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06 de Dec de 2019

América

El conflicto palestino-israelí se desdibuja en el nuevo Oriente Medio

El conflicto palestino-israelí era considerado el más determinante del mundo en la segunda mitad del siglo XX pero en las dos últimas décadas se ha ido desdibujando por enfrentamientos armados de mayor calado en el nuevo Oriente Medio.

El conflicto palestino-israelí se desdibuja en el nuevo Oriente MedioEFE

El conflicto palestino-israelí era considerado el más determinante del mundo en la segunda mitad del siglo XX pero en las dos últimas décadas se ha ido desdibujando por enfrentamientos armados de mayor calado en el nuevo Oriente Medio.

La cruenta invasión en 2003 de Irak y la guerra civil que desde 2011 hasta este año devastó Siria han revertido el tradicional entramado de alianzas en la región para acabar desplazando el conflicto palestino-israelí entre las prioridades internacionales.

A caballo entre Irak y Siria, el surgimiento del grupo Estado Islámico (EI o Daesh, su acrónimo en árabe) y su derrota la pasada primavera, han perfilado un nuevo equilibrio de fuerzas que sume a Oriente Medio en un potencial de inestabilidad aún mayor que el planteado por palestinos e israelíes.

Al originalmente también llamado conflicto árabe-israelí le han sucedido en la región conflagraciones con asimismo carácter poliédrico o sectario -suní-chií, irano-israelí, arabo-persa-, que en ocasiones se entremezclan y, con frecuencia, se solapan.

IRÁN, LA NUEVA/VIEJA BESTIA NEGRA DE ISRAEL

"El nuevo Próximo Oriente es un caos", advierte Oded Eron, exdiplomático de larga experiencia que en la actualidad trabaja como analista en Tel Aviv en el Instituto Nacional de Estudios de Seguridad, el más prestigioso "think tank" del Estado de Israel.

Eron, en un encuentro con periodistas en el curso de una visita organizada por el ministerio israelí de Asuntos Exteriores, atribuye ese "caos" a la pérdida de interés de EEUU en la región, en la que "no hay en la actualidad ninguna superpotencia que ponga orden".

El especialista israelí mantiene que ese "vacío" trata de ser ocupado por el régimen integrista chií de Irán, que tras la caída de Sadam Husein sustituyó a Irak como la bestia negra de Israel.

El régimen de los ayatolás ha reforzado ese protagonismo en la guerra en Siria, de la que ha sido el mayor beneficiado entre los países que sostuvieron bélicamente al Gobierno de Bachar al Asad.

Su presencia en Siria tiene vocación de permanencia; Siria es el eslabón que le faltaba a Irán para completar un corredor geográfico que le una con el Mediterráneo a través también de Irak, de mayoría chií, y El Líbano, donde cuenta con el grupo chií Hezbulá.

Un corredor que bordea la frontera del norte israelí.

OTROS VIEJOS/NUEVOS ACTORES QUE REGRESAN A ESCENA

Turquía y Rusia son los otros dos actores beneficiados por la guerra siria aunque sus intereses divergen a largo plazo.

Tras haber sido prácticamente el único aliado de Israel en el Islam, Turquía ha pasado a engrosar en el siglo XXI el frente crítico con el Estado judío y, aunque no de manera abierta como Irán, coquetea con la posibilidad de acceder al armamento atómico.

También un viejo/nuevo actor, Rusia ha regresado con fuerza al escenario de Oriente Medio con su apoyo a Al Asad pero, en contraste con Irán y Turquía, se cuida de desafiar verbalmente a Israel.

Israel y Rusia son los únicos países con armas nucleares de los que operan en la zona, y mantienen un acuerdo tácito de no agresión.

Rusia se limita al papel de observador de la nueva alianza estratégica que Israel mantiene ahora con los países suníes, en particular Arabia Saudí, con la que Tel Aviv comparte enemigo.

Informes de prensa no confirmados apuntan que Tel Aviv asesora militarmente a Riad en el enfrentamiento que Arabia Saudí libra con Irán en Yemen, en el extremo sur de la Península Arábiga.

Riad acusa a Teherán de ambiciones imperialistas y su complicidad con Tel Aviv era algo absolutamente inconcebible en el siglo XX, cuando Arabia Saudí era un paladín de la causa palestina.

La nueva e intrincada red de alianzas que han establecido los actores regionales pone en juego más de lo que nunca hizo la disputa palestino-israelí, que ahora ocupa solo "el séptimo u octavo lugar en el orden de preocupaciones internacionales", según Oded Eron.

