría siempre la ha interpretado con gran recelo y aprehensión, alarmando, a intervalos regulares, al mundo sobre la ‘amenaza china'.

Lo insólito, esta vez, está en las nuevas etiquetas que se han inventado para tildarle a China, unas etiquetas de verdad imaginativas, como, por ejemplo, la de ‘nuevo poder imperial revisionista' o ‘depredadora' de recursos naturales latinoamericanos o, acusación grave: culpable del ‘perenne atraso' del continente o, la más reciente y todavía más grave: que ‘el mayor alcance (de China) a puntos de acceso global cruciales como Panamá crea vulnerabilidades comerciales y de seguridad para Estados Unidos'.

¡Vaya tierra de fantasías! Ninguna con siquiera una pizca de fundamento.

Parte del argumento con que dichos alarmistas sustentan sus acusaciones es que el negocio con China viene a ser simple y llanamente un trueque entre la manufactura china y las materias primas o productos primarios latinoamericanos, negocio malo al no generar verdadera capacidad industrial ni puestos de trabajo. Corolario: que los países latinoamericanos deben abandonar tal negocio y pasarse a mejores opciones.

Dichos ataques, a mi modo de ver, difícilmente pueden catalogarse como críticas constructivas y de buena fe. Todo lo contrario, suenan denigrantes y sin ton ni son.

China y América Latina, por igual países en vías de desarrollo y fuerzas emergentes en un mundo lleno de incertidumbres, se sienten naturalmente atraídas una a la otra por un sentido del destino común; y a ambas partes, enfrentadas por igual tanto a desafíos como oportunidades en su esfuerzo común por adelantar reformas estructurales e incrementar la capacidad de desarrollo autónomo, les corresponde y conviene compartir sus mutuas sabidurías y experiencias. Es por esta mutua necesidad y conveniencia por qué ambas partes se han empeñado en estrechar su cooperación de ganancias compartidas.

Los saltos espectaculares del intercambio comercial chino-latinoamericano en las últimas dos décadas, de los 10 mil millones de dólares a principios del presente siglo a los cerca de 260 mil millones de dólares el año pasado, hablan por sí solos de la alta complementariedad económica entre una y la otra parte. Desde hace un buen número de años China se alza el segundo socio comercial de América Latina y el primero de varios países de la región.

A su vez, América Latina se encuentra entre las regiones que han visto aumentar más rápidamente sus exportaciones a China, siendo también un destino importante de las inversiones chinas en el extranjero.

Es de enfatizar que la estructura comercial entre ambas partes ha venido en los últimos años optimizando visiblemente, entrando en China crecientes cantidades de bienes latinoamericanos de alto valor agregado, tales como aviones regionales, productos farmacéuticos, vinos y otros agropecuarios cuya producción contiene muy fuertes dosis de alta tecnología y que por tanto se hallan en realidad en eslabones bastante superiores de la cadena de valores. El viejo esquema de manufactura china a cambio de productos primarios latinoamericanos está siendo rápidamente superado.

También vale la pena señalar que con sus inversiones en América Latina, que hoy por hoy rondan alrededor de los 200 mil millones de dólares, creando 1,8 millones de empleos, China desea jugar y de hecho está jugando un rol positivo en contribución a la re-industrialización latinoamericana.

En cuanto a las acusaciones en el sentido de que la presencia china en América Latina constituye una amenaza para los intereses de seguridad estadounidense, uno está a duras penas logrando contener la risa, porque así es cómo esas acusaciones suenan —risibles, viniendo de donde vienen: de una potencia célebre, no precisamente a mucha honra, por haber creado y esgrimido, en aras de su hegemonismo y a costa de la seguridad de sus vecinos, el concepto de patio trasero y la doctrina Monroe, concepto y doctrina a todas luces anacrónicos pero al parecer aún objeto de la nostalgia de parte de su establisment , que a su vez tiene el hábito de sospechar que todos los demás son de su misma condición. Sólo que, uno se teme, dichas acusaciones no van a encontrar mucho eco en la región, tal como quien grita en el desierto.

Al acariciar las mismas metas de alcanzar mayor nivel de competitividad y de desarrollo autónomo, valiéndose de la imperante tendencia de la globalización e interdependencia económicas, China y los países latinoamericanos se empeñan en una cooperación Sur-Sur de nuevo tipo cuyas características más eminentes son la igualdad y el mutuo beneficio. China lo que busca con su presencia en este continente es transparente comunidad de intereses en lugar de subrepticios juegos geopolíticos; y es desarrollo compartido en lugar de daño a los intereses de terceras partes.

Quienes piensen de otro modo, como los inventores de aquellas etiquetas tan fantasiosas, son víctimas, o de una ignorancia crasa de la realidad de los hechos, o de unos prejuicios asombrosamente arraigados, además de estar cometiendo una franca falta de respeto a la inteligencia humana.