18 de Ago de 2022

América

Comienzan a abrirse para Cuba las “compuertas” de EE.UU.

Capitolio controlado por los republicanos, fue imposible que se presentara un proyecto de ley destinado a bloquear la acción de Obama

Sin mayores sorpresas, y entre el refunfuño de los más conservadores, los republicanos en el Congreso de Estados Unidos admitieron que no pueden oponerse a la iniciativa del presidente Barack Obama de retirar a Cuba de la lista de países promotores del terrorismo en la que nunca debió de estar, según palabras pronunciadas en Panamá por el mandatario Raúl Castro.

Aunque el Capitolio está controlado por los republicanos, fue imposible que se presentara un proyecto de ley destinado a bloquear la acción de Obama, entre otras razones porque legalmente no podían hacerlo. Un esfuerzo para intentar forzar una votación en contra hubiera sido inútil, y a la larga perjudicial para una campaña electoral que ya entró tempranamente en sus prolegómenos, pues además de ser inviable aparecería a los ojos de los electores como una derrota republicana.

Por ley, el presidente Obama tenía que informar al Congreso 45 días antes de que su directiva entrara en vigor. Ahora, al no haber oposición, se espera que Cuba sea sacada de la lista a fines de mayo.

Ello no significa que los opositores a un restablecimiento de las relaciones de Estados Unidos y Cuba hayan perdido ya la guerra, pero sí demuestra que, en su condición de Presidente, Obama puede hacer uso de forma exitosa de sus prerrogativas para aliviar la pesada carga del bloqueo económico, comercial y financiero a la Isla, y dejarlo en el esqueleto, es decir, en aquellos aspectos en los cuales el Congreso sí debe decidir para levantarlo totalmente.

Con la salida de Cuba de esa necrosada lista, comienzan a abrirse en el terreno de los hechos las compuertas de Estados Unidos para la mayor de las Antillas, pues empieza a desalojarse de obstáculos el camino hacia la normalización de las relaciones bilaterales, y se despeja el ambiente para eliminar algunas sanciones al país, tales como las restricciones a la asistencia extranjera de Estados Unidos, o una prohibición de exportar artículos de defensa, y muchas más.

De hecho hay varios proyectos de ley sobre Cuba presentados, entre ellos uno que vincula el mejoramiento del historial de derechos humanos con el levantamiento de toda otra sanción contra la Isla, y otra por parte de senadores de estados agrícolas que levantaría la prohibición a bancos y compañías privadas de que ofrezcan crédito a cambio de exportaciones agrícolas de Cuba.

Pero más allá de esas posibilidades reales, la decisión ejecutiva da la razón a quienes insisten en que hay un cambio de época en el mundo al cual ni Cuba ni Estados Unidos son ajenos. En el caso específico de las relaciones entre dos naciones con sistemas políticos antípodas, ese cambio de época se pone de manifiesto en la propia comunidad cubanoamericana en la que se ha sedimentado desde hace años un sentimiento de liberación y convivencia alejado de aquellos estereotipos encartonados en la guerra fría que les servían de telón de fondo para mantener una política obsoleta y desvencijada que el propio Obama calificó de fracasada.

El estado de opinión en Miami, ese epicentro prefabricado del anticastrismo, es toda una revelación para las facciones más reticentes al cambio. Según The Post, hace 20 años 70% de cubanoamericanos se autodescribían republicanos, y en la última Encuesta de Cuba de la Universidad Internacional de la Florida, había descendido a 53%, mientras que en la Florida se demostró que en 2012 Obama ganó el voto cubanoamericano por una avalancha entre los electores menores de 45 años.

Una encuesta nacional de Bendixen & Amandi International arrojó que una mayoría de cubanoamericanos apoyan el plan de Obama de normalizar las relaciones con Cuba, incluyendo 69% de jóvenes entre 18 y 29 años. Hay una generación que quiere un nuevo tipo de relaciones que nada tenga que ver con las de estos 56 años que tanto daño han causado.

ANALISTA