29 de Nov de 2021

América

Dos triunfos: El Zulia y Manuel Rosales

La aplicación de la futurología a la política es una empresa riesgosa por la maleabilidad y ductibilidad que los seres humanos le imprimen a su quehacer político.

La aplicación de la futurología a la política es una empresa riesgosa por la maleabilidad y ductibilidad que los seres humanos le imprimen a su quehacer político. Esto impide hacer pronósticos y acertar, más aún en el caso de la Venezuela actual, donde no se puede decir que la democracia está debilitada ni tampoco que está fortificada, ¡pero está aún de pie!

En la reciente contienda electoral que ha marcado la historia de Venezuela no deseamos que el fragor de esa lucha adquiera la dimensión de una litis griega que envuelve y distancia a quienes participaron en ella, sino que con enfoques propios ajustados a diversas fórmulas y mecanismos, puedan reducir los problemas actuales a su mínima expresión, y en definitiva, devuelvan al venezolano la fe en su país, la convicción de que los problemas grandes y pequeños se resuelven con voluntad y sentido común, no con aventurerismos.

Quizá se piensa que todo lo escrito es un rodeo, o un regodeo, para expresar la simpatía por el triunfo en la gobernación del Zulia, de Manuel Rosales. En realidad, la simpatía fue unida a la convicción de que Manuel es la pieza humana clave para enrumbar al Estado, al encuentro y logro de su gran destino. en una garantía de éxito. Él sabe conducirse con equidad, ponderación, sin flaquezas, demostrado en momentos tan delicados. También sabe que es la pieza humana clave para enrumbar al Estado al encuentro y logro de su gran destino. El tiene la fuerza verbal y conceptual para hacer que las cosas se ubiquen en sus sitios justos. Pertenece al grupo de personas en quien se puede creer, y ese factor de credibilidad pública es una garantía de éxito. Él sabe conducirse con equidad, ponderación, sin flaquezas.

Tareas arduas esperan al gobernador electo. Una, el control inmediato e imperativo de la delincuencia, tanto en la organización como en la desorganización, que por cierto, está muy bien organizada. La delincuencia amenaza la estructura de la sociedad.

La cita es ineludible, porque hay una sincronía entre la situación general del estado Zulia y su poder y magnetismo personal de convocatoria, y, algo de gran importancia, su convicción de afrontar cuantas dificultades se presenten para llevar adelante sus proyectos, prometidos en su campaña.

Es difícil de explicar, pero el destino del estado Zulia y su historia, se entrelazan al destino de una persona. Quienes sufragamos el 21 de noviembre lo hicimos percibiendo que teníamos en nuestras manos un poderoso instrumento de opinión pública que abrirá las puertas de todo un estado, acogotado por una crisis multifactorial. Fue una motivación llena de ilusión, como si con ese voto se intentara la búsqueda y el hallazgo de un camino perdido. Ahora bien, en sana lógica, al final de una disputa debe haber un triunfador y un perdedor. Siempre ha sido así. En los comicios del 21 de noviembre brillaron dos ganadores: triunfó el Zulia, y triunfó Manuel. El encuentro de Manuel con la historia del Zulia se repite, pero esta vez, se le observará paso a paso, en su actitud, en su actuación, en su visión, en su acercamiento a todos los sectores del Zulia, en especial, al sector infantil, en su educación, con sus textos escolares, y en su bienestar. A las obras públicas; a la salud; al transporte público; a las carreteras, calles y avenidas; al cruel e insensato problema de la gasolina; a la ganadería; a la electricidad; al suministro de agua potable; a la recolección de basura; al saneamiento de nuestro hermoso lago de Maracaibo; en fin, a miles de sectores que escucharon sus promesas y confían en ellas. Tareas y desafíos, Manuel, te esperan. ¡Te ayudaremos!