La Estrella de Panamá
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16 de Oct de 2019

Nacional

De la radio a la Internet

Escrito en 1996, Zúñiga Guardia recuerda la primera vez que escuchó la radio en Penonomé y entonces el mundo llegó a su conocimiento por medio de la audición.

El día que inauguré el servicio de Internet en la Universidad de Panamá dirigí la palabra a los asistentes recordando la primera vez que escuché la radio en Penonomé. A partir de entonces el mundo llegó a nuestro conocimiento por medio de la audición. Antes estábamos prácticamente incomunicados y sólo a través de los periódicos algunos sectores muy limitados se enteraban de los acontecimientos que conmovían otros lares. Aquella época constituyó un capítulo maravilloso de mi vida.

‘Si recordar es vivir, al vivir los recuerdos que vengo relatando pongo de manifiesto el increíble genio del hombre y toda la evolución de sus inventos',

CARLOS IVÁN ZÚÑIGA GUARDIA

Una vez el Doctor Harmodio Arias inició las conversaciones exploratorias para lograr posteriormente el tratado general de 1936, los Estados Unidos consintieron renunciar el monopolio inalámbrico que tenían en toda la República, so pretexto de que la radio difusión local podría interferir las comunicaciones en el Canal, el mismo Presidente Arias ordenó que todos los municipios compraran una radio. El Concejo Municipal de Penonomé, en sesión calificada de histórica, votó una partida para adquirir una radio marca RCA Víctor, el que tenía forma abovedada; igualmente aprobó una partida para que el penonomeño se trasladara a la capital a estudiar cómo se manejaba el aparato calificado por el cura del pueblo como una ‘ortofónica sin manigueta y sin discos'.

A las pocas semanas de aquella memorable decisión del Concejo, se convocó al pueblo a la plaza central a escuchar el novedoso invento. Fue instalado con mucho cuidado en el kiosco sobre una mesita construida con gran esmero para tal efecto, y el técnico adiestrado Minunga Tejeira, con toda la solemnidad que exigía tan singular momento, apenas ‘prendió' la planta eléctrica, a las seis de la tarde, puso en función la ‘ortofónica sin manigueta'. Una vez sintonizó la primera emisora dio el máximo volumen y se llenó de música todo el entorno dominado por una perplejidad colectiva. Nunca escuché antes un aplauso tan cerrado como el tributado en ese instante a la radio y al monitor Tejeira.

Penonomé se puso en contacto con el mundo, adquirió un nuevo instrumento de comunicación tan increíble como espectacular y se dio un paso muy sólido en el campo de la cultura.

Algo semejante ocurrió al inaugurar el servicio de Internet en la Universidad; quedamos de inmediato, y por lo pronto, conectados a más de tres millones de computadoras y a 105 países. Nos vinculamos, gracias al desarrollo gigantesco de la ciencia y la tecnología, con lo más granado del mundo del conocimiento. Si en mis tres años de ejercicio rectoral sólo hubiera alcanzado ese logro y nada más, estuviera hoy muy orgulloso de mi solitaria gestión.

Desde luego, la misión de la radio en mi pueblo fue trascendental. Se sintonizaban muchísimas emisoras y de diversos países, y se escuchaban noticias, discursos, debates y hasta novelas. Yo adquirí la absurda manía de embeberme tanto en el mensaje radial que sentía transportarme y me ubicaba en el seno de la estación que emitía las ondas radiales. Si era un debate del senado colombiano, mental e hipotéticamente me escabullía del kiosco y me instalaba en las barras del hemiciclo. Transportación que nunca pretendí cuando escuchaba la tenebrosa novela de Chan Li Po y que tampoco pretendería hoy si al transmitirse los debates de la Asamblea panameña predominase entre muchos o pocos de sus miembros la dialéctica de los puños y no la del talento.

FICHA

La Ley 17 de 2010 declara Benemérito Patriota al Dr. Carlos Iván Zúñiga Guardia e instituye el 14 de noviembre, Día del Patriota

Nombre completo: Carlos Iván Zúñiga Guardia.

Nacimiento: 1 de enero de 1926 Penonomé, Coclé.

Fallecimiento: 14 de noviembre de 2008, Ciudad de Panamá.

