La Estrella de Panamá
Panamá,25º

19 de Sep de 2019

Nacional

La campaña de 1952 y el clientelismo en la política panameña

En 1952, la candidatura presidencial del coronel José Antonio Remón se sustentó sobre una hábil estrategia política, manipulativa y clientelista, que en lo sucesivo se convertiría en referente para los que quisieran ganar elecciones a toda costa

La campaña de 1952 y el clientelismo en la política panameña

En el transcurso de la campaña política de este 2019, son muchas las ocasiones en que se ha escuchado a los panameños preguntar el origen de la deformación de los procesos democráticos locales, contaminados por vicios como el clientelismo y la compra de votos.

Son preguntas que hacen recordar a la magistral novela Conversación en la Catedral , en la que el personaje de Zavala o ‘Zavalita' se dedica a escrutar cuidadosamente la historia de su país en busca de una respuesta a la duda que lo inquieta: ¿en que momento se jodió el Perú?

Probablemente en Panamá, como concluirán los personajes de la obra del genial Mario Vargas Llosa, el germen de la corrupción vino inserto en las entrañas históricas y culturales del país. Sin embargo, es innegable que algunos episodios marcaron un giro hacia peor (como sin duda otros lo marcaron hacia mejor).

Si hiciéramos un ejercicio similar en la historia electoral panameña, veríamos que desde las mismas elecciones de 1908 y 1912, los panameños pedían a los estadounidenses que pusieran orden en las disputas del patio, lo que se arraigaría en prácticas intervencionistas durante las décadas siguientes.

Si habláramos de la interferencia militar en los procesos electorales, en el año 1940, como en ocasiones previas, la Policía Nacional intervino claramente a favor de su candidato favorito, disolviendo las manifestaciones opositoras, persiguiendo a los líderes políticos e incluso obligando al candidato presidencial, el honorable Ricardo J. Alfaro, a renunciar.

En el año 1948, la Policía Nacional apoyó abiertamente la candidatura de Domingo Díaz Arosemena en detrimento de la de Arnulfo Arias Madrid, y probablemente hasta apoyó el fraude electoral que colocó al primero, ya septuageniario, en el Palacio de las Garzas.

¿Fue alllí Zavalita? ¿Fue allí? No. Vendrían episodios aun más oscuros.

Sin duda, una campaña que dejó su huella como una de las más manipulativas de la historia nacional fue la de 1952. En ella, por primera vez, de forma descarada, se institucionalizó el clientelismo y el cambio de votos por bienes materiales.

LANZAMIENTO

Cuando lanzó su campaña para la presidencia, en octubre de 1951, el coronel José Antonio Remón tenía apenas 43 años de edad, pero había recorrido un largo camino.

Después de una carrera meteórica en el cuerpo policial, se convirtió en comandante de la Policía Nacional en 1947.

Sería entre los años 1948 y 1951, cuando asumiría máximo protagonismo al convertirse en el ‘hombre fuerte' y árbitro indiscutible de la política, ganándose el apodo de ‘el que quita y pone presidentes a su antojo'.

La fama estaba bien ganada. En 1949, protagonizó su primer escándalo nacional, al ser reveladas a través de una serie de publicaciones periodísticas la conexión de Remón con negocios turbios relacionados con la carne y el abattoir.

El entonces presidente Daniel Chanis, un novato en política nacional, que solo llegó a gobernar brevemente tras el deceso del presidente Domingo Diaz, lo destituyó y reemplazó como comandante. Pero Remón se negó a aceptar la orden y, en su lugar, amenazó con sacar a este a balazos del Palacio de las Garzas.

Para no promover un derramamiento de sangre, Chanis optó por renunciar, dando paso al vicepresidente Nino Chiari, pero, apenas horas después, la Corte Suprema de Justicia objetó la movida, por considerar que la renuncia de Chanis había sido hecha por la presión del comandante.

Decidido a no dejarse intimidar, Remón impulsó el tal vez más bochornoso acto de la historia política del país: un recuento de votos de las elecciones realizadas dos años antes. El resultado fue el que había esperado la ciudadanía desde el principio: en 1948 no había ganado Domingo Díaz sino Arnulfo Arias.

Pero Arias tampoco duraría mucho tiempo en el Palacio presidencial. Apenas un año y medio después, fue destituido por la Asamblea Nacional y la Corte Suprema de Justicia por extralimitación de funciones. Para implementar la orden, Remón lanzó un ataque armado contra el Palacio de las Garzas.

