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- 31/01/2016 01:00
¿Han oído alguna vez que una organización nacional refrende a una persona para la vicepresidencia? ¿Y menos aún cuando los electores de Iowa, New Hampshire, Carolina del Sur y otros estados no han emitido, todavía, su voto para el cargo máximo? Yo tampoco. Estamos en territorio virgen ahora que la Cámara de Comercio Hispana de los Estados Unidos (Ushcc) está respaldando al secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano de los Estados Unidos, Julián Castro, para el puesto No.2 de la fórmula demócrata.
Pero, señores, ¿no nos estamos adelantando un poco? Castro refrendó a Hillary Clinton para la nominación demócrata. Claramente esta estrella ascendente no apoya a Bernie. Pero aún si Clinton sobrevive lo que resultó ser un fuerte desafío de Bernie y emerge como nominada, la cuestión de a quién escogerá como compañero, sigue abierta.
La elección dependerá de tres cosas: política, política y política. No se tratará de quién es el más ‘calificado', ya que esa frase es totalmente subjetiva. La única calificación que importa en esta instancia es si el compañero de fórmula ayudará a que Clinton resulte electa. Si los republicanos despiertan de su trance con Trump y nominan a Marco Rubio, sería hábil que los demócratas reclutaran a su propio abogado hispano, telegénico y elocuente, para actuar como contrapeso. De lo contrario, podemos esperar que muchos hispanos voten a Rubio.
Castro, quien elevó su perfil nacional considerablemente cuando pronunció el discurso principal de la Convención Nacional Demócrata de 2012, es un viejo amigo mío. Francamente, pienso que no está preparado para estar a un paso de la presidencia. Pero al mismo tiempo, observar a Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama en sus momentos más difíciles en la Casa Blanca me enseñó que se trata de un trabajo para el que nunca se está preparado. Aunque da miedo, el desempeño como presidente o vicepresidente se aprende en el trabajo.
Aun así, me da placer que Castro sea parte de los contendientes y que se hable de él como posible compañero de fórmula de Clinton. Tiene mucho que ofrecer a la candidata y al país. Pero la historia no es, en realidad, sobre Castro. Se trata, más bien, de si es adecuado que una organización hispana nacional anuncie tan descaradamente su lealtad étnica forzando ese nombre en la conversación, especialmente tan temprano.
No lo fue. La movida fue impertinente, arrogante e inapropiada. Trivializó la idea del voto hispano, y la viabilidad de funcionarios hispanos como Castro. Dañó la causa que trata de obtener más respeto por los electores hispanos y su deseo de que se cuente con ellos en el proceso político. Por último, deja claro que al menos una organización hispana ha perdido su foco, incursionando en la política y convirtiéndose en el centro de la atención.
¿Por qué haría algo así la Ushcc, que dice abogar por casi 4.1 millones de empresas de propietarios hispanos, que contribuyen más de $661 mil millones anuales a la economía de los Estados Unidos? Javier Palomarez, presidente de la organización, dijo a Politico que es porque ‘millones de personas que viven en este país consideran a Julián como el guardián del Sueño Norteamericano'.
Qué tontería. La Ushcc y su director son los que quieren convertirse en guardianes de los electores hispanos. La mayor minoría de Estados Unidos no tiene un portavoz reconocido nacionalmente. Parece que la organización está ansiosa por llenar ese vacío. Sea como sea, Palomarez afirmó que su organización ‘refrenda a [Castro] para la vicepresidencia con placer'. Lo que me causa placer es que esta maniobra -de la que estoy seguro que Castro no estaba enterado y que hubiera desalentado si hubiera podido- la coloca a Clinton en una situación peliaguda. Hasta ahora, Clinton solo dijo que piensa que debería considerarse a Castro para una serie de puestos en su gobierno. Esto podría forzarla a ser más clara en cuanto a sus intenciones.
ANALISTA DE THE WASHINGTON POST