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26 de May de 2020

Nacional

La vida después de los tragos

PANAMÁ. En la sala del recinto, cuatro hombres guardan silencio antes de contar las historias de sus vidas. Tienen mucho que compartir. ...

PANAMÁ. En la sala del recinto, cuatro hombres guardan silencio antes de contar las historias de sus vidas. Tienen mucho que compartir. Tras perder sus años productivos ahogados en miles de tragos de licor, ahora es que comienza para ellos la vida. El primer paso fue la típica cerveza y finalmente, botellas y botellas de ron por semana.

Serafín es uno de ellos. Hace un año, perdió el empleo que tenía en la Autoridad del Canal de Panamá desde 1990. Recuerda que en su cartera guardaba poco más de diez tarjetas de créditos y ahora lo único que tiene es una ardua batalla contra la adicción.

En el mismo grupo de Alcohólicos Anónimos al que asiste Serafín participa Andrés, quien hace unos años tenía un negocio de venta de bebidas. Su relato es distinto por la carga de dolor que sostiene. Ingresó al grupo porque su esposa llamó para que lo fueran a asistir al hospital donde se recuperaba de un intento de suicido.

Antonio empezó en el alcohol la noche en que celebraba su graduación de bachiller. Veinte años después, tiene el rostro marcado por un accidente de tránsito del que milagrosamente se salvó. Perdió su matrimonio y asiste a las cinco sesiones semanales del grupo.

Este es el grupo de Alcohólicos Anónimos llamado ‘Canalero’, uno de los 80 que existen en el país desde hace ya más de 73 años, y en los que participan unas diez personas por sesión.

Este grupo lo coordina Rubén, quien ingresó hace 16 años y no ha tomando un sorbo de licor en todo ese tiempo.

Rubén inicia la ceremonia con la invocación a un ser supremo, que no necesariamente es Dios, y luego lee unos pasajes del libro que se utiliza en la red de centros nacionales e internacionales de Alcohólicos Anónimos. ‘Somos personas adictas que enfrentamos la adicción al alcohol y a otras drogas, porque ya casi no hay alcohólicos puros, escuchando historias de los otros que han logrado curarse de esta enfermedad’, sostiene.

Gaspar Da Silva es un psiquiatra que apoya al grupo sin ser alcohólico. Explica que la enfermedad afecta a mucha gente por las condiciones sociales de las familias. ‘Una persona que vive en un hogar donde hay abuso del alcohol será susceptible a ingerir la bebida’.

El médico indica que hay señales de alarma ante las que la persona debe hacer un alto y evaluar su comportamiento: ‘Cuando se toman dos tragos más de tres veces a la semana es señal de alarma; cuando se toman seis tragos en el mismo periodo, se debe buscar ayuda’.

En 2007, una encuesta Nacional de Salud y Calidad de Vida del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud, aplicada a 25.748 personas mayores de 18 años, reveló que el consumo es más constante en hombres que en mujeres y ambos grupos empezaron la ingesta entre los 18 y los 24 años.