Panamá,25º

18 de Nov de 2019

Nacional

Exjefe de los Doberman de Noriega rompe el silencio

El excapitán Jorge Eliécer Bernal transita por Costa Rica con libertad. En Panamá tiene dos condenas de 20 años de cárcel por los homic...

El excapitán Jorge Eliécer Bernal transita por Costa Rica con libertad. En Panamá tiene dos condenas de 20 años de cárcel por los homicidios de Yito Barrante, ocurrido el 14 de marzo de 1986, y del empresario Manuel Vásquez, en febrero de 1987. En tierras ticas las leyes no permiten su captura ni su extradición porque en los dos casos se le juzgó en ausencia. Así que esta nación ha sido su refugio en los últimos 20 años. Bernal recuerda que conoció ese país cuando en marzo de 1983 se encargó del grupo de militares panameños que dio seguridad para trasladar al papa Juan Pablo II desde San José hasta Panamá. Hoy, por primera vez en 26 años, quien fuera por dos años el jefe de los Doberman del régimen norieguista revela su versión. Acordamos la entrevista el lunes 26 de marzo pasado en el viejo Hotel Europa, en el centro de la capital tica:

EN EL CASO DE LA MUERTE DEL OBRERO YITO BARRANTE, ¿QUÉ PASÓ ESE DÍA?

Lo que le voy a decir está en el expediente, usted lo puede corroborar totalmente en el expediente. En la mañana del día viernes, eso fue un viernes, yo recibí la orden del coronel Macías (Leonidas) de que en la tarde, la compañía Doberman iba a cuidar la Asamblea Legislativa. Nosotros íbamos a darle seguridad afuera de la Asamblea. Ahí llegamos como a las dos de la tarde y estuvimos como hasta las ocho de la noche, ahí nos mantuvimos. A las 8:00 de la noche recibo una orden de la emisora (control del Cuartel Central) que me dirija al parque de Santa Ana, porque en el parque de Santa Ana habían disturbios.

Salí de la Asamblea a pie, con mis unidades. La mitad adelante, la otra mitad atrás. Calculo que pudimos haber tomado en ese trayecto, porque íbamos caminando despacio, por la avenida Central, como 20 a 25 minutos.

Al llegar al parque de Santa Ana, el parque estaba intacto, no había ningún disturbio, todos los comercios estaban intactos, las vidrieras, todo sin novedad. Llamé a mi ejecutivo y le pedí novedades, inmediatamente él reunió al personal, pidió novedades, y él me dijo: ¡Mi capitán, sin novedad! Entonces informé eso a la emisora: ‘estamos sin novedad’, en el parque de Santa Ana no había ningún disturbio, y me dijeron: retírese a la base. La base nuestra era en el Cuartel Central, ahí me retiré. Cuando llego, el coronel Macías me manda a llamar y me pregunta que si yo disparé mi arma, yo le dije que no. Me preguntó que si alguien de mi tropa había disparado, le insistí que no, nadie ha disparado. Entonces él me dijo: hay una persona herida en el hospital, que se está muriendo producto de un disparo. Yo le dije que esa persona herida no habíamos sido los doberman. Me dijo que me retirara a mi dormitorio.

En la mañana siguiente, sábado, me llamó nuevamente y me dijo que la persona había muerto de un disparo de escopeta, del calibre de la que usa las Fuerzas de Defensa.

Yo le insistí en que nosotros no habíamos sido, él me dijo: tome todas sus cosas y se va inmediatamente para el Batallón 2000, donde estuve 30 días sin salir. Pero me llamó la atención que en esa semana, entre el miércoles en la noche y jueves, me llamó el teniente Quintanar, que era mi ejecutivo, y me menciona lo siguiente: Mi capitán, el lunes nos mandó a llamar a mí y al sargento Nicolás Díaz, que era el sargento de compañía, el mayor Pinto S-2 de la Policía. Y nos sentó y nos entregó una declaración jurada y nos dijo: Por orden del coronel firmen allí, y nosotros la leímos, y en esa declaración decía que nosotros lo habíamos visto a usted dispararle a Yito Barrante. Nosotros le dijimos a él: no mi mayor, mi capitán Bernal no le ha disparado a Barrante, nunca hizo ningún disparo, ¡nadie de nosotros hizo ningún disparo! Y él (Pinto) nos respondió: ¡Firmen y no se preocupen!, y dejen que Bernal se defienda como pueda. Nosotros nos negamos –como me dijo Quintanar y me dijo Díaz– nos negamos a firmar ese documento, porque ese documento era una falsedad. ‘Mi capitán’, me dijo el teniente, ‘le estoy llamando para decirle que se cuide porque le quieren echar la culpa a usted’. Hasta ahí fue la conversación. Después no volví a saber nada, todo quedó normal.

¿EL BATALLÓN 2000 DÓNDE SE UBICABA?

El Batallón 2000 estaba donde está hoy día, tengo entendido que La Joya y La Joyita, lo que era Fuerte Cimarrón, era el área donde está una de las dos cárceles.

