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15 de Nov de 2019

Nacional

La líder del sindicato

Zelideth Rosales, actriz de teatro, radionovelas y televisión, ha ocupado en cuatro ocasiones la secretaría de la Unión Nacional de Artistas

La actriz señala que se ha visto forzada a dejar el teatro no por su edad sino porque no hay papeles para las mujeres adultas como ella.

‘La señora de las marchas', le dicen los compañeros de los sindicatos a Zelideth Rosales, que no recuerda en cuántas manifestaciones ha participado desde que se inició en los grupos de trabajadores organizados.

Su carrera en el teatro comenzó en el aula máxima de la Escuela Manuel Amador Guerrero de El Chorrillo, por los años cincuenta. En ese entonces, las escuelas públicas laboraban en dos jornadas y la última hora de los viernes estaba reservada para los actos culturales.

Rosales era parte del elenco de aquellos viernes. Una de sus maestras, Nelva Maestre, formó una compañía de teatro y ella era parte de este grupo artístico experimental que le abrió el telón del teatro para adultos a los 14 años.

De las tablas saltó a las radionovelas y de allí, a la televisión, en la época en que se hacían programas de humor sin necesidad de ser vulgares, cuenta la actriz en uno de los apartamentos del edificio ‘Poli' de Calidonia.

Cuenta que todavía le recuerdan en la calle el papel que hacía en la pantalla chica. ‘Tú eres la 18', le dicen los televidentes de aquellos años cuando la topan en los supermercados. ‘Yo te veía todos los mediodías', le comentan otros.

Desde uno de los apartamentos que compraron en los sesenta por menos de treinta mil dólares, Rosales lidera la Unión Nacional de Artistas de Panamá.

La palabra ‘unión' esconde el verdadero significado de la agrupación. Somos un sindicato, afirma.

‘NO CREO QUE ESTIVENSON GIRÓN LLEGARA A LA CAJA PARA DESCALABRARLA',

ZELIDETH ROSALES

PRESIDENTA DEL SINDICATO DE ARTISTAS

Relata que en los años sesenta, cuando nació la ‘unión', la palabra ‘sindicato' asustaba a la gente. ‘Ese temor no ha cambiado más de cinco décadas después', aclara.

Lo que los empresarios no entienden es que cuando un sindicato está bien dirigido, también ayuda a la empresa a crecer, porque el trabajador quiere ser parte de los beneficios, señala.

‘Cuando nos agrupamos había una necesidad de garantizar los salarios. Había un grupo trabajando en las radionovelas, otro se fue a la televisión cuando llegó y otro, en los clubes nocturnos', menciona.

La sociedad sindical acercaba al talento nacional e internacional, añade, y menciona que los artistas extranjeros eran contratados hasta por un mes. Permanecían esas cuatro semanas en el país.

Basilio, Celia Cruz, Antonio Prieto, Anayansi, Benny Moré son algunos nombres que recuerda de aquella época, cuando abundaban las plazas de empleo para el artista. Hoy, por diversos factores, el panorama es completamente distinto.

Como un sindicato que guarda relación con el panorama cultural, recalca que el Instituto Nacional de Cultura (INAC) se creó para darle trabajo al artista, para que pagara seguro social y llegara a jubilarse. ‘Ese objetivo se ha desvirtuado con los diferentes gobiernos, que miran esa oficina como un botín político', expresa.

Del teatro, afirma que se ha mantenido por la inversión particular. Se crean grupos que invierten en sus propias salas y así se mantienen las artes escénicas.

Destinar fondos al teatro en su conjunto debe ser una responsabilidad del Estado, por medio del INAC, considera.

Del folclor, lamenta que se vaya diluyendo con el tiempo. ‘Tenemos grupos que se llaman proyecciones folclóricas que están desbaratando nuestro folclor. Con esos cambios le estamos quitando la identidad al país', alerta.

Rosales recomienda que Panamá apueste por su diversidad cultural como atractivo turístico.

‘Los turistas tienen playas en sus países, lo que tenemos que venderles son cosas que ellos no tengan en sus naciones. Aquí la cultura tiene un papel importante', expresa la jubilada como locutora de noticias.

Sobre el número de mujeres sindicalistas, Rosales contesta que hay muchas, sin precisar cuántas.

Desde los años sesenta, Rosales es parte de las delegaciones que marchan en celebración del Día del Trabajador. ‘Somos los que hacemos las tamboreras y las canciones para las marchas', menciona.

En cuanto a las luchas de aquellos años y las actuales, la dirigente dice que son casi las mismas: el alto costo de la comida, los problemas de la Caja de Seguro Social, el salario, que no alcanza para las necesidades básicas, la inseguridad.

‘Marchamos por todo lo que afecta al pueblo. El ser artista no nos excluye de la realidad que enfrenta el trabajador panameño', agrega.

Retomando el tema de la Unión Nacional de Artistas de Panamá, subraya que la organización nació, precisamente, porque al artista no se le pagaba lo que merecía.

‘Las personas compran la comida, la bebida y todo lo demás para la fiesta, y lo que le queda se lo ofrecen al músico. Me pregunto si cuando van al médico le dicen ‘yo le pagaré esto porque lo otro me lo gasté en tal cosa”, compara.

Aún teniendo una ley de salario para los artistas que data del setenta, asegura, no reciben los pagos que les corresponde.

Rubén Blades y Pedro Azael se fueron del país para triunfar. ‘Aquí no se les reconoce. Lamentablemente, los que nos quedamos en el patio hacemos las trochas para que caminen los que vienen atrás. Samy y Sandra están bien cotizados porque se han fajado mucho', expresa.

