21 de Feb de 2020

Mundo

Libia sin el dictador militar

ABOGADO. La historia sigue demostrando que, no importa cuántos años se aferren al poder, los dictadores siempre serán víctimas del vere...

ABOGADO

La historia sigue demostrando que, no importa cuántos años se aferren al poder, los dictadores siempre serán víctimas del veredicto del pueblo.

Estos veredictos populares se pueden dar de manera pacífica, por medio de elecciones democráticas; o también, en situaciones extremas, de manera violenta. Aunque reprochable es toda forma de violencia, no debe quedar duda de que la captura y ejecución de Muammar Gaddafi por parte de rebeldes, es una legítima manifestación de una revolución popular, cansada de la opresión.

El desenlace, anunciado ayer, miércoles, resulta prácticamente un acto de defensa propia ante los más desalmados atropellos que sufrieron los derechos humanos de los libios por más de 42 años.

Con la desaparición del dictador Gaddafi del mapa, se vuelven a mover las fichas en el tablero geopolítico mundial, pues no solo se trata de un cambio de gobierno, luego de cuatro décadas de tiranía y dictadura, sino que Libia es uno de los principales productores de petróleo del mundo.

Ahora le corresponde a la comunidad internacional, principalmente por medio de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y del G-8, apoyar a los libios a que logren una ordenada y difícil transición.

Se suma así Gaddafi a la larga lista de dictadores, como Sadan Husein, Manuel Antonio Noriega, Augusto Pinochet, Hosni Mubarak, entre muchos otros, que con apoyo de grandes potencias han ejercido el poder ilegítimamente, violando sistemáticamente los derechos fundamentales. Todo esto, supuestamente, en nombre de ‘la estabilidad mundial’.

Si alguna enseñanza nos deja la muerte del dictador Gaddafi es que algo está fallando en la comunidad internacional y sus organismos, cuando un hombre puede pasar 42 años aferrado al poder, violando, una y otra vez, los derechos humanos de los pueblos, sin que nadie pueda hacer nada contra eso.