09 de Dic de 2022

Economía

Remesas, beneficios para Latinoamérica en los últimos años

Las remesas familiares o envíos recurrentes son realizados por trabajadores migrantes desde el exterior a sus parientes en el país de origen, y se han convertido en una fuente importante de recursos y financiamiento externo para muchos países

Remesas, beneficios para Latinoamérica en los últimos años
En el año 2021 las remesas alcanzaron un monto superior a los USD $605.000 millones.Shutterstock

En mayo del año actual, el Banco Mundial (BM) presentó un informe sobre la migración y el desarrollo titulado “Una guerra en una pandemia - Implicaciones de la crisis de Ucrania y la covid-19 en la gobernanza global de los flujos migratorios y de remesas”.  En dicho informe se indica cómo se puede fortalecer la gobernanza global de la migración y facilitar los flujos de remesas transfronterizos, puntos relacionados con los indicadores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) relacionados con la migración, de los cuales el BM es custodio, para así aumentar el volumen de las remesas como porcentaje del producto interno bruto y reducir los costos de las mismas.

Ya en el año 2021 las remesas alcanzaron un monto superior a los USD $605.000 millones, distribuidos así: América Latina y el Caribe (25,3%), África subsahariana (14,1%), Europa y Asia central (7,8%), oriente medio y norte de África (7,6%) y Asia meridional (6,9%). Dicha cantidad fue un 8,6% superior al año inmediatamente anterior, según cifras del Banco Mundial.

Para finales de 2022, se espera que los flujos de remesas a los países de ingresos bajos y medianos (LMIC, por sus siglas en inglés) aumenten un 4,2% hasta alcanzar los $630.000 millones, según el referido informe, lo que implicaría que los flujos de remesas a los LMIC, excluida China, son mayores que la inversión extranjera directa y las transacciones de ayuda oficial.

Y es que las remesas familiares o envíos recurrentes son realizados por trabajadores migrantes desde el exterior a sus parientes en el país de origen, y se han convertido en una fuente importante de recursos y financiamiento externo para muchos países.

Ya en el año 2018, los flujos de remesas familiares a América Latina y el Caribe sumaban más de USD $91.050 millones. En Haití representaron más del 30% del producto interno bruto (PIB); El Salvador y Honduras figuran en torno al 20%, y en Jamaica, Guatemala y Nicaragua aportaron más del 10% del PIB.

Las remesas contribuyen a la motorización de las economías de los países receptores, ayudando a la disminución de la pobreza, al incremento del consumo privado, al crecimiento económico nacional, entre otros factores. En cuanto a los beneficios para los hogares, estos elevan los recursos económicos y el bienestar, traduciéndose en un mayor consumo y disponibilidad de medios para atender necesidades de educación, vivienda y salud.

Aproximadamente el 75% de las remesas aceptadas se destina a cubrir necesidades básicas de los hogares que las reciben como alimentación, salud y vivienda. Asimismo, potencian el crecimiento económico, agregando efectos multiplicadores en las áreas donde son invertidas, convirtiéndose en actividades generadoras de ingresos.

Según el informe de la Cepal, titulado “Fomento de la inversión de las remesas familiares en cadenas de valor”, se halló una relación positiva entre la recepción de remesas y la inclusión financiera y, de forma asociada, un vínculo entre la inclusión financiera y la inversión en la cadena de valor, presentando una gradualidad. La probabilidad de utilizar productos y servicios más sofisticados (crédito para actividades productivas generadoras de ingreso y seguros) aumenta con la tenencia de una cuenta para el manejo de las finanzas personales.

En los últimos años, un número importante de los habitantes en los países de Latinoamérica y el Caribe han tomado la decisión de migrar hacia naciones del primer mundo, buscando una mejor calidad de vida. Esa migración se ha traducido en un aumento del envío de remesas a nuestros países, representando una oportunidad para la región, que pueden destinarlas para el fortalecimiento de cadenas de valor; pero para ello se requieren políticas públicas activas, que brinden información y asistencia técnica, fortalezcan capacidades, faciliten el acceso al financiamiento y promuevan la asociatividad.

Jamez Hernández, presidente y cofundador de Trust Corporate