Además del poco salario que perciben, reprocha, no se cumple la norma de contratar a panameños para las presentaciones de extranjeros.

Menciona que la ley exige la presentación de un grupo folclórico y un artista local, pero en los contratos, solo para cumplir ponen un nombre de una agrupación folclórica que no existe.

De las buenas propuestas culturales del pasado recuerda las temporadas de verano en el Estadio Juan Demóstenes Arosemena, de Curundú.

En aquellos días, por 25 centavos se presentaba una velada de música, teatro y danza. Las familias llegaban desde temprano a esperar las presentaciones.

‘Un tambor le puede cambiar la vida a un niño. Lo mismo una guitarra o un pincel. Pero en Panamá, en lo último que se piensa es en la cultura. Ahora dicen que pondrán estas asignaturas en la escuela, pero los maestros no están formados para dictar estas clases', expresa.

La carrera artística de Rosales está en pausa desde hace tres años, no por su edad, sino por la falta de oportunidades.

Relata que a los actores varones. aunque estén viejos los buscan para algún papel, cosa que no ocurre con las mujeres. ‘Buscan a una joven y la pintan como viejita', critica la dirigente sindical.

De toda su carrera, destaca su actuación en las obras de teatro ‘No salgas esta noche' y ‘A puerta cerrada', esta última presentada en los sesenta y con un tema que aún es polémico en la sociedad: las relaciones entre personas del mismo sexo.

SINDICALISMO Y COMUNISMO

El agruparse en un sindicato no tiene nada que ver con un régimen de gobierno, piensa Rosales.

Cuestiona que en el país ‘le pongan un sello en la frente' al trabajador que reclama. ‘Esto ha llevado a que la mayoría de los empleados no alcen la voz cuando sienten que no les están respetando sus derechos'.

‘Si voy a reclamar un derecho, me dicen ‘esa es comunista', con eso le han metido el cuco a la gente, que para evitar ese calificativo se queda callada', cuestiona.

Rosales reclama ‘la igualad de los tiempos de Jesús'. Y cita que ‘cuando él repartió los panes, a todos les entregó un pedazo igualitario. ¿Acaso por ese gesto van a decir que Jesús también era comunista? Yo seguiré reclamando sin importar lo que digan', apunta.

EL ‘BOTÍN' DE LA CAJA

La dirigente asegura que el gremio empresarial y el Gobierno buscan el control de la Caja de Seguro Social. La locutora sustenta esta tesis en las declaraciones del mandatario, quien dijo que había que crear dos direcciones generales, una para la administración y otra para la salud.

Califica como una ‘mala inversión' la Ciudad Hospitalaria, que asegura que no servirá para centro médico y ‘se perderá la plata metida en eso'. El megacomplejo hospitalario no reúne las condiciones para brindar salud. ‘Hay gente que dice ‘este político robó, pero hizo muchas obras'; yo les pregunto a ellos por qué le ponen verjas a las casas, por qué no le abren las puertas para que esos políticos les roben, tal como lo hacen con los bienes de todos'. Sobre la corta gestión de Estivenson Girón al frente de la institución, la actriz se niega a creer que su propósito era ‘descalabrar' la Caja para que la gente aceptara la privatización. ‘Los empresarios quieren la parte de la plata de la Caja, quieren privatizarla para que quede en manos de ellos', dice. Finalmente, expone su posición sobre los subsidios y la cifra de fracasos escolares en las escuelas del Estado. ‘El muchacho debe preocuparse más por sacar buenas notas. No hacerlo es condenarse a que lo contraten en los trabajos que nadie quiere hacer y por los salarios más bajos', sentencia.

Así se hacen los grupos sindicales

El Código de Trabajo panameño estable que siempre que se hable de organizaciones de trabajadores o de organizaciones sociales de trabajadores se entenderán incluidos los sindicatos, federaciones, confederaciones y centrales de trabajadores.

La norma define un sindicato como ‘toda asociación permanente de trabajadores, de empleadores o de profesionales, de cualquier clase, constituida para el estudio, mejoramiento, protección y defensa de sus respectivos intereses económicos y sociales comunes'. El marco legal describe los tipos de sindicatos:

1. Gremiales, cuando están formados por personas de una misma profesión, oficio o especialidad.

2. De empresa, cuando están formados por personas de varias profesiones, oficios o especialidades, que prestan servicios en una misma empresa.

3. Industriales, cuando están formados por personas de varias profesiones, oficios o especialidades, que prestan servicios en dos o más empresas de la misma clase.

4. Mixtos o de oficios varios, cuando están formados por personas de diversas profesiones, oficios o especialidades, que trabajan en empresas diversas o inconexas. Estos sindicatos sólo podrán constituirse cuando en determinada ciudad, distrito, provincia o región, el número de trabajadores de un mismo gremio sea menor de cincuenta.

Los sindicatos de trabajadores o de profesionales se podrán constituir con un mínimo de 40 miembros. Los sindicatos de empleadores podrán constituirse con un mínimo de diez miembros, que sean totalmente independientes entre sí.

La ley advierte que en una misma empresa no puede funcionar más de un sindicato de empresa. Los sindicatos que a la vigencia de este Código se encontraren en esta situación, tendrán un plazo de un año para fusionarse. Expirado este término, sin que se hubieren fusionado, el Ministerio promoverá fundado en esa causa, la disolución del sindicato que tuviere menor número de afiliados.