Ocupación: Abogado, periodista, docente y político

Creencias religiosas: Católico

Viuda: Sydia Candanedo de Zúñiga

Resumen de su carrera: En 1947 inició su vida política como un líder estudiantil que rechazó el Acuerdo de bases Filós-Hines. Ocupó los cargos de ministro, diputado, presidente del Partido Acción Popular en 1981 y dirigente de la Cruzada Civilista Nacional. Fue reconocido por sus múltiples defensas penales y por su excelente oratoria. De 1991 a 1994 fue rector de la Universidad de Panamá. Recibió la Orden Manuel Amador Guerrero, la Justo Arosemena y la Orden del Sol de Perú.

La radio lamentablemente tuvo su ciclo y su ocaso. El comienzo del final fue el día que se celebró la segunda pelea entre Joe Louis y el alemán Max Schmeling. El pueblo en masa estaba congregado en la plaza, casi todos apostábamos a Joe Louis, que dicho sea fue el gran hombre de mi infancia. El inefable Minunga Tejeira sintonizó rápidamente la emisora que transmitía la pelea; se dieron los anuncios preliminares y sonó, al fin, la campana. A los pocos segundos entró al cuadrante un gran ruido, una infernal y miserable estática que no podía apaciguar el técnico. Todo era nerviosismo en el pueblo y sobre todo en Minunga porque estaba a prueba en ese minuto estelar el dominio de su oficio. De pronto entró limpia la emisión, pero ya había terminado el encuentro. Joe Louis demoledoramente y en pocos segundos puso fuera de combate al mimado de la raza aria. El descontento fue descomunal en la multitud y presumo que algún objeto cayó sobre la radio porque también quedó transitoriamente fuera de combate.

Hace unos pocos años en el excelente programa de Juan Carlos Tapia se pasó por televisión aquella espectacular pelea. Yo no podía creerlo. Me encontraba acostado viendo la televisión y al anunciarse el encuentro me puse de pie, como movido por un potente resorte y me coloqué muy cerca de la pantalla, todo ojos. No podía creer que transcurridos más de cincuenta años iba a ver en la televisión lo que no pude oír en su momento. Entonces volví a vivir aquellos instantes que tanta desilusión causaron por la maldita estática y mientras Juan Carlos hablaba con su peculiar vehemencia, dando detalles del relampagueante encuentro, volvió a mi memoria el espectáculo de la plaza penonomeña junto a mis hermanos, tres de ellos fallecidos, sentí una profunda emoción y también sentí que por mi mejilla se deslizaba una lágrima inmensa y redonda como redonda e inmensa fue la frustración de los míos aquella noche tan memorable.

La radio entró por supuesto, al taller de la única persona que había seguido un curso por correspondencia para estos arreglos. Era el plomero del pueblo que quería ampliar sus horizontes, el muy querido y apreciado Chencho Medina. Recuerdo que exigió que el alcalde aceptara firmar un convenio en el que se hacía constar que él no se hace responsable de cualquier percance irreparable que le pudiese ocurrir al maravilloso aparatico durante la ‘operación'. Una especie de documento precursor de las actuales metodologías médicas que exigen un acuerdo en el que se les exime de responsabilidad si alguna intervención quirúrgica riesgosa no llegase a feliz término.

Como era natural, todos estábamos pendientes del ingenio de Don Chencho. Luego de probar y probar, un día fue instalado en el kiosco la radio. Pero fue muy breve la convalecencia. A los pocos meses explotó, lanzó una llamarada y así terminó la gran iniciativa del padre de la radiodifusión panameña, el doctor Harmodio Arias, hecho que no han querido reconocer los mediocres a quienes habitualmente les queda grande la grandeza.

Si recordar es vivir, al vivir los recuerdos que vengo relatando pongo de manifiesto el increíble genio del hombre y toda la evolución de sus inventos. Un día lejano la radio era un aparato de difícil adquisición y de delicado manejo. Hoy constituye la suma de todas las simplificaciones y cualquier niño la maneja sin dificultad. Lo mismo ocurrirá con las computadoras tan extrañas, complicadas y difíciles para la sesera de los viejos. Al igual que la radio mañana será hasta juguete de todos los infantes del mundo.

Todos estos recuerdos, de los que dejo constancia, pasaron por mi mente con la velocidad del relámpago el día feliz que como rector inauguré el servicio de Internet en la Universidad de Panamá.