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13 de Oct de 2019

Mundo

China y Taiwán, entre ‘el garrote y la zanahoria' pero lejos de la distensión

Mientras Pekín mantiene firme su política de ‘una sola China' y en Taiwán rechazan el ‘modelo hongkonés', el gigante asiático busca acercarse por la vía del comercio

La recién concluida Asamblea Nacional Popular (ANP, Legislativo) en Pekín ha reafirmado la endurecida política del presidente chino, Xi Jinping, que exige la reunificación de Taiwán con China bajo la fórmula de ‘Un país, dos sistemas' como condición previa para cualquier diálogo con la isla.

Xi ha eliminado la ambigüedad de tiempos anteriores que posibilitó la distensión entre Taiwán y China, que hasta la etapa de su predecesor, Hu Jintao, sólo exigía que la isla aceptase el llamado Consenso de 1992 como fórmula para el diálogo.

‘Ningún partido en Taiwán puede satisfacer las actuales exigencias chinas, por lo que las tensiones continuarán, gane quien gane los comicios taiwaneses del 2020', comenta a Efe el exviceministro del Consejo de Asuntos de China, Alexander Huang.

Así, China ha emprendido una campaña de incentivos para atraer a la isla al tiempo que muestra su lado más duro, y que los expertos isleños califican como ‘estrategia del garrote y la zanahoria'.

La exigencia de aceptar la reunificación bajo el modelo aplicado por China en Hong Kong —que permite a la excolonia británica disfrutar de ciertas libertades democráticas que no existen en la parte continental— imposibilita de momento el diálogo con el gobierno isleño, pero China confía que Taiwán acabará cediendo y aceptará unirse ante su creciente poderío económico y estratégico.

En la apertura de la ANP, el primer ministro, Li Keqiang, reiteró que China frenará ‘resueltamente' cualquier actividad relacionada con una posible ‘independencia de Taiwán'.

Por su parte, el ministro chino de la Oficina de Asuntos de Taiwán, Zhang Zhijun, advirtió de que Pekín tiene ahora ‘una mayor influencia' y es ‘más capaz que nunca' de llevar las relaciones de ambos lados del Estrecho ‘en la dirección correcta'.

Dichas palabras llegan después de que portavoces chinos manifestasen en febrero que Pekín ‘mantiene abierta la puerta' del diálogo con Taiwán, siempre y cuando la isla ayude a promover la reunificación bajo la mencionada fórmula de ‘Un país, dos sistemas'.

El lado amable de las políticas chinas con la isla, que se basa en atraer a empresarios y en dar incentivos para estudiar y trabajar en China, así como ayudas a los grupos llamados unionistas, apenas está teniendo impacto, según los expertos.

‘Tanto los incentivos como la intimidación tienen límites y no hay que olvidar que la isla cuenta ahora con todo el apoyo estadounidense', agrega Huang.

La fuente asegura que Washington, en disputa comercial y de hegemonía con China, es ‘el único que puede proteger a Taiwán' en caso de un ataque chino, según recoge la Ley de Relaciones con Taiwán, de 1979.

El creciente apoyo estadounidense a Taiwán se ha expresado en ventas de armas y leyes que elevan el nivel de los lazos y advertencias a los aliados isleños para que no se pasen a Pekín, lo que ha desencadenado las iras de China y ‘castigos' a la isla.

Por otra parte, medios isleños apuntan que la inclusión de Taiwán, junto a Hong Kong y Macao, en la nueva ley de inversiones extranjeras, aprobada por la ANP, ‘no va a ser tan positiva' para las multimillonarias inversiones isleñas en China, que superan los 100,000 millones de dólares.

Tampoco la política interna de Taiwán incentiva las concesiones a Pekín con un Gobierno isleño que, tras la victoria del Kuomintang (KMT) en las elecciones locales de noviembre del 2018, ha endurecido su retórica hacia China.

De hecho, la presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, del independentista Partido Demócrata Progresista (PDP) vio como su rechazo a la oferta de ‘Un país, dos sistemas', añadió en enero un diez por ciento a su apoyo popular, y durante las sesiones ha aumentado su crítica a China y su defensa de la independencia isleña.

Ya en marzo, Tsai rechazó ‘cualquier acuerdo de transición hacia la unificación', defendió ‘el statu quo ' de ‘soberanía e independencia' y reivindicó el derecho de los taiwaneses a la democracia y el derecho a decidir su futuro.

Según sondeos de enero de este año, el 80 por ciento de los taiwaneses no acepta bajo ningún concepto la unión bajo el modelo de ‘Un país, dos sistemas', porque creen que supondría la pérdida de la autonomía y la independencia de facto de la que disfrutan ahora.