Temas Especiales

28 de May de 2020

Nacional

Marcos McGrath, un pastor según el corazón del Concilio

Palabras de  Lacunza en honor al arzobispo panameño en el marco del coloquio ‘Vida, pensamiento y figura de monseñor Marcos McGrath'

La Hermana Inés González, amanuense, confidente, memoria viva de monseñor McGrath, abre su biografía recogiendo una expresión suya, en su testimonio sacerdotal en la Cena de Pan y Vino, al cumplir 25 años de Episcopado en 1986: ‘La gran tarea de mi vida ha sido guiar nuestra Iglesia en la renovación conciliar. Mi más grande satisfacción ha sido el aprender,

JORNADA DE DIVULGACIÓN

Diálogo y reflexión en torno a monseñor McGrath

Este 5 de octubre se desarrolló el coloquio Vida, Pensamiento y Figura de monseñor Marcos McGrath en el Instituto Kellog de la Universidad de Notre Dame (Indiana, Estados Unidos), auspiciado por el Latin American North American Church Concerns Project (LANACC). El evento constituyó un espacio de diálogo y reflexión en torno al aporte del obispo panameño, tanto para la Iglesia como para la Teología católica. El cardenal Lacunza inauguró las jornadas con la participación del sacerdote Robert Pelton, profesor emeritus de Teología; Sandra Arenas, teóloga de la Universidad Católica de Chile; Robert Hurteau de Loyola Marymount University; Stanley Muschett, rector de la Universidad Interamericana; Charlie Del Cid, Betzaida Toulier, Carlos Guevara Mann y Manuelita Núñez por Panamá. La iniciativa pone en marcha un proyecto para recoger el aporte de los diversos aspectos de la actividad pastoral de Mons. Marcos McGrath y presentarlo para el conocimiento y divulgación en Estados Unidos, Chile y Panamá.

presenciar y vivir esta renovación con ustedes. Estamos lejos de haber llegado a la meta. Las enormes consecuencias del Concilio se verán con el despertar y la labor de generaciones aún no nacidas. Pero la Iglesia de Panamá gracias a tantos, representados por ustedes, está en movimiento: conciliar, evangélico y pastoral'.

Ese mismo año, monseñor Oscar Mario Brown, resumiendo la labor y el Espíritu de monseñor McGrath, apuntaba que durante ese lapso la Iglesia de Panamá había contado en Monseñor McGrath con ‘un Pastor según el corazón del Concilio'.

De aquí tomo el título de mis palabras.

Los que tuvimos el privilegio, el regalo, la gracia de compartir tareas, afanes y preocupaciones con monseñor McGrath, fuimos testigos de hasta qué punto su corazón palpitaba al ritmo del Concilio. Y eso se veía tanto en el espíritu como en las formas de evangelización: su disponibilidad, su sensibilidad, su presencia en los distintos ambientes y realidades, su preocupación permanente por abrir espacios de participación y de inclusión, todo eso provenía de una visión de la Iglesia comunión – participación que, a partir del Vaticano II, desembarcó en América Latina a través de Medellín, Puebla y Santo Domingo. No en vano su protagonismo en el Concilio se prolongó en las tres Conferencias del Episcopado Latinoamericano.

Mirándole desde fuera y desde lejos, podía parecer inaccesible, insensible, impositivo. Sin embargo, en la distancia corta, en el cara a cara, en el mano a mano, aunque su talla física e intelectual impactaban no apabullaban: sí, era impactante colocarse junto a él y tener que mirar hacia arriba; era impactante sentir su apretón de manos de jugador de baloncesto; era impactante escuchar sus reflexiones de teólogo de altos vuelos; pero impactaba más, mucho más, su cercanía y empatía con las situaciones, realidades y personas.

Recuerdo una ocasión en la época de la ‘lucha civilista': estábamos reunidos en su casa de calle Belén, no recuerdo si era el COPRE o la Comisión de Reflexión, y había una de tantas manifestaciones civilistas en calle 50; de repente, se oyó a la gente gritar y todos salimos al jardín a ver qué pasaba; la gente corría y detrás venía un ‘pitufo' arrojando ‘agua no bendita ni perfumada'; el ‘pitufo' se detuvo frente a la verja y monseñor hizo ademán de salir a reclamar y protestar y, a duras penas, pudimos contenerlo para que no saliera.

