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21 de Jan de 2020

Nacional

¿Era inevitable el 9 de enero?

Las condiciones políticas, sociales y económicas de Panamá a principios de la década del 60 parecían presagiar un estallido social de grandes magnitudes

¿Era inevitable el 9 de enero?

Roberto Chiari, conocido como “el presidente de la dignidad”, tomó posesión de la presidencia de la República en 1960 en una situación económica y social alarmante.

El país que heredaba de su antecesor, Ernesto de la Guardia, parecía estar al borde de un estallido social de grandes proporciones.

Un reporte de la CIA liberado en 2009 (número 41 de secuencia) señalaba que en 1960 las finanzas del país se encontraban en un estado caótico. El gobierno estaba atrasado 14 meses en sus pagos a los comercios locales. El crédito bancario estaba sobre extendido, particularmente en el Banco Nacional de Panamá. —El endeudamiento del país alcanzaba el límite con $130 millones—.

El reporte indicaba que —debido al alto crecimiento de la población —había una necesidad urgente de viviendas a precios razonables.

Los hospitales y las escuelas estaban en pobres condiciones y eran insuficientes para atender a la población. Los caminos de penetración, las comunicaciones y la energía eléctrica eran completamente inadecuadas para las necesidades del país.

“El público general se hacía consciente de esta situación y demanda mejoras inmediatas”, proseguía el informe, advirtiendo: “a menos que el nuevo gobierno pueda proveer rápida demostración de capacidad para mejorar la economía, proveer trabajos y aumentar el nivel de vida para las masas de población, probablemente no podrá sobrevivir por mucho tiempo”.

Situación económica

Panamá tenía en 1960 un millón de habitantes. De ellos, unos 600 mil vivían del agro. De estos, 200 mil estaban en condiciones de pobreza o pobreza extrema. Las estructuras agrícolas eran subdesarrolladas y el país importaba el 60% de sus alimentos a un costo anual de $11,000,000

Parte del problema era que Panamá tenía la peor distribución de la tierra de América Latina. Solamente 14% de los jefes de cultivo panameños eran propietarios de la tierra que trabajaban, extensiones de tierra de un promedio de 37.4 hectáreas, dedicadas en mayor parte a la ganadería, que daban trabajo a menos de 1% de la población agrícola. En Costa Rica, en cambio, el 81% de los agricultores eran dueños de sus tierras.

Era claro que la pobreza de Panamá —así como la del resto de América Latina— eran producto de las estructuras heredadas del colonialismo español. Estas habían resistido durante siglos, pero a finales de la década del 50, las aspiraciones y expectativas de las masas de población del continente iban en aumento.

La revolución cubana

De acuerdo con el reporte de la CIA ya señalado, el triunfo de Castro en Cuba se había convertido en un símbolo de esperanza entre las clases populares de Panamá. “Ni siquiera el intento de invasión de un grupo de cubanos armados con intenciones de tomarse el país (1959) ha logrado disminuir el entusiasmo por Castro y la revolución cubana”, decía.

El comunismo no era nuevo en América Latina. Los partidos comunistas habían empezado a crearse desde la década de 1930, pero tradicionalmente habían estado formados por intelectuales y estudiosos del marxismo leninismo que no creían que una revolución marxista tendría éxito sino hasta que la mayoría de la clase obrera estuviera inscrita o apoyara el partido. Sin embargo, la subida de Castro al poder y su vía rápida de crear una revolución de guerrilla para resolver las injusticias sociales estaba calando entre las clases menos favorecidas y los soñadores que no sabían nada de marxismo leninismo.

A inicios de la década del 60, los seguidores y admiradores de Castro estaban infiltrando los partidos comunistas en toda América Latina. Eran más jóvenes y activistas que los líderes ortodoxos y estaban ejerciendo presión para que se olvidara la vía pacífica y se adoptara la guerrilla como la forma de alcanzar el poder y desplazar a los sistemas oligarcas injustos y aliados de los norteamericanos.

De acuerdo con la CIA, el mayor logro de estos dos partidos era haber penetrado e influenciado las organizaciones estudiantiles y el sistema educativo.

Alianza para el Progreso

En medio de esta situación crítica, el programa la Alianza para el Progreso, lanzado por el presidente estadounidense John F. Kennedy para combatir el comunismo, había significado una ayuda económica para Panamá, pero de acuerdo con algunos sectores del país, mientras ayudaba en algunos aspectos, perjudicaba en otros.

El programa había aportado préstamos blandos y gran ayuda para la construcción de acueductos, hospitales y centros de salud, pero a costa de una fuerte presión sobre las finanzas públicas causado por la operación y mantenimiento de estos.

