Peligrosamente distraídos por el Donald

  • 13/12/2015 01:00
La ciudadanía y demócratas al atacar al candidato republicano que va a la delantera, los medios y las élites políticas parecen ansiosas 

Como en su momento censuré a Donald Trump por lo que dijo sobre los mexicanos, no lo defenderé ahora por lo que dijo sobre los musulmanes. Pero tampoco me interesa sumarme a las críticas contra una persona que arriesga el cuello y sugiere una forma de encarar una crisis: la llegada del terrorismo islámico radical a los Estados Unidos. La corrección política distrae a los estadounidenses y les impide formular preguntas sobre la manera en que este cáncer llegó al país, y cómo acabar con él.

Trump tiene una sugerencia: una pausa temporal en el otorgamiento de visas a los musulmanes, hasta que los funcionarios estadounidenses ‘comprendan qué diablos está ocurriendo.' Los medios, los demócratas y algunos republicanos respondieron llamándolo fanático.

Por ser un columnista mexicano-americano que a menudo escribe sobre la inmigración, tengo poca tolerancia para el fanatismo.

Pero la hipocresía es igualmente perniciosa. Algunos de los críticos de Trump se sienten moralmente superiores, pero no se conocen a sí mismos.

Sobre la moratoria para conceder visas musulmanas propuesta por Trump, el líder de la minoría en el Senado, Harry Reid, expresó: ‘Ese tipo de racismo ha predominado en la política republicana durante décadas. Trump sólo dice en voz alta lo que otros republicanos meramente sugieren'.

Es el mismo Harry Reid que en 1993 propuso el fin de la ciudadanía por derecho de nacimiento para los ‘bebés ancla' nacidos de padres indocumentados. En 2008, Reid sugirió que Barack Obama atraía a los electores porque el senador de Illinois no tenía un ‘dialecto negro'.

La delantera demócrata, Hillary Clinton, expresó lo siguiente sobre la idea de Trump: ‘No es sólo vergonzosa, es peligrosa. Debemos enlistar la ayuda de los estadounidenses musulmanes, de los musulmanes de todo el mundo, para vencer a los jihadistas radicales y a la odiosa ideología que representan'.

Es la misma Hillary Clinton que, como candidata presidencial en 2008, toleró y posibilitó una campaña xenofóbica de susurros, realizada por sustitutos y asociados, que sugirieron que Obama era un musulmán nacido en el exterior. Además, tampoco se disculpó cuando su esposo, el ex presidente, implicó, después de las primarias de Carolina del Sur, que Obama tenía poco atractivo más allá de los afroamericanos. Sólo expresó ‘pesar' de que algunos se ofendieran.

En cuanto a todos esos republicanos que saltaron en defensa de los musulmanes, más vale tarde que nunca. En los 14 años posteriores a los ataques del 11/9, los estadounidenses musulmanes fueron identificados por perfiles étnicos, utilizados como chivos expiatorios y discriminados, fueron víctima de delitos de odio y fueron espiados por el gobierno de Estados Unidos. Sobre todo ello, no oímos que los funcionarios electos se pronunciaran demasiado y prácticamente nada, de los republicanos.

¿Piensa alguno que nuestro problema de intolerancia se limita a Trump?

Al atacar al candidato republicano que va a la delantera, los medios y las elites políticas parecen ansiosas por convencernos a todos de que son ilustradas.

Preferiría que se concentraran en mantener nuestra seguridad y que no se distrajeran con otra actuación de Trump. Preferiría que fueran listos y que idearan una alternativa mejor para arreglar un sistema de visas claramente fallido y que pone a los estadounidenses en peligro. Y preferiría que fueran reflexivos, mientras discuten unas normas para proteger la patria que podrían ser confusas y desagradables.

Es eso lo que los estadounidenses necesitan ahora. Criticar a Trump es barato y fácil. Hace que muchos se sientan bien pero no nos lleva a ningún lado.

Específicamente, hay un argumento que me vuelve loco cada vez que lo oigo—que la moratoria de Trump de las visas musulmanas ‘le hace el juego al Estado Islámico' al definir nuestra guerra contra esa banda asesina como un conflicto entre el Islam y los no-creyentes, mientras que ayuda a los terroristas a reclutar miembros nuevos.

Los malos ya están reclutando nuevos miembros. Todo ataque terrorista exitoso, en cualquier parte del mundo, es como un imán para atraer miembros. Y ¿qué importa que los estadounidenses se frenen de caracterizar ese conflicto como guerra religiosa cuando la gente que quiere matarnos lo cree absolutamente? Uno puede estar a la intemperie durante una tormenta y fingir que no está lloviendo. Pero eso no impedirá que uno se moje.

Hay una docena de temas más importantes de los que deberíamos hablar después de la masacre de San Bernardino.

Como ¿por qué diablos el Departamento de Estado otorgaría una visa de novia a Tashfeen Malik, la terrorista nacida en Pakistán? ¿Y por qué el Departamento de Estado, incluso ahora, citando el derecho a la privacidad de Malik, no responde preguntas sobre su solicitud de visa? Y ¿por qué el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos aumenta el error al otorgarle residencia legal permanente? ¿Y cuántos más terroristas están ya aquí en tierra estadounidense, esperando llevar a cabo ataques adicionales? ¿Y cómo los encontramos y neutralizamos esa amenaza?

No, no, nada que ver aquí. Pasemos a otra cosa. Dígame, ¿qué piensa de Donald Trump?

THE WASHINGTON POST

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