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21 de Jan de 2020

Nacional

Arnulfo Arias y su doctrina: el Partido Panameñista intenta regresar a sus orígenes

El domingo pasado, la vieja guardia del partido conmemoró el 80 aniversario de la formulación del ideario panameñista. El doctor Carlos Guevara Mann resumió los principios de la doctrina

Arnulfo Arias y su doctrina: el Partido Panameñista intenta regresar a sus orígenes

Tras el descalabro electoral de las elecciones de mayo pasado, en que solo obtuvo el 10.6% del total de votos emitidos (superado incluso por el novato e independiente Ricardo Lombana en 156 mil votos), la vieja guardia del Partido Panameñista trabaja fuertemente para retomar el control del colectivo y sus emblemas: la figura de Arnulfo Arias Madrid y su doctrina Panameñista.

“En los últimos tiempos, el partido fue convertido en una franquicia con la cual se pretendía obtener ventajas particulares y llevar a cabo vendettas personales. (...) El abandono de la doctrina del partido y, en particular, sus exhortaciones a la honradez, el sacrificio personal y la decencia” son el motivo por el cual se perdió al electorado, insistió el doctor Carlos Guevara Mann el domingo pasado durante el acto conmemorativo del 80 aniversario de la formulación del ideario panameñista.

El acto, realizado en el salón de reuniones del partido en Balboa, contó con la presencia de la expresidenta Mireya Moscoso, además de Arnulfo Arias Olivares (nieto del doctor Arias); Alfredo Arias (sobrino); Jorge Gamboa Arosemena; Manuel Cambra (biógrafo); además de Jerry Salazar, José Salvador Muñoz y muchos otros. (José Isabel Blandón, presidente del partido electo el pasado 24 de noviembre, no estuvo presente aunque sí fue mencionado en los discursos del día como simpatizante de las aspiraciones que allí se plasmaban).

La reunión daba continuidad a la tradición del partido de conmemorar el lanzamiento de la Doctrina Panameñista cada 21 de diciembre, fecha a partir de la cual la figura del doctor Arnulfo Arias Madrid quedó permanentemente ligada a la idea de “candidato presidencial” —salvo los breves periodos en que ocupó la posición—.

Para Guevara Mann, la fecha pudo no ser casualidad.

“¿Tuvo su llegada y la proclamación de su doctrina, ese día, algún significado metafísico? ¿Quiso el Dr. Arias representar, con su llegada a suelo patrio en esa ocasión, el inicio de una era de luz y mejoramiento generalizado para Panamá?”, se preguntó el profesor Guevara Mann el pasado domingo 21 en la reunión mencionada.

Regreso triunfal

El 21 de diciembre de 1939 el doctor Arnulfo Arias Madrid volvía al istmo tras una estadía de tres años en Europa como representante diplomático del país ante los gobiernos de Reino Unido, Francia, Dinamarca, Suecia y Noruega.

Arnulfo Arias y su doctrina: el Partido Panameñista intenta regresar a sus orígenes

Se trató de un regreso triunfal. Los recortes de los periódicos de la época dan fe de las esperanzas que descansaban en el ya candidato presidencial de los partidos Nacional Revolucionario, Conservador, Liberal Nacional, Demócrata y Liberal Unido.

Entonces era un político elocuente, conocido principalmente por su valiente participación en el golpe de Estado de Acción Comunal de 1931 y como hermano del exitoso y razonable expresidente Harmodio Arias Madrid.

“Desde las seis de la mañana, el vapor Santa María comenzó a entrar por el rompeolas colonense y se acercó al muelle diez minutos después de las siete. Apoyados en la borda, el doctor Arnulfo Arias y su distinguida esposa, doña Ana Matilde Linares de Arias, saludaban afectuosamente a más de mil personas, amigos políticos y personales, reunidos para dar al candidato presidencial la bienvenida”, decía el Panamá América del 22 de diciembre de 1939.

Minutos después, descendía el doctor del Santa María para dirigirse en tren hacia la capital, donde lo esperaban varios millares de personas más, acomodadas desde las cuatro de la madrugada en las inmediaciones de la Plaza Cinco de Mayo.

Allí, “cuando las agujas del cruce del Ferrocarril fueron bajadas para dar paso al tren, la ola humana se abalanzó al andén y millares de brazos se alzaron para dar el saludo de bienvenida al doctor Arnulfo Arias en medio de vítores”, continuaba el Panamá América.

“Tan solo bajar del tren, fue alzado en hombros por sus simpatizantes, y conducido hasta la tribuna colocada en la puerta de la estación”, donde el futuro presidente de la República daría el famoso discurso.

Panameñismo sereno

“Ya estamos lo suficientemente maduros para necesitar de doctrinas, credos o tutelajes importados. Aquí en Panamá sólo debe existir, germinar y desarrollarse un solo credo, una sola doctrina, una sola fuerza directriz: nuestro Panameñismo. Panameñismo sano, sereno, basado en la investigación y en el estudio de nuestra geografía, nuestra geología, nuestra flora, nuestra fauna, nuestra historia y nuestros componentes étnicos. Sólo así podremos lograr la excelencia de instituciones bien equilibradas y el gobierno perfecto que produzca mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad y estabilidad social y política”, dijo Arias entonces.

