La Estrella de Panamá
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23 de Sep de 2019

Nacional

10 de junio de 1978: ¡Viene el hombre!

Tres gobiernos panameñistas se han sucedido en el poder después de la invasión de Estados Unidos, donde el 10 de junio la han pasado por alto, y representa la primera estocada a la dictadura militar

Después de la firma de los Tratados Carter-Torrijos, parte de las imposiciones que impuso el presidente Jimmy Carter para la firma de dichos tratados, era el retorno de los exilados panameños. Y entre los exilados se encontraba el Doctor Arnulfo Arias Madrid. Cursaba sexto año en el glorioso Colegio Secundario Pedro Pablo Sánchez de La Chorrera.

‘10 de junio- Viene el Hombre', acompañada de una fotografía con su mano derecha en alto, se leía en las volantes que se repartían por todas partes. En Santa Ana era la cita. Los jóvenes que teníamos entre 18 y 21 años no conocíamos la democracia, y muchos escuchábamos el nombre de Arnulfo Arias, pero nunca lo habíamos visto.

En mi caso, quería ver personalmente a Arnulfo Arias, pero había un inconveniente: ‘estaba advertido por mis padres que no asistiera a esa llegada de Arnulfo', pero el 10 de junio ‘sería un día histórico y muchos lo calificaban como la primera estocada a la Dictadura', y no me lo podía perder.

La dictadura permitió el regreso para un día no laboral, ya que no permitiría el cierre de clases, para que el pueblo panameño recibiera al último Presidente democrático que tuvo Panamá en los comicios del 5 de mayo de 1968.

Meses antes, ya de vez en cuando y en voz baja soltaba el estribillo: ‘Viene el Hombre' con el signo de V en alto, algunos compañeros, se reían otros no le prestaban atención al asunto y otros tomaban distancia. A algunos profesores que les decía ‘Viene el hombre', no les gustaba el asunto.

Un solo anuncio pagado en La Estrella de Panamá salió el día jueves 8 de junio de 1978, en una página entera con la foto de Arnulfo Arias en grande con el anuncio: ‘El 10 llega El Hombre-Doctor Arnulfo Arias Madrid-Recíbelo en la Avenida Central a las 3 de la tarde-Partido Panameñista. La misma tenía el logo del cántaro'.

Ese jueves en horas de la mañana llego mi padre con los periódicos, y vi la página del anuncio: cuando el leía el periódico donde se convocaba al Parque de Santa Ana para la llegada de Arnulfo el 10 de junio. Después que se retiró, tome el periódico y arranque la hoja de La Estrella de Panamá. Lo guardé para la historia y me la lleve al colegio. ‘No vayas a esa manifestación', me era advertido por mis padres constantemente.

Ese día coloqué la hoja del periódico, y conseguí tape y pegue la página en la puerta y me fui a mi asiento. Ningún compañero me dijo nada. Entra la Profesora Pastora Guevarra de Díaz, y se va a su asiento y una vez acomodada en el pupitre, mira a la izquierda y ve la fotografía de Arnulfo y pega el grito: ‘Sánchez, salga del salón y llévese su periódico', levantándome enseguida, retiro la hoja, y me voy a la Biblioteca.

Sábado 10 de junio de 1978

Llegado el día, en horas de la mañana salgo hacia Panamá, ya que alguien pasó y me dijo que se decía de no dejar que los buses salieran a Panamá de parte del gobierno, Ya en Chiriquí el Ejecutivo estaba suspendiendo la circulación de los buses y en otras partes del país. Sin embargo, pude tomar mi bus hacia Panamá.

Llegue a Santa Ana alrededor de las 1:00 pm, y la cantidad de personas que había, era sorprendente, aún con el fuerte aguacero que cayó ese día.

La Estrella de Panamá en su edición del lunes 12 de junio calculó en cuarenta mil los asistentes. ‘La Plaza de la Democracia', siempre escuche esa frase en relación a Santa Ana.

