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29 de Nov de 2020

Nacional

‘Debemos mostrarle a la juventud que sí se puede’

Quien fuera la primera zarina anticorrupción sostiene que hay mucho por hacer en un país que cuenta con solo 14 años.

‘Debemos mostrarle a la juventud que sí se puede’
Alma Montenegro espera que el presidente Juan Carlos Varela convierta su discurso en una forma de actuar.

A Alma Montenegro le duele el país; le duele la falta de autoridad moral, la repartición de puestos — ‘espacios políticos’— sin el ánimo de servir; las fallas graves en la administración de justicia.

En momentos en que la sociedad clama por cambios en la forma de manejar las instituciones del Estado, y las fuerzas políticas parecen alinearse a favor y en contra de esos cambios, quien fuera la primera zarina anticorrupción anima a los líderes a mostrar a las nuevas generaciones ‘que sí podemos avanzar’.

Sobre la administración de justicia, advierte: ‘La justicia es la columna vertebral de la sociedad. Sin justicia hay impunidad, odio y anarquía y se obliga a la gente a buscar solución a los problemas por su propia cuenta’. ‘En el caso del gobierno que acaba de finalizar, se llegó a arrasar con los fondos públicos, a tomar decisiones arbitrarias sin cuidar los intereses de la gente’.

‘Aquí se está poniendo en riesgo a una parte importante de la población, gente que sobrevive con un dólar diario, que trabaja en la informalidad, sin amparo; que sufre de desnutrición, que no tiene agua ni transporte ni condiciones para una vida decente. Esto podría desencadenar en una explosión social’, apunta. ‘Es un tema que debemos analizar con toda atención. Es peligrosísimo’, señala.

‘La bonanza económica que vivimos hoy la podemos perder si no hay control de la cosa pública. Lo que ha pasado en España y Grecia, países que vivieron, como nosotros, un ‘boom’ económico basado en la industria inmobiliaria, tiene que servirnos de advertencia’, sugiere.

TEJIDO SOCIAL CONTAMINADO

Montenegro considera que el tejido social panameño está contaminado. Esto, dice, tiene su manifestación más ‘perversa’ en la interpretación que se le ha dado a la política.

‘Aquí se ha interpretado a la política como la oportunidad para acceder a un cargo y utilizarlo para beneficio propio. Es una actitud tan descarada, bochornosa, tan indecente que a todos nos debe causar escozor’, asegura, acusando a los tres órganos del Estado de no asumir la responsabilidad de hacer correctivos.

‘No hay compromiso de parte de ninguno de los tres órganos porque todos están envueltos en esa maraña obscena de la corrupción’, sostiene. ‘Estas prácticas se ven como lo más natural. La gente piensa que eso no va a cambiar’, añade.

Sobre el gobierno de Varela, espera ‘que logre transformar su discurso en una forma de actuar’. ‘No voté por él, pero me gusta que diga que está al servicio del pueblo’, recalca.

UNA MUJER CON ALMA

Cuando la abogada Alma Montenegro de Fletcher habla, hay que escuchar. Su vida ha sido siempre la de una mujer adelantada a sus tiempos, con la intuición natural y los conocimientos para guiar y motivar a la sociedad hacia nuevos derroteros de progreso social.

Se graduó como abogada en una época en que las mujeres no estudiaban. Como jueza del tribunal tutelar de menores influyó para que las reformas constitucionales de 1972 incluyeran un capítulo sobre la familia.

Fue la primera mujer nombrada como notaria tercera del circuito de Panamá, además de ocupar el cargo de procuradora general de la administración. También fungió como directora del Consejo Nacional de Transparencia contra la Corrupción y presidenta del Centro para el Desarrollo de la Mujer. Y la segunda mujer electa como juez del Tribunal Administrativo de la Organización de Estados Americanos.

Ha participado en movimientos sociales y cívicos que han impulsado una agenda para fortalecer la ética y modernizar las instituciones del país. Contadas personas han salido de ocupar tan importantes puestos públicos con el respeto que ella ha ganado de parte de una diversidad de sectores.

Hoy, a sus 80 años cumplidos, se mantiene activa como directora del Centro de Políticas Públicas y Transparencia de la Universidad de Panamá, entidad que, entre otras funciones, ofrece cursos a representantes, alcaldes, letrados y profesionales para la gobernabilidad y gerencia política.

Es, además, encantadora. Sus logros no le restan sencillez; su intelectualidad no va reñida con el sentido del humor, que manifiesta interrumpiendo la más seria de las charlas con comentarios de coquetería o complicidad. ‘No he ido al salón de belleza en 50 años’, reconoce, quien acude a la original frase ‘nos pusimos la falda’, para describir actuaciones que requieren altas dosis de valentía.

UN PAÍS DE 14 AÑOS

Alma Montenegro entiende que la moralidad de la sociedad panameña está enraizada en nuestros orígenes como país. ‘Yo le he preguntado a mis amigos, sociólogos, abogados, historiadores, a qué se debe. Ellos me han respondido que parte del problema viene de nuestra origen: nacimos castrados. Y ese es el drama de la sociedad panameña’, señala.

‘Fuimos una colonia hasta que nos independizamos, el 1 de enero de 2000. Somos un país de 14 años. Nuestra verdadera independencia la alcanzamos el 31 de diciembre 1999’.

Durante la mayor parte de nuestra vida republicana, sostiene Monenegro, estuvimos sometidos a los estadounidenses. Las decisiones importantes sobre nuestra gobernabilidad se tomaban en la embajada de Estados Unidos.

‘Parece mentira, pero todavía en el año 2000 había panameños que querían que se mantuviera el estado colonial’, destacó.

No obstante, Montenegro llama a hacer un alto y enderezar el camino. ‘Hay países que han pasado por situaciones de colonialismo, pero han profundizado y mejorado la educación de su gente. Nosotros debemos ser uno de esos países. Hay que mostrarle a las nuevas generaciones que sí se puede’.