¿ESTÁ SEGURO QUE NUNCA SE FIRMARON ESAS DECLARACIONES?

No se llegaron a firmar. Porque primero que todo ellos me juraron que se negaron a firmar. Si hubiesen firmado, estaría en el expediente.

¿PERO SABE A TRAVÉS DE ELLOS QUE HABÍA UNA MALA INTENCIÓN?

Correcto.

¿USTED NO VOLVIÓ A CONVERSAR MÁS CON EL CORONEL MACÍAS?

No, porque al cambiar usted de jefe, ya los jefes anteriores no tienen ningún tipo de relación con uno, porque uno tiene jefe nuevo.

¿SU VERSIÓN NUNCA FUE DADA A UNA AUTORIDAD, EN ESE TIEMPO O DESPUÉS DE 1990 CON EL PROCESO?

Bueno, cuando yo fui a declarar a la fiscalía en 1990, no pude declarar todo porque hubo un momento en el cual el fiscal tuvo que retirarse. Y me dijo: Vamos a seguir este interrogatorio y yo quedé a la orden de allí, pero nunca más me volvieron a llamar. Y en el juicio, como cosa curiosa, todas mis evidencias y todos mis testigos me fueron negados. A Quintanar no me le permitieron declarar, a Díaz tampoco, a ninguno. Entonces, el juicio se hizo en ausencia, porque yo estaba en ausencia, ¡claro! al negarme todas mis evidencias y descargos que iban a demostrar mi inocencia, definitivamente que no me iba a presentar.

Además de que en el expediente está totalmente comprobado mi inocencia y se puede constatar lo siguiente: El señor Hernández Millán, compañero de Yito Barrante, amigo y vecino de él, y el señor Digno Sánchez, administrador del teatro Variedades, manifestaron lo siguiente, el señor Millán dijo: Un doberman le pidió la cédula a Yito Barrante, él se negó y le metió un puntapié al doberman y se agarraron a forcejeo. El otro doberman que estaba en el vehículo bajó con una escopeta y le disparó a Yito. Eso declararon el señor Digno Sánchez y el señor Hernández Millán. Pero aquí hay algo muy significativo, que los dos dijeron: No le vimos la cara al doberman porque tenía máscara antigás, sin embargo, sí le pudimos ver la mano porque era de tez morena. Y aquí usted está corroborando que yo no soy de tez morena, recuerde que en nuestro país Panamá, decir tez morena equivale a decir que era una persona de tez negra. Yo soy de ascendencia española, entonces no pude jamás haber sido yo el que disparó a Yito. Eso nunca se tomó en consideración.

¿RECUERDA EL NOMBRE DEL FISCAL QUE SUSPENDIÓ SU DECLARACIÓN?

El fiscal... Tiene el apellido de un compañero mío, él se llama Sanjur Marcucci, creo que era el apellido.

¿CUÁNDO SALIÓ DEL PAÍS?

Yo salí de Panamá en agosto de 1991, estaba asilado diplomático en la embajada de Guatemala y salí para Guatemala. El 17 de junio de 1992 ingresé por el aeropuerto Juan Santamaría de Costa Rica, desde Guatemala, y aquí estoy, tengo 20 años de vivir aquí.

LUEGO DEL INCIDENTE DE BARRANTE, USTED QUEDÓ EN EL BATALLÓN 2000. ¿NO SE LE PUSO UN CASTIGO?

¿Nunca? Pregunta acercando el oído.

¿NUNCA SE LE APLICÓ UN CASTIGO DISCIPLINARIO?

Bueno, los 30 días equivalen a un arresto de 30 días.

¿LE DIJERON POR QUÉ?

El arresto, en realidad, no le dicen a uno, pero uno sabe verbal, por falta de control con el personal.

¿Y FUE EL ÚNICO DE LOS DOBERMAN QUE FUE ARRESTADO?

Exacto, él único. Pero quiero aclararle, hacerle un adicional. En el expediente aparece que el señor Digno Sánchez dijo que el jefe de los Doberman lo llamó, y en el expediente no especifican quién. El señor Digno Sánchez dice: El jefe de los doberman me llamó y otras veces me mandó una unidad, que me dijo que quería hablar conmigo.

No pongo en duda eso. Pero lo que sí quiero dejar claro es que esa persona jefe de los doberman, no era yo, porque yo estaba en el Batallón 2000. Pues debió haber sido el que me sucedió a mí.

¿USTED NO VOLVIÓ A ENCARGARSE MÁS DE LOS DOBERMAN?

¡Para nada, nunca más!

¿QUIÉN SE ENCARGÓ?

Pusieron a otro capitán, ahí pasaron en un, tengo entendido que un lapso de un mes, como dos o tres capitanes pasaron, hasta que quedó uno.

¿LUEGO DE LOS 30 DÍAS DE ARRESTO, USTED QUÉ FUNCIONES TOMÓ?

