La Estrella de Panamá
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15 de Oct de 2019

Nacional

Panamá se hizo sentir

Pese a su pequeño tamaño la joven república de Panamá tuvo una participación activa en la construcción de un nuevo orden mundial tras la Segunda Guerra Mundial

A partir de la conferencia inaugural en San Fancisco (1945), el tema de los derechos humanos progresó rápidamente en la agenda de las Naciones Unidas, en parte, gracias a la propuesta del canciller panameño Ricardo J. Alfaro de que se adoptara una declaración de derechos fundamentales del hombre y la mujer, aplicables a todas las naciones del mundo (ver entrega anterior).

En la segunda conferencia de la Asamblea General, realizada en Londres, en enero y febrero de marzo de 1946, se estableció formalmente una comisión dedicada a este importante tema.

Por el interés mostrado, Panamá tuvo asegurado un lugar en la comisión de 18 países, de la que fue elegida presidenta ‘por aclamación', la exprimera dama estadounidense Eleonor Roosevelt.

Para ella, como para muchos otros, el documento revestía interés primordial, por considerar que la falta de estándares comunes en derechos humanos era una de las principales causas de fricción entre las naciones.

EL PROYECTO DE PANAMÁ

Cuando la Comisión de Derechos Humanos comenzó a funcionar, a mediados de 1946, ya contaba con el proyecto presentado por el canciller panameño en la conferencia de San Francisco (1945) y explicado en detalle en la de Londres (1946).

El documento en realidad había sido elaborado por el llamado ‘Comité de Filadelfia', un grupo de juristas de diferentes culturas, convocados por el American Law Institute. En este documento, la participación de Alfaro había sido destacadada por lo que aparecía en segundo lugar entre los 23 autores, solo después de su presidente William Draper Lewis.

La declaración de derechos esenciales del Comité de Filadelfia tenía un enfoque progresista, que superaba la tradicional visión del pensamiento liberal, enfocada en los derechos civiles, representado en el ‘Bill of Rights' de Estados Unidos (1791), y la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano (Francia, 1789).

En adición a estos derechos clásicos, el documento presentado por Panamá incluía un grupo de los llamados ‘derechos sociales' (protección del Estado a los más débiles) y de los nuevos ‘derechos económicos' que el Comité de Filadelfia consideró básicos para el sostenimiento de todos las demás libertades.

DISCUTIR EL PROYECTO DE PANAMÁ

Alfaro había invertido larguísimas horas a la elaboración del proyecto y a su defensa, y se sentía comprometido con su suerte, pero su condición de ministro de Relaciones Exteriores le impedía dedicar el tiempo a participar en las reuniones de debate que se realizaban en Nueva York.

Por ello, nombró al diplomático panameño Germán Gil Guardia Jaén para que actuara como miembro sustituto en la comisión y lo instruyó para que solicitara a los demás delegados una revisión profunda de su ‘declaración de derechos esenciales', esperando que a partir de este ejercicio la comisión pudiera avanzar rápidamente en la formulación del documento encomendado.

Sin embargo, el delegado Guardia Jaén se encontró con serias dificultades para alcanzar este objetivo. Su principal obstáculo era la presidenta de la comisión, Eleonor Roosevelt.

En innumerables cartas y reportes enviadas al Ministerio de Relaciones Exteriores de Panamá, y recogidos por Rafael Pérez Jaramillo en su libro ‘Idealismo Universal', Guardia relata cómo Roosevelt imponía todo tipo de trabas para que la comisión ahondara en el proyecto panameño.

‘Goza de gran simpatía. ... nos agasajó en su residencia en esta ciudad y diariamente almuerza con algunos delegados en forma rotativa, pero dentro del mayor respeto y aprecio se le critica ‘gentilmente' por la forma de conducir los debates', comentaba Guardia Jaén en un informe enviado al Ministerio de Relaciones Exteriores en 1946.

‘Para la sesión de la mañana del 31 de enero (cuando Guardia había acordado la discusión del proyecto panameño con otros delegados) apareció en el escritorio de cada uno de ellos un proyecto de la delegación norteamericana que la presidente Eleanor Roosevelt sometió a discusión al abrir la sesión... ‘, decía otro informe rendido por Guardia.

Como la presidenta era ‘muy sensible ... a la suerte de su moción' -continuaba el diplomático- los delegados prefirieron dar escusas para no tener que rechazarlo y pidieron que se debatiera ‘en otra ocasión'.

‘Estados Unidos, valiéndose de la maquinaria administrativa de la que dispone, procura la adopción de un texto de 10 artículos, sin obligaciones ni compromiso alguno y sugerido por el Departamento de Estado', proseguía otro informe, esta vez de Miguel Amado, que coincidía con Guardia en sus apreciaciones.

‘Me es incómodo decirlo por carta, pero creo que su proyecto hubiera sido la columna vertebral de todo trabajo o declaración, si no hubiera sido por el egocentrismo... la vanidad femenina y el orgullo nacional.... el largo periodo de mando - el esposo de Eleonor, Franklin Delano Roosevelt había estado 12 años como presidente de EE.UU.- ha producido en ella ese sentimiento de infalibilidad', decía otra carta de Guardia jaén, fechada el 19 de marzo de 1947.

