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28 de Oct de 2020

Nacional

Un poco de memoria antes de la desaparición

PANAMÁ. Los diablos rojos son obras de arte popular ambulantes. Estudiosos de las artes plásticas recalcan la importancia de su pintura ...

PANAMÁ. Los diablos rojos son obras de arte popular ambulantes. Estudiosos de las artes plásticas recalcan la importancia de su pintura rodante. Los ciudadanos panameños se identifican con ellos y los turistas, fascinados, llevan en su memoria las imágenes contrastantes del bus multicolor. Por ello es importante crear un museo que conserve este ícono del pueblo.

El busito pictórico que carga la historia y el imaginario del país en sus entrañas, en forma de nombres, retratos de personalidades de la cultura popular, el cine, la política y los proverbios, creativos e inexpertos; recorre la ciudad desde principios del 70 y es motivo de controversias, admiración y quejas, amores y odios. Pero sus raíces se remontan muy atrás. Data en el libro Por los senderos de la patria, de Augusto Fábrega, que el diablo rojo es nieto de las ‘chivas’, pequeños carros de marca Chevrolet con carrocería de madera y metal, decorados con vistosos colores y dos bancas de madera ubicadas frente a frente, que ‘circulaban por estas calles de Dios hace algunos decenios’. Al parecer la denominación ‘chiva’ obedecía a que los pequeños autobuses, al desplazarse, saltaban frecuentemente sobre las calles adoquinadas como saltan los chivos. Otras versiones lo atribuyen a que había conductores indios que pegaban en sus paneles imágenes de la diosa Shiva. Cuando la gente les preguntaba sobre ellas, respondían: ‘Shiva’.

Según la historia, la pronunciación se panameñizó y con ella su significado. Las primeras chivas que se fabricaron aquí fueron manufacturadas entre 1944 y 1946 en la Avenida Ancón, atrás de la Estación Los Ángeles, al lado del Teatro Ancón y atrás del Estadio de Santa Rita, en el popular barrio de Santa Ana.

Entre el 72 y el 74 llegaron los CUTSA, buses españoles de muy corta duración, que rápidamente dieron paso a los diablos rojos.

El general Omar Torrijos decidió entonces dar a los choferes la propiedad de los autobuses, a través de cooperativas, en un sistema de transporte que con los años se deterioró.

Hace tiempo la población panameña pide un cambio. Es justo y necesario. Toda ciudad moderna debería contar con un transporte público limpio, cómodo y eficiente. ‘El reto es no arrasar con la memoria mientras se avanza hacia el progreso’, dice la ambientalista Raisa Banfield, y los diablos rojos son una de las representaciones más auténticas del Panamá que poco a poco se pierde entre moles y edificios de concreto, entre avenidas y megaobras. Una de las expresiones artísticas más significativas del país. La pintura rodante de la urbe, que guarda en sus entrañas la esencia popular.

En palabras del escritor Carlos Winter: ‘Esos somos nosotros, lo bueno y lo malo, lo bonito y lo feo…’.

Los turistas se llevan la imagen del busito pictórico marcada en su memoria ¿Qué harán los ciudadanos panameños?