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18 de Oct de 2019

Nacional

Castillero Calvo: la rica actividad cultural del barroco panameño

Panamá fue un centro cultural importante del nuevo mundo desde finales del siglo XVI hasta el siglo XVII. Pruebas documentadas así lo certifican

La historia no sigue un curso ascendente y recto; está llena de rupturas, de vueltas, curvas, caídas y precipicios. De acuerdo con esta lógica, Panamá ha tenido grandes épocas, seguidas de otras de menor lustre, reflexiona el historiador Alfredo Castillero Calvo.

Quien ha dedicado su vida a estudiar el pasado de forma científica no perdona que las primeras permanezcan olvidadas y sepultadas por el olvido en momentos menos gloriosos, o peor aun, que estas sean negadas de forma ligera.

‘Yo quiero que los panameños vean la historia de Panamá como yo la veo. Importante, de carácter universalista y riqueza cultural sorprendente. Si bien no fue sino en 1903 que nos convertimos en Estado independiente, ya éramos desde mucho antes un país con los necesarios rasgos de identidad que le dan forma y sustento a una nación.', dice el profesor visitante en las universidades de Yale, Stanford y Notre Dame, entre otras.

El homenaje realizado esta semana por sus colegas de la Universidad de Panamá fue la oportunidad para que Castillero transmitiera esa visión con la que intenta dar a los panameños un sentido de cohesión y de orgullo. Allí dictó su conferencia Teatro, libros y espectáculo en el panamá barroco, ante un público de más de 100 familiares y amigos —a pesar de ser las 6 de tarde en uno de los lugares de mayor tráfico de la ciudad—.

El evento fue organizado por el rector de la Universidad de Panamá, Dr. Eduardo Flores Castro; la directora de la Dirección de Cultura de la Vicerrectoría de Extensión de la Universidad de Panamá. Dra. Ana Elena Porras, y contó con presentaciones artísticas por parte de Estudiantina Universitaria-Federico García Vallejos; Los Juglares y Grupo Matices.

PANAMÁ, ÉPOCA DE APOGEO

Entrevistado en su casa, ya con mayor tranquilidad, nos revela que está formalmente en etapa de retiro, perro continúa tan ocupado, o más, que siempre.

Con la complicidad de ‘Angie', su esposa de más de treinta años, y mayormente liberado de horarios y actividades protocolarias impuestas, Castillero continúa investigando, escribiendo, publicando y hasta rechazando ofertas para nuevos proyectos porque —sencillamente— no se da abasto.

‘A pesar de que muchos no lo aceptan o reconocen, existen pruebas documentadas y abundantes manifestaciones que permiten concluir sin lugar a dudas que desde finales del siglo XVI hasta el siglo XVII, Panamá fue un centro cultural importante del nuevo mundo', asegura.

No solo eran la cantidad de libros que circulaban, las bibliotecas con gran cantidad de tomos, el gran interés por la lectura, por la pintura. Las celebraciones de los grandes acontecimientos del mundo hispano de la época, tales como la coronación de los monarcas, el embarazo de la reina, las fiestas religiosas, eran la oportunidad para poner en escena grandiosos espectáculos, obras de teatro, bailes, y dar espacio para la expresión de los muchos entusiastas de la poesía y la lírica.

Abundaba los instrumentos musicales propios de las cortes europeas, como ‘clave o virginal' en una fecha tan temprana como 1542, y se sabe que desde la catedral en Santa María la Antigua contaba con un chantre, que requería de órganos y arpas, guitarras y violines. Los esclavos y libertos organizaban bailes con cualquier pretexto en los montes cercanos, y cuya provocativa sensualidad escandalizaba al clero, aunque atraía con fascinación a los jóvenes de la élite.

Las fiestas, ya fuera religiosas, o de la Corona, no se concebían sin diversas representaciones teatrales, ya que el teatro fue la gran pasión del siglo. Era la diversión por excelencia, disputada sólo por las corridas de toros.

En la ciudad de Panamá, las familias ricas se rodeaban de los mismos lujos materiales, tanto en su ajuar como en el decorado de sus casas, que mantenían sus parientes de la Madre Patria. Las casas de la élite estaban virtualmente tapizadas de pinturas, incluso muchas más de las que tiene cualquier vecino panameño acomodado de la actualidad, salvo los coleccionistas, asegura el historiador .

Esta riqueza y densidad cultural, no puede sorprender, asegura, si se entiende que, en la ciudad, que osciló entre los 5 mil y 7 mil habitantes, no faltaban importantes representantes de la Corona Española, entre ellos cuatro oidores y un fiscal, abogados, médicos titulados, ingenieros, militares de carrera, religiosos, sacerdotes, obispos, caballeros de las Órdenes militares de Calatrava, Santiago o Alcántara, y condes y marqueses. Para llegar a estos cargos, la mayoría de ellos había tenido que pasar por las grandes universidades de la época, la de Salamanca, Sevilla o Alcalá; o las hispanoamericanas como la de Lima o la de Quito.

