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21 de Jan de 2020

Nacional

Rafael Castro y Ordoñez y su visión de Panamá en el siglo XIX

El artista capturó algunas de las primeras fotografías conocidas de Panamá y la isla de Taboga. Llegó al istmo en 1863, como parte de la Expedición Científica del Pacífico

Rafael Castro y Ordoñez y su visión de Panamá en el siglo XIX

“Nada es tan bello como la verdad” fue el lema que el artista español Rafael Castro y Ordoñez heredó de sus maestros. A diferencia de otros pioneros de la fotografía que visitaron el istmo en el siglo XIX, él no pretendía presentar la realidad idealizada, sino en su esencia.

El pintor, dibujante y fotógrafo llegó a las costas panameñas el 12 de agosto de 1863 como parte de la Expedición Científica del Pacífico. Con la rudimentaria técnica disponible en el momento, capturó las primeras imágenes conocidas de la isla de Taboga y algunas de las primeras de la ciudad de Panamá, que nos permiten un vistazo al país en un momento en que se disfrutaban algunas pocas ventajas de lo que hoy conocemos como vida civilizada.

Rafael Castro y Ordoñez y su visión de Panamá en el siglo XIX

La expedición española

Treinta años después de la pérdida de sus colonias en América, España atravesaba un periodo de transición y decadencia; la reina Isabel II cedía poder político al parlamento; como en el resto de Europa, la burguesía tomaba auge; el capitalismo despegaba y se iniciaba un proceso de globalización. No menos importante, triunfaba en la península el romanticismo, con su gusto por la libertad, la experimentación y la ruptura de barreras.

Rafael Castro y Ordoñez y su visión de Panamá en el siglo XIX

Los descubrimientos científicos y geográficos estaban de moda. La Expedición Científica del Pacífico, una de las primeras y más importantes expediciones fotográficas de la historia, fue concebida con la idea de elevar el prestigio de España (sería el equivalente al lanzamiento de un satélite en los primeros tiempos de la carrera espacial).

El propósito explícito de la expedición era estudiar los territorios bañados por el mar Pacífico; los miembros de la comisión científica debían ser embajadores culturales de una España Moderna, actores de una empresa encaminada a atraer a las naciones americanas a un proyecto de confederación (panhispanismo).

Castro y Ordoñez era solo un auxiliar. Las estrellas de la expedición eran tres zoólogos, un geólogo, un botánico y un antropólogo españoles. Como artista y fotógrafo, su labor consistía en acompañar y documentar la labor de los científicos en la recolección de especies, sacar vistas de montañas, cortes de terreno, aspecto general de la vegetación, etc.

Rafael Castro y Ordoñez y su visión de Panamá en el siglo XIX

El gobierno le proveyó dos cámaras de fuelle, una para placas de formato 18 x 24 y la otra de cuarto de placa que también disponía de un pie de campaña.

Rafael Castro y Ordoñez

Rafael Castro provenía de una familia de artistas, y tenía una formación de primera —había estudiado en la prestigiosa Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y más tarde en Madrid en el taller de León Cogniet—. Era un hombre de mente abierta, moderna y cosmopolita y de reconocido talento, pero también de carácter difícil. De él se decía que era díscolo, y al parecer sus compañeros de expedición lo detestaron. De hecho, debía tener problemas emocionales, pues, pocos meses después de su regreso a España, murió por suicidio.

Panamá

La expedición partió del puerto de Cádiz en agosto de 1862 y tras un extenso recorrido por las costas sudamericanas, llegó al istmo por la costa del Pacífico un año después.

Rafael Castro y Ordoñez y su visión de Panamá en el siglo XIX

La escuadra fondeó la noche del 12 de agosto de 1863 en Taboguilla, desde donde se distinguían las luces de Taboga (ver “La obra de Rafael Castro y Ordoñez, fotógrafo de la Expedición Científica del Pacífico”, tesis doctoral de Sara Badía-Villaseca).

A veinte kilómetros de Panamá, las islas de Taboga y Taboguilla ofrecían entonces ventajas como puerto, por razón de las mareas y por su clima más salubre, aparte de que allí se encontraba el depósito de carbones de la compañía inglesa de la que se iba a abastecer la escuadra.