UN CONFLICTO DE BAJO PERFIL Y LOBOS SOLITARIOS

La pérdida de atención e importancia política no ha supuesto ningún cambio en la naturaleza del conflicto palestino-israelí.

La colonización israelí de los territorios palestinos prosigue sin pausa; cerca de medio millón de israelíes viven en Cisjordania ocupada, donde los asentamientos no han dejado de crecer y 200.000 se han establecido en Jerusalén Este, la zona árabe de la ciudad.

La novedad es el descenso de la violencia entre ambas partes.

Y los medios empleados por los palestinos en su lucha armada.

Excepto las cortas pero duras campañas del Ejército de Israel de 2009, 2012 y 2014 en Gaza, bajo control del grupo islamista Hamás y donde murieron miles de personas, los enfrentamientos entre israelíes y palestinos han mantenido en el siglo XXI un perfil bajo.

De acuerdo con el oficial Micky Rosenfeld, portavoz de la Policía de Israel, las víctimas mortales israelíes en 2019 a consecuencia del conflicto han sido 19, el menor número del último lustro.

Rosenfeld explica que este año "la mayoría de los ataques fueron cometidos de forma individual, por lobos solitarios".

Ese modus operandi contrasta con el tradicional en el siglo XX, cuando los ataques eran planificados y realizados por grupos armados que formaban parte de organizaciones políticas palestinas.

"En la mayoría de las ocasiones, los atacantes ahora son individuos que improvisan los ataques, que se arman con cuchillos de cocina o atropellan a las víctimas con su coche", indica Rosenfeld.

SIN PERSPECTIVA DE SOLUCIÓN EN LA LÍNEA DEL HORIZONTE

La desesperación de la población palestina corre en paralelo a la falta de perspectivas para resolver el conflicto.

Tras el fracaso hace diez años del llamado proceso de Annapolis -por la falta de entendimiento sobre el estatus de Jerusalén Este, el regreso de los refugiados y las fronteras de un eventual Estado palestino-, no se ha registrado intento alguno de negociación.

El Gobierno israelí de Benjamin Netanyahu defendía cuando asumió en 2009 la receta de "dos Estados" para resolver el conflicto pero una década después no tiene postura oficial que sirva de punto de partida en una eventual nueva negociación con los palestinos.

"El número de Estados no importa. Pueden ser uno, dos o tres", dice el presidente del Parlamento israelí, Yuli Edelstein, para aludir a la actual partición política de la antigua Palestina entre Israel, Gaza y Cisjordania, cada una bajo diferentes administraciones.

"Lo cierto es que ahora la fórmula de solución es irrelevante. La actual atmósfera política no permite una nueva negociación", opina Edelstein, del mismo partido que Netanyahu, el nacionalista Likud.

Edelstein coincide en eso con activistas que están en sus antípodas políticas en la sociedad israelí, como Jehuda Shaul, muy crítico con la ocupación de los territorios palestinos y que tampoco ve posibilidad de negociación alguna en la línea del horizonte.

LOS BANTUSTANES Y EL SÍNDROME REGIONAL

Cofundador de Breaking The Silence, grupo que denuncia los abusos del Ejército israelí en territorio ocupado, Shaul piensa que Israel se encuentra "cómodo con el actual estatus quo", que le permite una anexión lenta y progresiva del suelo palestino.

"No se trata de una anexión de la gente sino del suelo. Israel está implantando en territorio palestino su legislación", afirma.

Para el activista israelí, "vamos hacía algo parecido a la Sudáfrica del 'apartheid' y los bantustantes de los africanos".

"Los africanos de los bantustanes no tenían derechos porque no eran ciudadanos, como los palestinos de los territorios ocupados. Pero los bantustanes eran controlados por Sudáfrica", apunta Shaul.

También en el frente de la ayuda exterior y la defensa de los derechos humanos los palestinos ha penetrado en zona de sombra; los focos se han centrado en los últimos años en las minorías étnicas o religiosas que han sido las víctimas de los nuevos conflictos.

Entre otras comunidades que habitan en Oriente Medio, kurdos, yazidies y hutíes han sido perseguidos y masacrados en su país o se han visto obligados a huir al extranjero en las dos últimas décadas.

Todos ellos comparten con los palestinos, y en su día los judíos, el síndrome regional; el drama de los pueblos sin Estado.