LIBROS Y BIBLIOTECAS EN PANAMÁ

En la época colonial, Panamá fue una encrucijada comercial donde existían muchas más facilidades para adquirir libros que en otras colonias americanas. ‘Hay pruebas de que en 1643, por ejemplo, fueron entregados 16 cajones a Gabriel Lasso, tras hacer un recorrido por el Chagres en barco', sostiene.

En el lapso comprendido entre 1585 y 1605, en los embarques destinados a América, desde México a Portobelo, llegaban obras de Aristóteles, Horacio, Ovidio, Lucano, Boyardo, Ariosto, Tasso y otros, al igual que obras de Jorge Manrique, Fray Luis de León, Antonio de Guevara, Lope de Vega, Cervantes, Vargas Machuca, Cieza de León, tragicomedias como La Celestina, o novelas picarescas como El Lazarillo de Tormes y el Guzmán de Alfarache .

Igualmente documentada, asegura, fueron la biblioteca del oidor Francisco Joseph de Zúñiga, miembro de la Audiencia de Panamá, quien tenía más de cien títulos, y la del presidente Juan Pérez de Guzmán, que sumaba 300 libros, todos quemados durante el incendio que devoró la ciudad a raíz del ataque de Henry Morgan.

Pero no solo se leían obras de autores europeos. América era entonces el epicentro de algunos de más impactantes acontecimientos que se daban en el mundo y, desde la Península Ibérica se exigía el constante reporte de información, lo que generó una cultura de estudio, redacción de textos y obras literarias.

Entre estas obras se encuentra una que por lo hermosamente escrita rivaliza con Las Armas Antárticas o de La Araucana , y que permaneció inédita hasta que 1994, cuando fue publicada por el profesor Héctor Orejuela. ‘Alteraciones del Dariel trata de los fieros combates de tropas españolas y milicianas locales contra indios cunas en Darién a fines del siglo XVII. A juzgar por su contenido, lo está muy ceñida a la evidencia histórica, si bien que intensamente dramatizada', afirma el historiador.

ESCRITOS DE LOPE DE VEGA Y OTROS LIBROS

Los acontecimientos también alentaban a los escritores europeos de la importancia de Lope de Vega, rival nada menos que de Miguel de Cervantes Saavedra, quien escribió dos obras teatrales que tuvieron como escenario a Panamá.

Una de ellas era ‘La Dama Boba'. La otra, ‘La Dragontea', una monumental pieza épica que parece haber sido escrita para ser leída, probablemente en grupos y voz alta y que trataba de lo que fue la gran gesta local en la que los panameños se movilizaron para enfrentarse al terrible pirata Drake, el más terrible de los piratas, que atacó en el año 1596. Su nombre proviene de la palabra flamenca ‘draak', que significaba dragón y aludía al pirata Drake, quien terminó siendo enterrado en a bahía de Portobelo, en el marco del ataque.

‘La Dragontea' fue en Panamá nada menos que el best seller de la época. En 1601 llegaron al país 94 ejemplares de esta obra, acabados de imprimir— y si tomamos en cuenta que la ciudad solo contaba con 300 familias españolas o criollas, esto supone que una de cada tres de estas habría adquirido un ejemplar'.

‘Quisiera pensar que mientras ‘La Dragontea' circulaba de mano en mano prestándose a los que no la habían podido comprar, como un auténtico best seller , todo el mundo la comentaría y vibraría en ellos un orgulloso sentido de identidad, de pertenencia a un pasado común del cual se vanagloriaban y que los involucraba. Si fue así, se trata de algo realmente extraordinario, un fenómeno significativo en más de un sentido', dice Castillero.

La última gran celebración del período colonial fue la juramentación de la recién proclamada Constitución Politica de la Monarquía Española , de la cual llegaron a Panamá, desde Cadiz 200 ejemplares en agosto de 1812. Casi de inmediato se leyó el texto constitucional en la plaza mayor para que todos le juraran fidelidad. ‘El acto se realizó ante una masa alborozada, ya que prometía libertades insospechadas para el pueblo. Se cantó un Te Deum, repicaron campanas, iluminaron las calles, casas y plazas, dispararon salvas de artillería y se ejecutó música militar. Se rebautizó la plaza como Plaza de la Constitución, donde se colocó una lápida con su nombre. El acto se replicó con el mismo clamor popular en Santa Ana y otras plazas del país", dice Castillero.

‘La Dragontea' fue en Panamá nada menos que el best seller de la época. En 1601 llegaron al país 94 ejemplares de esta obra, acabados de imprimir y si tomamos en cuenta que la ciudad solo contaba con 300 familias españolas o criollas, esto supone que una de cada tres de estas habría adquirido un ejemplar'.