Recuerdo ver sus ojos aguados ante el sufrimiento de la gente y una especie de gesto de rabia e impotencia en su rostro.

Me tocó compartir muchos momentos de reflexión, de celebración, de intercambio. Y admiré siempre su capacidad de escucha, de diálogo, de suscitar la participación de todos. Era un trabajador incansable. De hecho, alguna vez le dije que no sabía descansar. Y recuerdo que monseñor Martín Legarra contaba que, en cierta ocasión, fue invitado por monseñor McGrath a un ‘almuerzo de trabajo'. Como buen navarro, monseñor Legarra no entendía eso de almorzar trabajando o de trabajar almorzando y le dijo: ‘Monseñor, si quiere invitarme a almorzar, almorzamos, y si quiere invitarme a trabajar, trabajamos, pero almuerzo de trabajo, no me cuadra'.

Termino con otra cita de la obra de la hermana Inés: ‘Si en la historia de la Iglesia panameña, la figura de McGrath llena todo una época, en el orden político tampoco se podrá concebir este espacio sin una referencia a la obra de este prócer arzobispo de Panamá, quien se acoge, merecidamente, a la jubilación no por cansancio, sino por imperativos de su quebrantada salud'.

ESCUDO EPISCOPAL

Amor Sacerdos Inmolat

Al ser llamado por el papa Juan XXIII a ser Obispo Auxiliar de Panamá, en 1961, monseñor Marcos McGrath escogió como lema de su escudo episcopal la frase ‘Amor Sacerdos Immolat' que, en una traducción obtenida por el escritor Manuel Cambra para su libro ‘El Pastor de Panamá' traduce como: ‘… Y el Amor sacerdote es quien se ofrece, y quien los miembros de su cuerpo inmola'.

Así se expresaba monseñor Carlos María Ariz, obispo de Colón-Guna Yala y vice-presidente de la CEP en 1994, dándole el apelativo de ‘Hermano Mayor de nuestra Conferencia Episcopal' y señalando los motivos para ello: por los años que le correspondió presidir la CEP; por la cantidad de documentos que la CEP ha producido bajo su inspiración; por el constante asesoramiento de la Comisión de Reflexión Teológico Pastoral, órgano al servicio de la CEP.

Si para los obispos monseñor McGrath es el Hermano Mayor, para muchos líderes políticos y aún presidentes de la República ha sido un consejero noble y orientador en muchos momentos de crisis política.

Recordemos las frecuentes pronunciamientos pastorales en sus discursos y homilías y las constantes visitas que recibe de políticos y líderes, incluso del extranjero en busca de un consejo o una recomendación'.

Refiriéndose a la cuestión sobre el Canal de Panamá que involucró a monseñor McGrath desde la gesta del 9 de enero de 1964 y del periodo 1973-1977 sobre los tratados canaleros afirma el obispo Ariz al respecto:

‘En los Tratados Canaleros la actividad de monseñor McGrath fue decisiva. Difícilmente se hubiese logrado el ‘quorum en el Senado de los Estados Unidos a favor de Panamá sin los encuentros de Monseñor McGrath con los senadores católicos y las visitas frecuentes con los miembros de la Conferencia de Obispos de Estados Unidos, y finalmente las conferencias, escritos y llamadas a los líderes del gobierno Carter para pedirles el sí desde el punto de vista moral a las justas exigencias de Panamá.'

Como lo dije en otra oportunidad, creo que Panamá, Iglesia y País, tiene una deuda de gratitud con monseñor McGrath.

Quizá, esta actividad, con la presentación de su biografía, sea el ‘pistoletazo de salida' de acciones que, de cara al centenario de su nacimiento en 2024, nos permitan recuperar la memoria histórica de un ‘pastor según el corazón del Concilio'.