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14 de Aug de 2020

Nacional

La Chorrera no tiene tierras para enterrerar a sus difuntos

La falta de tierras para sepulturas y para construir viviendas evidencia un problema social en el distrito de La Chorrera que se mezcla con la política.

La Chorrera, un distrito de 161,470 habitantes, con una extensión de 769 kilómetros cuadrados, no tiene tierras ni para enterrar a sus muertos. El crecimiento no planificado y la falta de un plan de ordenamiento territorial ha causado que hoy nos encontremos con un distrito sin espacio para infraestructuras, apuntó el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial (Miviot) sobre el tema.

Hace una década, en 2007, el espacio físico del cementerio colapsó y desde entonces urge la construcción de uno nuevo. En el campo santo actual las tumbas parecen como hongos en época lluviosa, que crecen uno sobre otro, sin espacio siquiera para caminar entre ellas, sin inevitables pisotones al espacio en el que yacen los restos mortales de alguien.

‘Los políticos dicen que los muertos no votan y por eso los han abandonado (...) hasta ahora no he visto a nadie que no haya sido enterrado',

TOMÁS VELÁSQUEZ

ALCALDE DEL DISTRITO DE LA CHORRERA

Las personas de escasos recursos no solo se enfrentan a la pérdida de sus seres queridos, sino al dilema de no tener cómo sepultarlos.

Los costos de una pieza en un cementerio privado oscilan entre $2,800 y $3,000, mientras que en un campo santo municipal solo se paga $60, según los cálculos del alcalde chorrerano, Tomás Velásquez Correa, que, sin embargo, no identifica esta situación como un problema que no pueda solucionarse. ‘Hasta ahora no he visto a nadie que no haya sido enterrado', dice la primera autoridad del distrito.

Lamentable, pero cierto, el municipio no tiene tierras para construirle una nueva morada a los difuntos. El problema, según el alcalde, está siendo enfrentado con creatividad por la actual administración municipal, que opta por la creación de seiscientos osarios, a un costo de $10 mensuales, para darle una solución por lo menos por los próximos quince años al problema.

Estos son precios accesibles para la población chorrerana, considera el jefe de la comuna, pero guardar los restos mortales en osarios implica un proceso de cremación previo que puede costar $600, según la Funeraria Rey de Reyes.

Velásquez asegura que su propuesta para resolver el problema va precisamente hacia un cuarto de incineración municipal.

La administración alcaldicia también construye 150 bóvedas, mientras que las solicitudes anuales de enterramientos llegan hasta 84.

En La Chorrera se requiere por lo menos siete tumbas cada mes, calcula el alcalde.

Los deudos, sin embargo, están optando por enterrar a sus muertos en los cementerios rurales como una alternativa más económica, contó una fuente que reside en La Chorrera y conoce el distrito.

En su análisis sobre el problema, Velásquez reconoce que no hubo una planificación para el uso de los terrenos del camposanto.

‘No hubo un agrimensor que trazara un plan de crecimiento y esto provocó un uso desordenado del cementerio. Los administradores veían un huequito y decían ‘mételo allí' (al cadáver)', explica.

Pero, probablemente, el problema vaya más lejos. ‘Los políticos dicen que los muertos no votan y por eso los han abandonado', señala entre risas el propio alcalde, sin dejar de reconocer que esto forma parte de su labor social e insiste en que busca una solución.

Su antecesor y actual gobernador de Panamá Oeste, Temístocles Javier Herrera, asegura que sentó las bases para resolver este problema.

El jefe político de la provincia de Panamá Oeste, a la que pertenece el distrito de La Chorrera, asegura que vendió una propiedad municipal de $180,000 para construir el nuevo cementerio.

La resolución de compra venta a la empresa privada establecía que los dineros recaudados eran para la construcción de un camposanto en El Coco o en Guadalupe, dice Herrera.

‘Yo dejé $90,000 para comprar los terrenos en El Coco de La Chorrera y dejé $90,000 más para acondicionarlo', añade Herrera.

Según el gobernador, existía en El Coco un terreno que no era bonito, pero con los dineros que dejó en las arcas municipales podría acondicionarse para un cementerio, ‘había para poner un tractor y adecuar esas tierras '.

Velásquez, por su parte, dijo que los dineros se usaron para acondicionar el viejo cementerio y que esos gastos sobrepasaron los $250,000.

LOS VIVOS

La historia del cementerio parece replicarse en el mismo pueblo chorrerano. Hay más de dos mil familias, compuestas por entre tres y cuatro miembros, que luchan por conseguir un terreno para construir una vivienda digna.

Estas familias se han organizado en grupos y han invadido terrenos nacionales y servidumbres para presionar a las autoridades a darle una solución a sus necesidades de viviendas. Las invasiones de tierras en el distrito se han convertido en el ‘pan de cada día', reconoce el mismo alcalde,

Velásquez no miente. En los cuatro puntos cardinales del distrito (Nuevo Espino, Mastranto, El Progreso, La Milagrosa) hay invasores de tierras levantando viviendas improvisadas.

Omar Lozada es el líder de un grupo de invasores que durante cinco años ocupó dos hectáreas de terreno en La Milagrosa, en La Chorrera. Durante la administración alcaldicia de Temístocles Javier Herrera, fue desalojado junto a otras veintidós familias. Su versión es que ‘se vendieron los terrenos a un grupo de políticos del Partido Revolucionario Democrático en un negocio de la alcaldía'.

En Progreso 1, 3, 4 y 5 hay cerca de 1,100 familias que también esperan un terreno para construir una vivienda. Así mismo, hay, en Mastranto, 290; en Nuevo Espino, 150; y en San Pancho, 25 más que no pierden la esperanza de que se les legalice los terrenos invadidos para poder construir dignamente.

Cada cinco años, con cada proceso electoral, los políticos se hacen eco de esta necesidad de los chorreranos y los impulsan a invadir terrenos con la promesa de que cuando ganen las elecciones se los adjudicarán, pero nunca cumplen, añade Lozada, que cada vez ve más lejos su sueño de obtener un terreno en el pueblo que lo vio nacer.

La primera autoridad del distrito cree que el problema no es municipal. Ellos necesitan una vivienda digna, y para tenerla no solo se requiere un terreno.

A juicio de Velásquez, es el Miviot quien tiene que darle solución al dilema porque ellos no tienen cómo hacerlo.

CRECIMIENTO EXPONENCIAL

Por su cercanía a la ciudad capital, La Chorrera es uno de los distritos que más rápido crecimiento poblacional experimenta.

Sus autoridades estiman que cada cinco años se suman 20,000 nuevos habitantes.

‘La gente está optando por venirse para acá porque el distrito se está desarrollando comercialmente', indica su alcalde, aunque un 40% de la población se transporta diariamente hasta la ciudad de Panamá, donde tienen sus fuentes de trabajo

‘Tanto Arraiján como La Chorrera se han caracterizado por ser dos de los distritos de la provincia de Panamá Oeste con mayor crecimiento poblacional, dejando de ser ciudades dormitorio debido al auge comercial y residencial que se viene desarrollando', aseguró Rubén Aguilar, director de Ordenamiento Territorial del Miviot.

La institución tiene planificada una inversión de $ 56.6 millones en el programa Techos de Esperanza, que construye en la zona 2,673 casas.

El problema de tierras, sin embargo, parece supeditarse a la política y el poder.