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18 de Nov de 2019

América

Espantoso retroceso material

M. e cuesta escribir estas notas en Domingo de Resurrección. Regreso del Guárico occidental ratificando la convicción de que vivimos en...

M

e cuesta escribir estas notas en Domingo de Resurrección. Regreso del Guárico occidental ratificando la convicción de que vivimos en un país en ruina material, convertida en un pobre país pobre desde todo punto de vista. Para escribir esta semana me debato entre las inaceptables payasadas, más propias de un burlesco baratero que de la Santa Misa en una instalación militar, protagonizadas por quien en mala hora continúa como Presidente de la República y la conmemoración de los hechos acontecidos entre el 11 y el 14 de abril de 2002, hace diez años. Una década en la que el país ha retrocedido espantosamente. Lástima que la improvisación, por una parte, y por la otra la ambición desmedida y oportunista de unos cuantos civiles y otros tantos militares, echaran por tierra la heroica jornada de aquel jueves abrileño. Centenares de miles, hay quienes dicen que se superó el millón de personas, marchando en respaldo a los petroleros injustamente despedidos de PDVSA, rumbo a Miraflores con la consigna de ‘Chávez vete ya’.

No se ha escrito todavía la verdadera historia. Cada protagonista o analista tiene su verdad. Pero, aún no existe la verdad verdadera que quede para la historia aceptada mayoritariamente por la nación. Tendrá su hora y se hará justicia con relación a los responsables de la masacre que culminó con veinte muertos y más de un centenar de heridos. La prisión de unos cuantos policías metropolitanos y de mis amigos, los comisarios Simonovic, Vivas y Forero, con quienes tuve el honor de compartir una ínfima parte de lo que ellos han sufrido. La traición al pueblo de convertir a los asesinos confesos en ‘héroes’ y, en fin, de pretender cambiar la historia sobre la base de la mentira y del disimulo. El poder da para eso. Ha sido dicho que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente. Desde antes de aquellos sucesos hasta la reciente misa en la que el farsante se las echaba del Cristo de este tiempo pidiéndole al Padre que lo libere del supremo sacrificio, Venezuela sufre la más penosa descomposición moral que pueda recordarse a lo largo de su existencia.

En estos días de reflexiones llaneras, entre Calabozo y Camaguán, tierra de mi padre, a orillas del río Tiznados, contemplando la belleza del amanecer, de los verdes pastos que alimentan el ganado que se resiste a ser sustituido por la traición importadora, hasta la tarde con el sol de los venados, hemos ratificado el compromiso por la liberación definitiva de Venezuela. El próximo 7 de octubre será el Día de la Liberación. Se trata de algo mucho más trascendente que lo estrictamente electoral. Tenemos suficiente experiencia en el combate político, pero como muy bien recogió alguien unas palabras de David Ben Gurión: ‘Todos los expertos lo son en lo que fue, pero no hay expertos en lo que será’, ‘Para convertirse en un experto del futuro se necesita más visión que experiencia’. Ojalá lo que tiene que suceder sea pronto, con el menor trauma posible.

ANALISTA