La Estrella de Panamá
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12 de Nov de 2019

Análisis político

Políticos y el síndrome de hubris

Se trata de un patrón estudiado por los psiquiatras según el cual las personas con mayor poder tienden a perder las cualidades positivas que las llevaron a ocupar esos lugares

.Jean Pierre Barria | la Estrella de Panamá

Poco se conoce, pero es un síndrome que ha sido estudiado por psiquiatras reconocidos. Se trata del síndrome de hubris, que afecta el cerebro ante la exposición prolongada a los círculos de poder.

Panamá es un país con apenas 116 años de vida republicana, pero solo 30 años con plena soberanía. Irónicamente, desde el ascenso al poder tras la invasión, el poder político ha ido en decadencia y gobernante que sube queda manchado por el flagelo de la corrupción.

¿Cómo es este contagio?, porque se supone que el pueblo elige a gobernantes sanos, con buenas intenciones...

El síndrome de hubris puede explicar muchas de estas desviaciones de los políticos que llegan al poder. Se trata de un patrón según el cual las personas con mayor poder tienden a perder las cualidades positivas que las llevaron a ocupar esos lugares. Las personas se elevan en función de sus buenas cualidades, pero su comportamiento empeora a medida que ascienden. Algo así como a más poder, peor calidad. Se gana el poder con la empatía y se pierde con la arrogancia.

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El síndrome de hubris es la enfermedad de los que creen saberlo todo. La “hibris” o “hybris” es un concepto griego que puede traducirse como “desmesura” y que en la actualidad alude a un orgullo o confianza en sí mismo muy exagerado, especialmente cuando se ostenta el poder.

Una página especializada en neurología publica un artículo en 2008, referente al libro del neurólogo, miembro de la cámara de los lores y ex canciller británico David Owen, en el que se explica el comportamiento y el perfil psicológico de ciertos políticos (parlamentarios, dictadores...). En él se acuña el término 'síndrome de hubris' para describir a los mandatarios que creen estar llamados a realizar grandes obras; muestran tendencia a la grandiosidad y la omnipotencia y son incapaces de escuchar, mostrándose impermeables a las críticas.

Owen analiza el comportamiento de políticos como Roosevelt, Ariel Sharon, el sha de Irán, Bush, Blair, etc., y dedica un capítulo a las medidas de protección democrática contra los gobernantes con síndrome de hubris. Para Owen, el síndrome de hubris está indisolublemente unido al poder y alimentado por el éxito. Lo describe como un trastorno adquirido y reversible (puede remitir al desaparecer el poder).

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Para el doctor Carlos Smith, una de las grandes mentes de la psiquiatría panameña, se trata de una especie de desquiciamiento y por eso los comentarios “de cómo era antes y cómo es ahora. Se trata de un efecto del peso del cargo y muchos no lo saben manejar y se le ve en sus conductas”.

Pero no todos los que ascienden al poder se comportan igual. Hay unos más humildes y reconocen esos cambios y corrigen. Y es que el peso es tan grande que tiene efectos en su propia familia, dice Smith.

Smith trae el caso del presidente Laurentino Cortizo, que desde el primer día llevó un taburete al palacio de Las Garzas, con el ánimo de que le recuerde que tiene que ser humilde.

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El periodista Alexis Charris tiene 20 años en el ejercicio de su profesión en Panamá. En su trayectoria ha vivido varios períodos presidenciales. Cuando se le comentó sobre el síndrome de hubris, reconoció de inmediato sus efectos. “En este tiempo en el que el digno oficio del periodismo me ha llevado a estar frente a personalidades del poder desde fuera y dentro de sus engranajes, y no lo dudo... creo que dos casos típicos son nuestros últimos presidentes, Juan Carlos Varela y Ricardo Martinelli. Lo más grave, creo, es que terminaron su ejercicio y parece que no encuentran la terapia que los traiga de nuevo a ala realidad...”.

Los psiquiatras han estudiado el fenómeno y han detectado el síndrome de hubris que, aseguran, afecta el cerebro ante la exposición prolongada a círculos de poder. Explican que no es un trastorno ni una enfermedad, más bien lo definen como una perturbación, pues su incidencia se refleja en tanto que el individuo permanece en contacto con el poder. Es algo así como una intoxicación, como los efectos de las drogas o el alcohol.

Dice que el síndrome afecta la visión, el juicio y los sentidos de ubicación y percepción de la realidad. Que los efectos desaparecen conforme la persona retorna a la normalidad y se desvincula de los círculos de poder.

El síndrome de hubris se caracteriza porque la persona que lo padece es prepotente; tiene ideas fijas preconcebidas y rechaza posturas que no sean afines a sus ideas; conducta narcisista (amor propio); es incapaz de cambiar de conducta y tiene un ego desmedido.

¿Se aplica este síndrome sólo a los presidentes? Definitivamente no. Lo padecen diputados, alcaldes, representantes y hasta personas allegadas a los círculos del poder.

El poder obnubila, dicen algunos, y en la psiquiatría, los casos son cada día más.

La pregunta que cabe es: ¿el taburete de Cortizo le recordará siempre la humildad que prometió mantener?, porque lo importante no es cómo llega, sino cómo sale”.