De ahí fui trasladado al G-1, un puesto administrativo. El jefe era el teniente coronel Ricardo Garibaldo, en ese tiempo era mayor, el mayor Ricardo Garibaldo.

¿Y A QUÉ SE DEDICABA USTED?

El G-1, esa terminología es personal de la institución. Tiene que ver con todo el personal, traslados, ascensos, castigos disciplinarios, enfermos, discapacidades en fin, todas esas cosas.

¿DESPUÉS DE ESO, CUÁNDO USTED VOLVIÓ A ESCUCHAR DEL CASO BARRANTE?

Después de la invasión. Porque ese caso ya más nunca se tocó. Después de la invasión es que me vine a enterar porque me mandaron a citar en la fiscalía.

SEGÚN LOS REGISTROS, EN 1987 SE DIO EL CASO DEL EMPRESARIO MANUEL VÁSQUEZ...

El 87, correcto.

Y OTRA VEZ SALE SU NOMBRE COMO ACUSADO DE ESE HOMICIDIO. ¿QUÉ DICE USTED SOBRE ESTO?

Bueno, en primer lugar, imagínese que yo estaba en la última operación, la última maniobra militar de las Fuerzas de Defensa, que se llamó Candela 87. Estaba en Volcán (Chiriquí). Era el jefe del cuartel de la parte panameña. Ahí estuve. Si analizamos y recorremos en el espacio, de Volcán a donde se cometió el hecho en Colón, hay aproximadamente 700 kilómetros de distancia. Ahí estuve yo durante 21 días, en esas operaciones. Cuando regresé a Panamá, terminada, ya ese hecho se había dado.

Inicialmente se me mencionaba a mí, me mencionaron a mí, el que manejó (José Beladino Vásquez, hijo de la víctima) y otra persona, el administrador (de La Gruta Azul), que yo era el que había cometido ese hecho. Pero, en la semana esa, el que cometió el hecho, que fue un colombiano, se entregó al DENI de Penonomé y cuando lo interrogaron a él, él dijo lo siguiente: Que él había cometido ese hecho y que el capitán era inocente, no tenía nada que ver. Lo pusieron en un careo, con ellos, y él le dijo a ellos que él había hecho eso y que el capitán Bernal no tenía nada que ver. Cuando ellos se vieron, o sea, la persona que cometió eso les está diciendo que él lo cometió, y le dijo al que manejó: Y usted manejó el auto. Entonces ellos cambiaron su versión.

La versión se mantuvo siempre igual. Al final salí beneficiado con un sobreseimiento definitivo. Uno de los que quedaron llamados a juicio, porque el sobreseimiento decía: Sobreseimiento para Jorge Bernal y se abre causa criminal contra las otras personas. Una de esas personas apela porque no está de acuerdo que lo llamen a juicio. Eso sube a consulta, al ir a consulta la Corte le da un sobreseimiento definitivo a la persona que apeló y confirma todo lo demás. Al confirmar todo lo demás significa que se confirma mi sobreseimiento.

Hay que hacer una pequeña aclaración, hay un artículo, que no recuerdo en este momento, que dice: que todo servidor público que sea beneficiado con un sobreseimiento definitivo debe ser elevado a consulta. Pero qué resulta, que yo fui dado de baja el día lunes 10 de marzo de 1987 y ese sobreseimiento se lo dieron a Jorge E. Bernal en 1988, 18 meses después.

Significa que como yo ya era un civil, entonces yo no tenía que haber elevado eso a consulta, ya había sido elevado a consulta como se lo demostró el licenciado Juan Materno Vásquez a la Corte, que Jorge Bernal era un ciudadano común y corriente, un civil, no era militar, por lo que no debía haberse elevado a consulta.

Sin embargo, en un fallo totalmente huérfano de un asidero legal, dijeron: Es que cuando se cometió el delito, él era funcionario público. Eso, yo lo invito a que usted busque en todos los códigos de Panamá, dónde existe esa figura por la cual me revocaron el sobreseimiento definitivo. ¿Pero qué ocurre? En enero de 1990, y le voy a entregar una copia de ese sobreseimiento, la Secretaría de la Corte me da a mí un documento en el cual dice: El señor Jorge E. Bernal, con cédula tal, ha sido sobreseído en el caso tal, por lo tanto, tiene un sobreseimiento definitivo ejecutoriado y por lo tanto pasó a ser cosa juzgada. Eso, como aquí me lo han dicho todos los penalistas, ya eso es como me dijeron: póngale una lápida, eso ya murió. Pero fue revocado, me llamaron a juicio. Igual, la magistrada Elvia Batista no me permitió mis pruebas, en las cuales iba a demostrar mi inocencia. Mi abogada era Ana Belfort. Ella no me dijo directamente, yo le pregunté: ¿Usted quiere que me presente? Y ella me dijo: Vea, yo como su abogada no le puedo decir, eso queda a su criterio, pero otros abogados me dijeron: No vayas, ese juicio está para condenarte.