“Dejémonos de desperdiciar el precioso tiempo de la Nación. Lo que falta de la presente administración y los cortos años de la próxima significarán un relámpago en el proceso histórico y por lo tanto es nuestro deber aprovecharlos usando todo nuestro tiempo, nuestra eficiencia y nuestra voluntad en favor del Estado”, continuó.

“Sólo así podremos lograr la excelencia de instituciones bien equilibradas y el gobierno perfecto que produzca mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad y estabilidad social y política”.

Nacionalismo y democracia

Como se desprende de la presentación del profesor Guevara Mann el pasado domingo, la esencia de la doctrina panameñista es el nacionalismo (económico y cultural) y la justicia social —“la reivindicación de las mayorías irredentas de la Patria en sus justas aspiraciones”, dice el Artículo 2 de los estatutos del Partido—.

También, como recordó Guevara Man en su presentación, la sucesión democrática.

“Estos principios democráticos tienen profundas raíces en nuestra herencia, nuestra idiosincrasia, nuestra educación y los defenderemos con nuestras vidas si es necesario para que no broten en nuestro suelo nacional, la subversión anárquica, o la demagogia reaccionaria de otras tierras o regiones”, dijo también el doctor Arias en su discurso del 21 de diciembre de 1939.

Grandes aspiraciones

Alimentado por su periplo europeo, en 1939, y con apenas 38 años de edad, Arias Madrid albergaba grandes aspiraciones para su patria, lo que puede notarse en el discurso mencionado. Como manifestara ese día, estaba convencido de que a través del trabajo y la inteligencia, Panamá podía, sin renunciar a su personalidad propia, “rica en tradiciones indo españolas”, emular a las grandes civilizaciones.

Pero ello correspondía no solo al gobierno, sino también a la comunidad, que debía velar por su “propio mejoramiento y conservación”.

Producción con conciencia social

“El problema económico es para las naciones, como para los individuos, de vital importancia (...) Un país que produce menos que lo que consume jamás tendrá vida independiente. Unámonos en un esfuerzo común para aumentar nuestra producción, teniendo especial cuidado, ahora que los capitales privados son pequeños y controlables, en velar por los intereses presentes y futuros de los obreros y sobre todo por los intereses presentes y futuros colectivos, los cuales en economía, como en todo lo demás, deben privar sobre intereses individuales”.

Como quedó plasmado en la Constitución de 1941, hecha a la medida de sus creencias y aspiraciones, para Arias Madrid, el gobierno debía intervenir en la economía para “organizar industrias, establecer fábricas, y fomentar la producción de artículos de primera necesidad”, de manera que se proporcionara “trabajo y ocupación a millares de familias panameñas que ansían sentirse libres de inquietudes económicas y experimentar el orgullo de constituir una unidad productiva de la Nación “.

Conclusión

El problema de identificar el Partido Panameñista tan estrechamente con la figura de Arias es que así como atractiva puede ser su doctrina, en el armario del caudillo también se encuentran algunos esqueletos, principalmente el daño causado a la comunidad china y afrodescendiente durante su gobierno, en gran medida sustentado en la Constitución de 1941.

Pero a ello tiene Guevara Mann una respuesta: “No era solo el doctor Arias quien sostenía la creencia de la superioridad de algunos grupos étnicos. Estas ideas estuvieron muy en boga en el siglo XIX, a partir del movimiento denominado “darwinismo social” y otras ideas como la eugenesia, cuyo objetivo era, presumiblemente, perfeccionar la especie humana”.

“Ocho décadas atrás y antes, estas ideas equivocadas tenían aceptación en muchas partes del mundo, no solo en Europa, donde constituyeron un fundamento para los excesos del nazifascismo, sino en América, incluyendo a Estados Unidos y a Panamá”, continuó Guevara Mann, quien también mencionó el hecho de que las leyes racistas tenían sus raíces en 1904.

“En ese momento (1904), las restricciones estuvieron dirigidas principalmente contra el pueblo chino, así como 'turcos' y 'sirios'. Posteriormente, fueron añadiéndose otros pueblos al conjunto de 'razas no deseadas' por Panamá, incluyendo indostánicos, norteafricanos, japoneses, y originarios de las Indias Orientales, turcos y norafricanos”.

“En 1926, se incluyó por primera vez a los afrodescendientes de habla inglesa en la lista de grupos de inmigración prohibida”.

“Estas leyes tuvieron aceptación en la sociedad panameña, como hoy la tienen los llamados a excluir a personas procedentes de países vecinos que atraviesan serios problemas. Con estas observaciones, no se busca justificar una actitud inaceptable: lo que se busca es entender el contexto en el cual se hace, en la Doctrina Panameñista, un llamado al incremento y al mejoramiento de la población, a fin de procurar la felicidad de la colectividad panameña”, sostuvo el doctor Guevara Mann.

En resumen: el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

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