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24 de May de 2022

Nacional

En el Centenario: ¡Salud, compatriotas!

En esta fecha trascendental para la historia de la Nación panameña, recordamos las palabras de Carlos Iván Zúñiga Guardia ‘El Patriota', publicadas el mismo año que Panamá celebró sus cien años de soberanía como república

La República de Panamá va llegando al primer centenario de su nacimiento. De su nacimiento como República. Soy de los que sienten orgullo de su nacionalidad y de los que piensan, como José Eusebio Caro, que el buen hombre debe sentirse parte de las entrañas de su patria. En algún lugar del universo espiritual de Panamá se encuentra su corazón. Hoy me siento como nunca cobijado en ese sitio donde el patriotismo no tiene ocaso y la ilusión vive en permanente aurora.

‘Del testimonio del entonces presidente colombiano Lorenzo Marroquín emana una afirmación inequívoca: La Nación panameña quería su independencia y Estados Unidos la impedía'.

Nación y república son los dos estadios de nuestra historia. No sé cuándo el panameño se hizo nación. Lo que sí sé es que los panameños hicieron su nación. Ninguna potencia extraña puso el barro de su creación. La arcilla germinal que dio cimiento y soplo de vida a la estructura social, fue la de los aborígenes que mezclaron su sangre con la sangre ajena, originando un mestizaje que enriqueció, asimiló o hizo suya desde su nacimiento la cultura autóctona.

La identidad nacional se fue forjando a golpe de sacrificios y de sueños. Esa identidad no fue importada ni la trajeron los corsarios ni los imperialistas. Esa identidad es el fruto de un sostenido empeño por ser y para siempre ser. A lo largo de la historia nunca dejamos de ser panameños.

Panamá, ¿nación inventada? ¡Nunca! Panamá ha sido y es una nación creada, labrada y amamantada en el seno de su propia estirpe. ¿Acaso los disidentes lo son porque desean ignorar lo que es una nación? Ernesto Renán, en 1882, definió con palabras tan hermosas como sencillas la esencia de la nación: ‘Nación es un alma, un principio espiritual, dos cosas que a decir verdad son una sola; una está en el pasado, la otra en el presente; una es la presencia en común de un rico legado de recuerdos, la otra es el consentimiento actual, el deseo de vivir juntos, la voluntad de continuar haciendo valer la herencia que se ha recibido indivisa… Una herencia de glorias y dolores y un mismo programa por realizar… Haber hecho grandes cosas, querer hacerlas en el futuro, he ahí la condición esencial para ser un pueblo'.

Si yo no tuviera una bandera, escribiría sobre un lienzo las palabras de Renán, le pondría colores y esas palabras serían mi bandera porque encarnan, muy vivamente, lo que ha sido y es la Nación panameña.

Acostumbrados como estamos a subestimar lo propio y a glorificar lo extraño, no nos hemos detenido a examinar las hazañas del panameño para conquistar la libertad por razones foráneas y por abusos internos. Para García Morente la lucha por la libertad es lo que determina la existencia de una nación. ¡Pensar que las luchas del panameño por su libertad han sido cruelmente solitarias!

A lo largo del siglo XIX se fue conformando una conciencia independentista que tuvo sus brotes frustrados.

FICHA

Un vencedor en el campo de los ideales de libertad:

Nombre completo: Carlos Iván Zúñiga Guardia.

Nacimiento: 1 de enero de 1926 Penonomé, Coclé.

Fallecimiento: 14 de noviembre de 2008, Ciudad de Panamá.

Ocupación: Abogado, periodista, docente y político

Creencias religiosas: Católico

Viuda: Sydia Candanedo de Zúñiga

Resumen de su carrera: En 1947 inició su vida política como un líder estudiantil que rechazó el Acuerdo de bases Filós-Hines. Ocupó los cargos de ministro, diputado, presidente del Partido Acción Popular en 1981 y dirigente de la Cruzada Civilista Nacional. Fue reconocido por sus múltiples defensas penales y por su excelente oratoria. De 1991 a 1994 fue rector de la Universidad de Panamá. Ha recibido la Orden de Manuel Amador Guerrero, la Justo Arosemena y la Orden del Sol de Perú.

Al abocarse la nación a las nuevas realidades surgidas del 3 de noviembre de 1903, puso como garantía de la independencia todo lo vivido en función de la autonomía del istmo, y fundada en la conciencia del ser se aprestó a la lucha que resultó secular para perfeccionar la independencia.

No podrá existir una República si previamente no hay una nación. Ni la nación es un producto de fábrica para inventarla de la noche a la mañana. Ni es tolerable confundir República con nación. En la República, la nación adquiere el elemento adicional —la soberanía— para convertirse en Estado. La soberanía perfecta o ideal no se adquirió el 3 de noviembre, pero sin el 3 de noviembre no estaríamos hoy celebrando, con soberanía limpia y clara, el Centenario de la República.

Si el 3 de noviembre se dio porque los intereses de Estado Unidos coincidieron con los intereses de la Nación panameña, en el pasado no se dio la independencia porque los intereses de Estado Unidos coincidían con los intereses de Colombia. El Presidente colombiano, Lorenzo Marroquín, así lo sugiere con palabras revestidas de toda autoridad: ‘Preciso es, pues, confesar que si nosotros tenemos el pleno dominio sobre aquel territorio (Panamá), y en especial que si se han desvanecido los temores de perderlo, es debido a Estados Unidos'.

Es la terrible paradoja que revienta en la historia. El 3 de noviembre se produjo porque Estados Unidos no lo impidió y no se produjo antes porque Estados Unidos no lo quiso. Pero del testimonio de Marroquín emana una afirmación inequívoca: La Nación panameña quería su independencia y Estados Unidos la impedía.

A pesar de estas constancias históricas, existen algunos panameños que no se cansan de afirmar que Panamá no configuró una realidad de nación y como tal fue un invento de Wall Street.

En este Centenario, con un presente electoral tan atiborrado de descalificaciones de lo nuestro como República, como nación y como pueblo, hago mías unas palabras de Eusebio A. Morales, escritas en el año 1916:

‘Yo apelo de la manera más leal y patriótica al buen sentido y al honor de mis conciudadanos, apelo al buen sentido nacional para que resolvamos nuestras diferencias en paz, con el auxilio de nuestras leyes y de nuestros propios sentimientos de equidad, porque no hay hombre ni partido que en la balanza de la justicia eterna valga o pese lo que valen y pesan el nombre, el honor y la existencia de la nación misma'.

Esta es la lección moral y cívica del Centenario. Esta es la lección para todos los panameños y sobre todo para aquellos que estiman que su ego es superior al buen nombre y prestigio de la patria.

Ante la presencia espiritual de todos los alfareros históricos de la Nación, de la República y de la soberanía nacional, digo en este día del Centenario:

¡Salud, compatriotas! ¡Salud, con el orgullo de ser panameños!