Diario del viaje

En sus apuntes de viaje, publicados posteriormente por El Museo Universal, en España, Rafael Castro ofrece un valioso testimonio del Panamá de la época. Sus descripciones sobre la ciudad, sus calles, la isla de Taboga, y hasta de las mujeres, aunque teñidas de prejuicios y la mentalidad de la época, resultan interesantes y pintorescas.

Castro describe a Panamá como “una gran ciudad arruinada”, con calles estrechas, casas de balcones algo antiguos; tiendas sucias y malolientes, edificios en ruinas, en cuyas paredes crecían hierbas y arbustos.

“Panamá tiene bastante comercio, pero dicen que está algo paralizado desde una degollina de yankees (¿Tajada de Sandía?) que creo tuvieron, además de que parece que siempre están armando bochinchas o alborotos”.

“Los templos están casi arruinados, incluso la catedral. La policía, ninguna; no existe alumbrado municipal, los particulares ponen faroles, bombillas de buque y lo que mejor les parece. Indudablemente que estas dos repúblicas visitadas (Ecuador y Colombia) son las que están más atrasadas…. La libertad es aquí un mito, una ilusión, un conjunto de anacronismos. Son dos o tres hombres con un partido, que se tiranizan por temporadas de la manera más arbitraria”.

“La antigua catedral (es) de notable arquitectura pero descuidada exteriormente y desaseada en su interior; … en sus paredes se notan numerosas galerías de comején. Igual aspecto presentan las iglesias completamente cerradas al culto.”

“Su población consta de pocas familias blancas y de un considerable número de gente de color, libre, que seguramente desea vengar su pasada esclavitud con sus maneras insolentes… Con el desdén que tratan a los blancos dan a entender que son allí los más fuertes y los árbitros de las vidas y haciendas de esos”… (Recuérdese que la visita de Ordoñez correspondió a la época del Estado Federal del Istmo, (1855-1886) y la Constitución de Río Negro (mayo de 1863-1886), que otorgaba el voto a la población negra y mestiza, que, como mayoría, disfrutaba por primera vez poder político)

En cuanto a las mujeres, dice: “Así como son aficionadas a las joyas, llevan las mujeres del pueblo en particular sendos rizos en bucles que les caen elegantes del pecho en gran toilette y trenzas en los días comunes. Los vestidos son pintorescos pues son unas especies de camisones con unas series de bertas y entredoses bordados; por descontado, la manga corta, con los mimos entredoses y encajes, haciendo muy bello efecto. El tipo mejor es el de las cholas: las blancas son de un género osteológico medio tísico, de formas poco agradables; me recuerdan a las brasileñas en su delgadez y frialdad. En Guayaquil, ya principié a ver este tipo, sin duda, la continuidad de los calores es la causa de su nerviosidad y transparencia, poco ideal por cierto y menos agradable…. En el trato son sosas, como decimos vulgarmente nosotros y por lo tanto difíciles para entrar en conversación animada y entretenida...”.

Castro y Ordoñez dedica espacio de su diario a narrar la llegada de los pasajeros en tránsito desde California: “La llegada de los pasajeros de California es un acontecimiento que merece narrarse; suelen llegar tres veces al mes, en número cada una de 800 a 1000 yankees que causan una especie de revolución en el pueblo… Después de haber cenado los pasajeros en el pueblo, que por extraordinario estaba iluminado, principiaron a invadir el vapor hombres, mujeres, chiquillos, perros, loros, cotorras y convirtieron al buque en otra arca de Noé... Trabajo costó poner en sus camarotes a 600 personas con miles de baúles, sacos de noche, cajas, cajones….”.

En Panamá, Rafael Castro fotografió la catedral, la casona del Conde de Santa Ana, al fondo de la plaza del mismo nombre; la calle de las Monjas. Entre todos los lugares que visitó en el istmo, Taboga fue su favorito, y a él dedicó mucho tiempo. Recorrió sus calles, sus pueblos y entabló relación con su gente. Lo describió como un lugar “pobre, pero pintoresco” y agradable.

Este artículo se basa principalmente en la información recogida en la tesis doctoral de Sara Badía-Villaseca, titulada “La obra de Rafael Castro y Ordoñez, fotógrafo de la Expedición Científica del Pacífico, de la Universidad Castilla La mancha”. Esta se encuentra disponible en varios sitios internet en un documento pdf.

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