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29 de Oct de 2020

América

Un encuentro con Sebastián Piñera

El presidente electo chileno Sebastián Piñera, el magnate de centroderecha que a los pocos días de su inauguración también asumirá la pr...

El presidente electo chileno Sebastián Piñera, el magnate de centroderecha que a los pocos días de su inauguración también asumirá la presidencia del Grupo de Río, no da la impresión de que vaya a ser tímido a la hora de impulsar la defensa colectiva de la democracia en Venezuela, Cuba y otros países autoritarios. En una entrevista exclusiva, Piñera me dijo que una vez que asuma la presidencia de Chile el 11 de marzo, mantendrá la política exterior tradicional de su país de no interferencia en asuntos de otras naciones, y agregó que su prioridad será fortalecer las relaciones con Argentina, Perú y Bolivia. Pero cuando le pregunté si bajo su gobierno habrá un mayor énfasis en la defensa colectiva de las libertades fundamentales en Venezuela y Cuba, su respuesta fue un decidido: Sí.

La verdad es que la prudencia es una virtud que los presidentes deben ejercer, pero también la franqueza, dijo Piñera. “Yo pienso que Cuba no es una democracia, y también pienso que en Cuba no se respetan los derechos humanos. En consecuencia, yo aspiro como presidente de Chile a hacer todo lo mejor para que la Carta de la Organización de Estados Americanos y el mandato de la OEA de defender la democracia y defender los derechos humanos sea más eficaz”. Piñera, que obtuvo su doctorado en economía en Harvard y se opuso a la dictadura del general Augusto Pinochet, señaló que la Carta Democrática de la OEA no tiene mecanismos eficaces para que los poderes legislativos y judiciales puedan pedir apoyo diplomático regional en caso de ser atacados por presidentes autócratas.

Cuando le pregunté sobre la reciente decisión del gobierno venezolano de sacar del sistema de cable a la emisora de televisión independiente RCTV , Piñera dijo: Yo puedo tener mi opinión, pero yo no voy a interferir con asuntos internos de otros países. Pero siempre voy a defender, y con mucha fuerza, los valores de la democracia, de la libertad y el respeto a los derechos humanos”. ¿Pero no hay una contradicción en eso?, le pregunté. “¿Si le toca elegir entre el principio de la no interferencia y la defensa colectiva de la democracia, ¿de qué lado estará usted?”, le pregunte. “ Definitivamente, yo voy a estar siempre en el lado de la defensa de la democracia y en la defensa de los derechos humanos, que por lo demás es un compromiso que todos los países de América Latina hemos adquirido en la Carta de la OEA, que establece específicamente y particularmente que es responsabilidad de todos los países la defensa de la democracia y los derechos humanos en todo el continente”.

Cuando le pregunté si viajaría a Cuba, y si de hacerlo no se reuniría con los miembros de la oposición pacífica, tal como lo hizo el año pasado la presidente saliente, Michelle Bachelet, Piñera respondió: “Las relaciones diplomáticas no son entre personas ni entre gobiernos, son entre países. Uno no va solamente donde hay países que comparten todos los puntos de vista. También uno puede visitar países con los que tiene diferencias. Pero si yo fuese a ir a Cuba, definitivamente tendría un enorme interés en poder reunirme también con la gente que no concuerda con las líneas del gobierno de Cuba, que son los disidentes. Yo he estado en Cuba en algunas ocasiones, y siempre me he reunido con los disidentes”. Cuando le pregunté cuáles serán sus prioridades en el plano interno, respondió que “la gran meta que nos hemos fijado es que Chile logre, en un plazo de 8 años, en el año 2018, ser tal vez el primer país de América Latina que con mucho orgullo, pero también con humildad, pueda decir: Hemos derrotado al subdesarrollo. Hemos derrotado a la pobreza”. “Chile hoy día tiene ingresos per cápita de alrededor de $14,400, y queremos llegar a los $24,000 para el 2018. Ese es el umbral que separa al mundo desarrollado del mundo en desarrollo”.

Mi opinión: Siempre he admirado a los líderes de centroizquierda que han gobernado Chile durante los últimos veinte años. Han sido democráticos, y han demostrado ser mucho más eficaces para reducir la pobreza que los actuales demagogos narcisista-leninistas de Venezuela, Ecuador y Bolivia. El secreto del éxito de Chile ha sido que sus líderes de centroizquierda, en lugar de hacer ”revoluciones” para perpetuarse en el poder, han construído sobre las cosas buenas que heredaron. El mayor desafío de Piñera como primer presidente chileno de centroderecha en dos décadas será hacer precisamente lo mismo: construir sobre lo que ha funcionado, en lugar de tratar de cambiarlo todo...