En octubre de 1951, con el arnulfismo, la entonces principal fuerza política del país, en la zozobra por el arresto de su líder, el comandante anunciaba desde Los Santos que no quería ser ‘policía toda la vida', y que aceptaba el reto de lanzar su candidatura a la Presidencia.

Su pasado oscuro quedaba atrás.

CAMPAÑA DE REMÓN

En el año 1952, la situación económica del país era caótica. Después de la bonanza impulsada por la II Guerra Mundial, cuando Panamá llegó a gozar de una tasa de desempleo de 1.2%, la economía inició un periodo de deterioro. En 1951, el desempleo había subido al 12%, siendo peor en las ciudades de Panamá y Colón.

El saliente presidente Alcibiades Arosemena (quien sustituyó a Arnulfo Arias) reconocía que la situación empeoraba en lugar de mejorar. El desempleo aumentaba, los depósitos bancarios declinaban lo mismo que el circulante y las ventas al por menor. El gobierno de Arosemena recortó la mayor parte de los proyectos de inversión y disminuyó los salarios de las empleados públicos.

En este ambiente de precariedad económica, y en plena Guerra Fría, el pueblo se organizaba, y se manifestaba a través de protestas, marchas, manifestaciones y huelgas. Era el tiempo de la Federación de Estudiantes de Panamá, del Magisterio Panameño Unido, del Frente Patriótico de la Juventud. La clase obrera se organizaba, pero los legítimos movimientos de reinvindicación, enla era del macartismo, eran etiquetados como producto de la infiltración comunista.

Con su pasado militar, Remón se presentaba como el Eisenhower criollo, y se proclamaba como ‘el único capaz de salvar al país del caos que provocaban los comunistas'.

El comandante tenía el apoyo de la Policía Nacional, un cuerpo que le era fiel —él mismo lo había renovado, mejorando los salarios y el orgullo e identidad de sus miembros—.

También tenía el apoyo de algunos de lo grupos políticos y económicos poderosos del país, agrupados en la Coalición Patriótica Nacional, formada por el partido Nacional Revolucionario, el Unión Popular y Liberal, Renovador, y Revolucionario Auténtico.

Como sus vicepresidentes eligió a José Ramón Guizado y Ricardo Arias Espinosa.

MENSAJES DE CAMPAÑA

A través del testimonio todavía vivo de las páginas del Diario La Nación , del cual Remón era socio, se pueden hoy estudiar los mensajes hábilmente concebidos que impulsaron él éxito de su campaña política.

‘Los que pregonan a los cuatro vientos libertad, deben comprender que es la doctrina remonista la única que puede dar una libertad al pueblo panameño, entendida no como un soberbio dejar hacer, sino como parte integrante de un patrimonio de seguridad a que tiene derecho el individuo dentro de la sociedad', decía un columnista de La Nación durante la campaña electoral.

En el diario también se pueden observar la ligereza con que se acusaba de ‘comunista' a todo aquel que no respaldara a su campaña, desde la coalición opositora liderada por Chiari, los movimientos obreros, y hasta los padres de familia que protestaban en las escuelas de  sus hijos.

El discurso incendiario que caracterizaba la campaña de Remón —que incluso acusaba a los chiaristas de ordenar su asesinato y el de su esposa Doña Cecilia Remón— se yuxtaponía en las páginas de La Nación con  artículos en los que se promovía el futuro de tranquilidad, respeto y justicia que supuestamente traería el gobierno de Remón.

DOÑA CECI

Pero la clave indiscutible del éxito de la campaña de Remón era Doña Cecilia Pinel. Supuestamente fue ella quien le sugirió los lemas de ‘Ni limosnas ni millones, queremos justicia' y ‘De frontera a frontera con Remón Cantera', al que se le unía la campaña de ‘asistencia social' que ella dirigía y que le hicieron ganar el apodo, supuestamente espontáneo, de ‘la Dama de la Bondad'.

Si los mensajes de Remón eran ‘mano dura', fortaleza, orden, el complemento perfecto eran la giras de ‘Doña Ceci', una mujer hermosa y carismática que llegaba en caravana con su equipo a todos los rincones del país, ofreciendo almuerzos, regalando máquinas de coser, pailas, y otros, y prometiendo que, al llegar a la presidencia, seguiría con sus campañas de asistencia social.

‘Donde llega doña Cecilia, se acabó el dolor del pueblo', insistía La Nación .

Las elecciones se efectuaron el 11 de mayo de 1952. Con los representantes de la Coalición Patriótica Nacional dominando la Junta Nacional de Escrutinios, se anunció el resultado de la votación en junio de 1952.

Remón fue electo por 80,600 votos, el 62% de los más de 133 mil emitidos.

(Versión corregida)