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21 de Sep de 2019

Nacional

Ricaurte Soler y la importancia del pensar crítico y teórico

"Es necesario reencontrarse con la obra soleriana para trascender del cuadrado al poliedro; solo sobre hombros de gigantes, sobre el coloso Ricaurte Soler podremos ampliar nuestros horizontes críticos y teóricos"

‘La función revolucionaria de la filosofía, como pensamiento fecundante de la praxis, desaparece en los claustros. El prerrequisito de la filosofía académica en la etapa imperialista es el no cuestionamiento del sistema. De ahí que la filosofía se convierte en saber de ‘profesionales', de especialistas', Ricaurte Soler (1991:77-78)

Soler se está convirtiendo en un mito. El mito organiza y explica lo que está más allá de lo evidente. Ricaurte Soler es el pensador crítico más importante de la segunda mitad del siglo XX en Panamá. Un pensador crítico, como diría el filósofo vasco Xabier Insausti, es el crítico social que no busca rentabilidad política inmediata, es quien perfora el sistema, en nuestro caso local vinculado al colonialismo y al imperialismo. Dar respuestas más allá de la coyuntura fue uno de los objetivos de Soler y, en ese sentido, rescatamos su pensar teórico. Con raras excepciones, este pensar está ausente en nuestro modo de investigar y producir conocimiento. La especulación filosófica no la percibimos y el corte crítico tampoco. El vuelo teórico de Soler nos permite ver los procesos y enfatizar en los acontecimientos.

La producción de Ricaurte Soler nos muestra su peso teórico. Enrique Semo, Pablo González Casanova, Arturo Ardao, René Zavaleta, entre otros, fueron sus pares. En nuestro medio el interés y resalto de Soler es mínimo. El reciente libro El pensamiento crítico de Ricaurte Soler (2019) y el número 163 de la revista Tareas será en conmemoración de los 25 años de su fallecimiento, intentan llenar ese vacío. Es necesario reencontrarse con la obra soleriana para trascender del cuadrado al poliedro; solo sobre hombros de gigantes, sobre el coloso Ricaurte Soler podremos ampliar nuestros horizontes críticos y teóricos.

Soler nunca fue profesor en el Departamento de Filosofía. Sin embargo, es el filósofo e historiador de las ideas panameño más citado y estudiado internacionalmente. Moreno Davis en su libro Historia, espíritu y autenticidad de la Filosofía en Panamá y panameña — que, dicho sea de paso, amerita una actualización —dedica algunas líneas al respecto. Moreno Davis trató la disputa en que Ariosto Ardila le ganó la cátedra de Introducción a la Filosofía a Soler por créditos. La situación lo resumimos con la siguiente cita ‘El Departamento de Filosofía perdió así un buen profesor de filosofía; pero los latinoamericanos ganaron un excelente investigador de la historia de las ideas de América' (Moreno Davis, 2006, p. 57).

Su trabajo de licenciatura Pensamiento panameño y concepción de la nacionalidad durante el siglo XIX. Para una historia de las ideas en el Istmo, para optar al título de Filosofía e Historia, fue dirigido por el ensayista Rodrigo Miró. En principio lo dirigiría el historiador Carlos Manuel Gasteazoro, pero por motivos de estudios en el extranjero, recomendó a Miró para que lo supliera. En muestra de agradecimiento Soler le dedicaría su enjundiosa obra de juventud El positivismo argentino publicado en 1959, cuando apenas tenía 27 años.

Sus estudios propiamente filosóficos son breves y densos ensayos. Su interés por la Filosofía está marcado por la dialéctica, por el materialismo en función de un pensar revolucionario con ‘la misión de humanizar al mundo transformándolo' (Soler, 1989, p. 36). Entre 1960 y 1973, desde Materialismo e idealismo hasta Estudios filosóficos sobre la dialéctica pasando por modelo mecanicista y método dialéctico, hizo referencia constante a esa temática. En un texto poco estudiado, Tradición, reflexión y enseñanza de la Filosofía en Panamá (1991), explicó su visión histórica de la Filosofía y cómo la filosofía profesional academicista ‘aparece como una instancia más de los aparatos ideológicos de la dominación'.

Su campo predilecto de trabajo fue la Historia de las ideas, desde la tesis de licenciatura en 1954 sobre Justo Arosemena y la doctoral de 1958, sobre el positivismo argentino. Este último texto fue, según Arturo Andrés Roig, fundamental en el despertar de ese filosofar de nuestra América liberador. Soler es un referente ineludible, sobre todo en México y Francia. Esta temática es importante porque visibiliza temas, núcleos problemáticos y autores que son encubiertos por el eurocentrismo predominante. Soler murió prematuramente en 1994. Hoy hubiese estado en medio de los debates como en su momento mantuvo con Gunder Frank. Probablemente hubiese criticado el giro decolonial, a Quijano y Dussel, en ese sentido estaría más cercano a Horacio Cerutti.

La historia de las ideas tiene que reinventarse, estar en permanente movimiento, poniendo en crisis sus propios conceptos. Por eso es imperante re-valorar este ámbito del saber, para dar cuenta del desarrollo y dinámica de nuestro pensamiento. En esta línea, Soler rescató a Justo Arosemena, figura decimonónica central para nuestro tiempo; editó, prologó e introdujo Apuntamientos para la introducción a las Ciencias Morales y Políticas. El primer capítulo está dedicado a la factología, 4 años antes del Discurso sobre el espíritu positivo de Augusto Comte, ya Arosemena trataba temas fundamentales para el positivismo naciente. ¿Por qué no estudiarlo como fundamento de las Ciencias Sociales y Sociología? Hay otros temas importantes en el hacer arosemeniano, como la descentralización, pero interesa evidenciar lo relacionado a las Ciencias Sociales y la Sociología o ¿será que nuestro eurocentrismo no lo permite?

El pensar de Soler es de nuestra América. Su obra de mayor enjundia Idea y cuestión nacional latinoamericana, de la independencia a la emergencia del imperialismo, nos invita a reflexionar a fondo la integración. Ante el permanente acoso de los intereses geopolíticos debemos hacer una ‘reconstrucción histórica' para tomar conciencia de nuestro rol en el mundo. Soler estuvo convencido de la retrospectiva, de la necesidad de Bolívar y Martí entre otros, para aclararnos las urgencias del presente.

A lo dicho por Insausti sobre el pensamiento crítico cabría agregar lo planteado por Alberto Saladino García, para quien ‘es factible conceptualizar el pensamiento crítico como todo planteamiento intelectual producto de análisis, interpretaciones y problematizaciones racionales acerca de las manifestaciones de la realidad, sus fenómenos, situaciones e ideas, para generar cuestionamientos, juicios y propuestas orientadas a la promoción de cambios y transformaciones en beneficio de la humanidad' (Saladino García, 2012).

En nuestro medio, fue Soler quien más se aproximó a esa conceptualización. Sin duda, su nombre debe ser habitual en la academia, en particular entre quienes están vinculados a las Ciencias Sociales y las Humanidades. Una forma de reconocer el trabajo de Soler sería ponerle a la Universidad Autónoma de Chiriquí su nombre como sugiere el doctor Mario José Molina Castillo. Por sus elevados aportes al campo de la Historia y la Filosofía. Por el momento solo nos corresponde visibilizar al maestro en su estimulante esfuerzo por pensar crítica y teóricamente ante la indigencia intelectual de nuestros tiempos.

‘El Departamento de Filosofía perdió así un buen profesor de filosofía; pero los latinoamericanos ganaron un excelente investigador de la historia de las ideas de América'