SE NOMBRA A JOHN HUMPHREY

La redacción de la declaración de derechos resultaba una tarea más complicada que lo que se hubiera pensado. Para salvar los obstáculos, se decidió que el jurista canadiense, miembro del comité, John Humphrey, conocido por su enfoque práctico, redactaría un borrador que después sería discutido por la Comisión.

Para entonces, numerosos proyectos e ideas sobre declaraciones de derechos humanos habían llegado a la Secretaria de las Naciones Unidas, enviadas para su estudio por particulares, instituciones, asociaciones de carácter religioso, colegios de abogados e institutos de todas partes del mundo.

‘Estos anteproyectos pasaron de 25, y con satisfacción informo que los comentarios y juicios de la mayoría (de los delegados) señala al proyecto de Panamá como el mejor trabajo presentado y el más apropiado como base de discusión', informaba Guardia.

Uno de estos delegados convencidos de las bondadesl proyecto del Comité de Filadelfia debió haber sido John Humphrey, quien, en sus memorias reconoció que el de Panamá era ‘el mejor de los (proyectos) presentados a la comisión' y que constituyó el 80% del contenido del borrador que él presentó finalmente. .

DOCUMENTO FINAL

Después de 15 meses de trabajo, el borrador de Humphrey estuvo listo para ser discutido en la sesión plenaria del 12 de diciembre de 1947, en Ginebra.

Si algunos pensaron que ya el tema estaba resuelto y que la Asamblea General lo aprobaría rápidamente, se equivocaron.

Se necesitaron 81 reuniones adicionales para discutirlo. Los registros históricos reflejan cómo a lo largo de año 1948 se dieron múltiples contribuciones de diplomáticos de muchas naciones que trabajaron en un verdadero consenso internacional y compromiso para expandir y asegurar los derechos del individuo en todas partes, asegura la especialista Susan Waltz, en su artículo ‘¿Quién escribió la declaración de Derechos Humanos? (2008)'.

De acuerdo con Waltz, los más ardientes campeones de los derechos socioeconómicos fueron los representantes de América Latina, mientras que las delegaciones del bloque soviético se dedicaron a resistir cualquier noción que pareciera una interferencia en su soberanía.

A Egipto, asegura Waltz, se le debe agradecer el fuerte compromiso hacia la universalidad de los derechos en la parte introductoria, ya que su delegado presionó para que las provisiones de la Declaración fueran aplicables ‘tanto a los estados miembros como entre las gentes y territorios bajo su jurisdicción'.

Anticipados a su tiempo, continúa la académica, los delegados de la India, República Dominicana y Dinamarca lucharon para que la declaración se expresara en un lenguaje neutro en cuanto el género, dando de esta manera un reconocimiento explícito a los derechos de las mujeres.

El delegado de Polonia llamó la atención hacia el tema del tráfico de personas y el borrador fue enmendado para que prohibiera la esclavitud ‘en todas sus formas'.

Una joven delegada de Pakistán, criada en un purdah, se manifestó abiertamente contra el matrimonio infantil, lo que motivó a aclarar el documento.

Finalmente, la versión modificada por el consenso fue presentada a la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, para su discusión, el 9 de ediciembre de 1948. Allí, el bloque soviético, que nunca estuvo totalmente de acuerdo con su contenido, pidió que se le hicieran nuevas enmiendas.

A través de largas horas de debate, el delegado Andrei Vishinksky se manifestó opuesto a que se incluyera el derecho a la libertad de expresión y la libertad de reunión o asociación.

Pero su petición fue rechazada por la mayoría de los delegados presentes.

Finalmente, en la madrugada del 10 de diciembre, fue aprobada la Declaración Internacional de Derechos Humanos, con 48 votos a favor y 8 abstenciones.

Se abstuvieron además de la Unión Soviética, sus países satélites Checolovaquia, Bielorrusia, Ucrania, Checoslovaquia, Polonia y Yugoslavia, lo mismo que Sudáfrica, en defensa de su sistema de apartheid ,y Arabia Saudí por no estar de acuerdo con las limitaciones a sus ptradiciones religiosas y familiares.

El consenso de la organización dictaminó que por primera vez en la historia se reconociera  una visión universal de valores fundamentales y principios, ‘un estándar común de logro para todas las gentes y naciones' del mundo, basado en la igualdad y el respeto a la dignidad humana.

Aunque la declaración dejó por fuera algunos de los derechos económicos incluidos en el proyecto presentado por Panamá - tales como el derecho al trabajo en buenas condiciones y el derecho a la seguridad social-, estos posteriormente fueron incluidos en una nueva generación de derechos, firmados en 1966.

Como vemos, la posición de Alfaro y del grupo de abogados del comité de Filadelfia era avanzada para su tiempo y así lo comprendió nuestro canciller, considerado en las primeras reuniones de las Naciones Unidas como ‘uno de los delegados más constructivos y conciliadores'.

La posición personal del ex presidente, canciller y negociador, cuyo nombre se escribe con letras de oro en la historia del país, quedó plasmada en el Informe de Cancillería de 1948, cuando dijo: ‘Panamá no fue a las Naciones Unidas a ser mero espectador en el gran drama de la transformación jurídica y política que sobrevino después de la última conflagración mundial, sino con el propósito de hacerse sentir, no obstante su pequeñez, como vocero de añejas y elevadas aspiraciones humanas'.