Personas mayores, con banderas e imágenes de Arnulfo, y en los balcones, banderas que se agitaban todas mascadas, como si los hubiera guardado por años debajo del colchón desde el 11 de octubre de 1968. Una ovación, y era que el avión había llegado al Aeropuerto de Paitilla con el Doctor Arias, donde el Estado Mayor envió al Capitán Arnulfo Castrejón García, ahijado de Arnulfo, quien luego de los saludos y ofrecer seguridad, le dijo: ‘No necesito soldaditos de plomo, Usted ha cumplido con su deber, cumpla con retirarse, mi pueblo me cuida'. En mi recorrido, vi señores mayores con sus pancartas, y viejas banderas del panameñismo. Ya cuando se acercaba la llegada de Arnulfo a Santa Ana, me encontraba a la altura de Gran Morrison, y vi la bajada de Arnulfo del pickup que lo traía. La seguridad no permitía que la gente se le acercara, pero la muchedumbre cerraba el paso.

Decido irme a un punto donde debía doblar el Doctor Arias para caminar al gacebo. Una vez que pasa, me voy detrás de ellos. Al llegar a la escalera y comienza a subir, sigo detrás de ellos y mientras entraba Arnulfo al gacebo, logro violar la seguridad y entro al gacebo. Al entrar me encuentro con mi primo Rodrigo Sánchez, Eduardo Rodríguez, José Manuel Faundez Padre, Fabian Echevers-que eran representantes de los Abogados Independientes-, al único que conocía era a Rodrigo. Me dijo ‘¡Ey tu qué haces aquí!' seguido de ‘quédate aquí', por supuesto me quede al lado de él. De repente empiezan a repartir copia del discurso. Se asoma Arnulfo al público y una ovación total y los gritos de ‘Viva el Doctor Arnulfo Arias', ‘Viva el Presidente de la República', y tantos gritos que se escuchaban. Una llamada de atención del moderador: ‘señoras y señores, guarden silencio, se ha de dirigir al país el tres veces Presidente de la República de Panamá, Doctor Arnulfo Arias Madrid, lo cual pedimos hacer un silencio'.

Un silencio total, y la muchedumbre atenta a las palabras.

Miguel Antonio Bernal, nunca ha olvidado ese día en Santa Ana, y si existen momentos en la vida que nunca se olvidan, para Bernal ese fue uno de ellos. Bernal logro treparse a la barandilla de un camión, para alcanzar a ver. Recuerda que Arias blandió un gesto logrando que la gente declinara hacia un silencio increíblemente sumiso; luego Arnulfo trono: ‘Pueblo Panameño...', pero no pudo seguir. La algarabía lo desbordaba. Mientras ese delirio crecía con contagio, un devoto decidido a no perderse detalle alguno, halaba desde abajo y con desesperación, la parte inferior del pantalón de Bernal. A este no le quedo otra opción que mirar hacia abajo y escuchar mientras el hombre preguntaba exasperado: ¿Qué dijo? ¿Qué dijo? Bernal solo atino a responder: ‘Dijo Pueblo panameño' y la persona estallo en tan delirantes gritos de ‘weeeeee', que aún se pueden escuchar en los predios del Parque de Santa Ana.

Vuelve el silencio. Cito de memoria parte del célebre discurso: ‘y si la maldad y la infamia del Traidor Máximo no fuera suficiente, se presto para vender la patria por unas cuantas monedas como Judas vendió a nuestro Señor Jesucristo, y como Judas en su ignorancia trata de huir de su propia conciencia adormeciéndose con los fluidos alcohólicos y de narcóticos'.

Y todos los presentes dentro del gacebo seguíamos el discurso en la lectura de las páginas que unas cuantas horas antes nos estregaron, aunque en momentos Arias agregaba de su cosecha.

En un momento las masas gritaban: ‘Presidencia, presidencia' y nos dice Rodrigo: ‘¿Y si el Doctor dice Vamos?

Terminado el discurso, me encontraría con Guillermo Sánchez Borbon que iba con un grupo de amigos, y como no pudimos entrar al Café Coca Cola, Rodrigo y yo nos dirigimos al Restaurante La Puñalada.

Cuarenta y un años después

Tres gobiernos panameñistas se han sucedido en el poder después de la invasión de Estados Unidos, donde el 10 de junio la han pasado por alto, y representa la primera estocada a la dictadura militar de Torrijos y donde han olvidado la Doctrina panameñista, causa de la peor derrota electoral en la historia del Partido Panameñista.