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09 de Apr de 2020

Nacional

La violencia doméstica: más que un simple dato

Se trata de un tema que requiere ser atendido en la justa dimensión que amerita

La violencia doméstica: más que un simple dato
La violencia doméstica: más que un simple dato

El 25 de noviembre es una fecha que nos obliga, cada año, a recordar un fenómeno con el que hemos aprendido a convivir y lidiar cotidianamente, como si fuese un hecho natural. Se trata de la violencia doméstica o intrafamiliar, como se le denomina, toda vez que ella ocurre en el ámbito de la familia.

Se trata de un tema que requiere ser atendido en la justa dimensión que amerita, según los grados de incidencia que tiene en quienes resultan como víctimas de violencia, independientemente del tipo que sea; en atención al impacto que produce en las distintas esferas como en la salud, la economía, la justicia, la comunidad y la sociedad en su conjunto. Estos dos aspectos, dibujan un escenario que plantea una amplia y compleja gama de problemas que, de alguna manera, se abordan desde las políticas públicas, desde la institucionalidad y desde los múltiples esfuerzos de organizaciones y grupos que trabajan este tema.

No obstante, las familias, lugar donde se presenta este fenómeno, han pasado a un segundo plano del foco de la atención del problema. Desde un punto de vista sociológico, esto es contradictorio, en el entendido que, la violencia doméstica, se sustenta sobre la base del tipo de relaciones sociales que logran establecer hombres y mujeres en la sociedad; unas relaciones sociales caracterizadas por el grado de subordinación que exista y por el poder y dominio que se ejerza en dicha relación, características propias de la cultura androcéntrica, que persisten a lo interno de las estructuras en nuestra sociedad.

Las familias, han sido identificadas como agrupaciones sociales que deben cumplir fundamentalmente con funciones asociadas a dos ámbitos de la vida humana. En la esfera de lo material, proveer todo lo necesario para la propia subsistencia de los integrantes de la familia; y en la esfera de lo emocional, asegurar y proveer los afectos que envuelve la vida de quienes integran este núcleo fundamental para cualquier sociedad.

Podría decirse que la primera de las funciones a cumplir, desde el ámbito de lo material, en una sociedad como la panameña, caracterizada por la desigualdad e inequidad en la distribución de las riquezas, colocará en situaciones y circunstancias muy difíciles a buena parte de las familias panameñas. Asimismo, presenta dilemas que pondrán a las familias en situaciones tensas a lo interno de las mismas, y que pueden determinar el tipo de relaciones sociales que allí prevalezcan.

En el nivel emocional, relacionado con el mundo de los afectos, es decir, la formación de unas bases sólidas en los valores fundamentales que deben prevalecer en la conducta y el comportamiento del ser humano para el resto de su vida, que harán de él o de ella una persona con principios sustentados en el amor, el respeto, la honestidad, la solidaridad, entre otros, es quizás una de las funciones más descuidadas en nuestra sociedad.

Tal vez, la velocidad de los cambios que ocurren a lo interno de nuestras sociedades, en todos los campos: sociales, culturales, económicos, políticos; la preeminencia que se otorga al área de lo material en sociedades tan competitivas como la nuestra, en que vale más lo que poseo en vez de quien soy; la vorágine a la que nos hemos tenido que enfrentar en cuanto medios para comunicarnos, que nos instan más a subirnos a la ola para así ser aceptados por el resto, independientemente de la generación a la que pertenezca, hace que finalmente nos olvidemos de otras formas de comunicación a lo interno de nuestras familias.

Este es uno de los principales dilemas que debemos asumir como sociedad, pues en la medida que descuidemos los patrones de crianza en las familias, es decir, la manera como educamos a nuestros hijos e hijas, en esa misma medida seguiremos reproduciendo patrones culturales que generarán ciclos de violencia difíciles de romper.