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10 de Dec de 2019

Nacional

La nación y los valores cívicos

La sociedad enfrenta problemas políticos, morales y económicos de todo género y para resolverlos resultaba urgente la acción de todos los gremios cívicos, incluyendo, por supuesto, los sindicales... Las glorias son las conquistas, los derechos, los de los hombres y los de los pueblos. Los deberes serían el anverso de los derechos. En el conocimiento de los deberes radica la perennidad de los derechos...

La nación y los valores cívicos

Hace algún tiempo escribí un artículo recomendando a las organizaciones cívicas del país una mayor participación en los quehaceres de la vida pública. Alegaba que tales organizaciones recogían una buena cantidad de jóvenes talentosos que no debían consagrarse exclusivamente a la solidaridad con el prójimo desvalido.

La sociedad, decía entonces, enfrenta problemas políticos, morales y económicos de todo género y para resolverlos resultaba urgente la acción de todos los gremios cívicos, incluyendo, por supuesto, los sindicales.

En la hora actual las entidades sociales tienen un amplio margen de participación. Se trata de un protagonismo absolutamente idealista y sus dirigentes son muy prudentes y no convierten sus actuales posiciones cívicas en antesalas de cargos burocráticos de carácter político. No ocurría así en los primeros tiempos de la dictadura militar. Algunos dirigentes cívicos aprovecharon sus cargos en los gremios para saltar a codiciadas plazas del Gabinete. Al no mediar hoy cálculo subalterno y egoísta específico, las campañas humanitarias de las organizaciones cívicas son vistas con gran simpatía y materialmente han contado con el creciente apoyo de la comunidad.

Una de estas campañas se concreta en la promoción de los valores cívicos y morales de la nación panameña. Se trata de una incursión amplia y retadora en un campo minado por la corrupción. El propósito de crear una conciencia nacional afirmativa en defensa de los valores cívicos y morales debe contar con el respaldo fervoroso de la población decente del país y sobre todo de los medios de comunicación. Sin ese respaldo, la campaña sería una avecilla sin alas e inerme en medio de buitres con alas, picos y garras completos.

Es obvio que la cartilla sobre los valores cívicos y morales es amplia. Por razones didácticas podría definirse como una lucha por los derechos humanos e invocar dicha cartilla como labor fundamental de toda la nación. Aunque parezca innecesario, la primera faena sería divulgar el significado de los derechos humanos. Una vez claramente divulgado, la tarea sería engarzarlos con los objetivos espirituales de toda la nación. Sería estimulante que toda la sociedad tuviese conciencia de que nación y derechos humanos son una misma cosa. Se concretaría el significado de nación al estilo de Ernesto Renán: ‘una herencia de gloria y de deberes y un mismo programa que realizar'.

Las glorias son las conquistas, los derechos, los de los hombres y los de los pueblos. Los deberes serían el anverso de los derechos. En el conocimiento de los deberes radica la perennidad de los derechos.

En lo que se debe hacer énfasis en este país es que nación ‘es un mismo programa que realizar'. Lo reiteró el filósofo español Ortega y Gasset: ‘no se convive por estar, sino para hacer juntos algo'.

Nehru, el gran estadista de la India, fijó la pauta de los procedimientos: ‘caminar, ascender viendo la meta, como el alpinista que ha sabido divisar con antelación el pico de la montaña'. Hacerlo juntos, discutirlo juntos, como corresponde al estudio y solución de los problemas de Estado y a los concernientes a la degeneración moral de la sociedad y del hombre. Salvo que se insista en el error histórico de conducir a la nación como botín de transitorias camarillas en el ejercicio del poder.

La lucha por los derechos cívicos y morales tiene sus episodios enaltecedores. Entre nosotros existen miles de compatriotas que merecen un reconocimiento por la trayectoria de sus vidas. Los clubes cívicos llevan catorce años distinguiendo simbólicamente a nueve personas como dignas de un reconocimiento púbico. La selección no procura montar una feria de vanidades ni tiene el propósito de hinchar los egos. Es un honor que se acepta como si se dispensara por igual a esos millares de panameños que llevan vidas dignas de emulación. Es lo que humildemente sintieron los favorecidos con el reconocimiento cívico. En esta ocasión recibieron un tributo de solidaridad Berta Cheng, Pachis Arias de Paredes, Carlos Smith, Néstor Darío Jaén, Virgilio Olivardía, Jaime Ingram, Felipe Rodríguez, César De Sedas y quien escribe esta crónica.

Si se tratara de interpretar el estado de ánimo de los homenajeados, éste reflejaba los efectos de un honor que se compartía necesariamente con todos los panameños que se identifican con la misión altruista y patriótica de los clubes cívicos.

En el acto, llevado a cabo con escasa divulgación mediática, el 20 de febrero en curso, en el Convento de las Monjas de la Concepción del Conjunto Monumental de Panamá Viejo, para estar a tono con la Comisión Nacional Pro Valores Cívicos s y Morales recordamos al panameño José De Obaldía, expresidente de Colombia, quien al rendir su informe al Congreso colombiano, el 1 de febrero de mil ochocientos cincuenta y cinco, dijo solemnemente: ‘mi administración no olvidará jamás que la honradez es la mejor política'. Es la mejor política de los mandatarios, de la sociedad y de los ciudadanos. Lograrlo, por lo visto, es lucha vieja, planteada hace 151 años por De Obaldía, y hoy, es propósito indeclinable de la Comisión Pro Valores Cívicos y Morales.

FICHA

Un vencedor en el campo de los ideales de libertad:

Nombre completo: Carlos Iván Zúñiga Guardia.

Nacimiento: 1 de enero de 1926 Penonomé, Coclé.

Fallecimiento: 14 de noviembre de 2008, ciudad de Panamá.

Ocupación: Abogado, periodista, docente y político

Creencias religiosas: Católico

Viuda: Sydia Candanendo de Zúñiga

Resumen de su carrera: En 1947 inició su vida política como un líder estudiantil que rechazó el acuerdo de bases Filós-Hines. Ocupó los cargos de ministro, diputado, presidente del Partido Acción Popular en 1981 y dirigente de la Cruzada Civilista Nacional. Fue reconocido por sus múltiples defensas penales y por su excelente oratoria. De 1991 a 1994 fue rector de la Universidad de Panamá. Ha recibido la Orden de Manuel Amador Guerrero, la Justo Arosemena y la Orden del Sol de Perú.