Además, la propaganda de la Alianza había elevado las expectativas de la gente y la población que no veía mayor impacto de los dineros invertidos en su propia vida se quejaba: “¿A dónde habían ido a parar los millones?”.

La Alianza, además, imponía una serie de cambios impopulares y difíciles de implementar. A fin de calificar para los préstamos y ayudas, el gobierno panameño había tenido que elevar los impuestos e introducir una reforma agraria, que molestaban a los empresarios que señalaban que se estaba empujando al país hacia una forma de precocidad socialista para la cual no se contaba ni con recursos ni con experiencias ni con dirigentes. Estos sectores insistían que la Alianza promovía el odio de clases y obligaba a la promulgación de leyes sin sentido

Política

A menos de cumplir dos años de gestión, Chiari, uno de los hombres más ricos del país, perdía la coalición política que lo había llevado al poder. Su ministro de Finanzas, Gilberto Arias, se había pasado a la oposición, llevándose con él el Tercer Partido Nacionalista y sus 9 votos de la Asamblea Nacional, mientras se unía a la alianza que parecía perfilarse más exitosa para las próximas elecciones.

“El país está en una crisis extraordinaria que no se logra superar con planteamientos ideológicos… Nuestro pueblo está hambriento y clama por trabajo, tierra, techo y pan y son los hombres decididos los que pueden sacarlo de esta situación”, dijo Arias al momento de anunciar su salida del gobierno y firmar el acuerdo para unirse a la Coalición Patriótica Nacional.

Un nuevo tratado

Chiari, en una situación desesperada, y temiendo la caída de su gobierno, pidió una cita con el presidente Kennedy con la idea de lanzar la negociación de un nuevo tratado para tranquilizar a la población y ganar mejores concesiones económicas.

La cita se dio el martes 12 de junio de 1962, a las 4:45 p.m. en el Salón Oval de la Casa Blanca.

El presidente Chiari estaba preparado, pero no contaba con la fuerte personalidad del presidente Kennedy, que mantuvo una actitud firme contra la negociación de nuevos tratados.

Al final de la reunión de casi dos horas, Kennedy propuso instalar una comisión presidencial que evaluara cómo mejorar las relaciones entre los dos países “dentro del marco de los tratados vigentes”.

La idea fue aceptada. Se propuso que la comisión estaría integrada por funcionarios del más alto nivel: el embajador de Estados Unidos en Panamá, Joseph Farland; el gobernador de la Zona del Canal, Robert Fleming; el abogado y diplomático Octavio Fábrega y el ministro de Relaciones Exteriores, Galileo Solís.

Durante los días siguientes se emitió un comunicado: “Cuando dos naciones amigas están atadas por las provisiones de un tratado que no es completamente satisfactorio para una de las partes, deben buscarse arreglos que permitan a ambas naciones discutir los puntos de insatisfacción”.

Pero las negociaciones resultarían un fracaso.

Después de siete meses de establecida, la comisión especial para mejorar las relaciones entre ambos países, los intentos del presidente Nino Chiari por obtener más ventajas financieras y simbólicas del canal no produjeron más resultados que el derecho a izar la bandera en 16 puntos de la Zona del Canal a partir del 1 de enero de 1964.

A otros reclamos como el uso de facilidades portuarias o iguales oportunidades para los empleados panameños del Canal, contemplado en los tratados Remón Eisenhower, el Departamento de Estado le daba largas interminables.

Elecciones

Mientras tanto, de acuerdo con el reporte de la CIA, se acercaban las elecciones de mayo de 1964 y los políticos “intentaban ganar votos inflamando los ánimos contra los Estados Unidos”.

El documento cita un discurso de Gilberto Arias, de junio de 1962: “En el futuro, con la ayuda de Dios, alcanzaremos nuestro objetivo: adquirir la completa jurisdicción de la República de Panamá sobre la Zona del Canal”.

“La Zona del Canal ha contribuido algo a la economía panameña, pero ha sido contraproducente para el desarrollo del país”, seguía el político, que también alegaba que los $19 millones anuales que pagaba Estados Unidos como retribución por los ingresos del Canal, más los $70 millones que resultaban del comercio con la Zona del Canal eran muy poco en relación a lo que Panamá daba a Estados Unidos.

En conclusión, los ánimos estaban inflamados. Cuando los estudiantes de la Balboa High School se negaron a aceptar el acuerdo firmado por el presidente Kennedy como una forma de reconocimiento de la soberanía panameña sobre la Zona del Canal, la respuesta de los panameños no se hizo esperar.