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20 de Sep de 2020

Análisis político

Ciberpolítica y el engaño casi perfecto

El término ya es empleado por académicos que analizan ”la profundidad y finalidad del uso de internet para el activismo político. Abarca todas las formas del software social, lo que incluye periodismo, búsqueda de fondos, uso de blogs, construcción de organizaciones y voluntariado...”

Las nuevas tecnologías y, sobre todo, la inteligencia artificial (IA), son factores que ya influyen en la política partidista. No importa si se trata de un país desarrollado o uno en vías de… Todos son presa fácil de un nuevo fenómeno que ya han denominado ciberpolítica.

Ciberpolítica y el engaño casi perfecto
Ciberpolítica y el engaño casi perfecto

El término ciberpolítica ya es empleado por académicos que analizan “la profundidad y finalidad del uso de internet para el activismo político. Abarca todas las formas del software social, lo que incluye periodismo, búsqueda de fondos, uso de blogs, construcción de organizaciones y voluntariado...”.

Pero, ¿cómo influye la inteligencia artificial en la política? El caso más escandaloso fue el de Facebook-Cambridge Analytica, que a principios de 2018 estalló en el mundo y destapó cómo se puede manipular a la sociedad para hacerla volcarse por una determinada tendencia.

Según las investigaciones, Cambridge Analytica había cosechado los datos personales de los perfiles de Facebook de millones de usuarios sin su consentimiento y los utilizó con fines de publicidad política.

Más adelante hubo reclamos de que estos datos pudieron haber sido utilizados para tratar de influenciar los resultados de las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos y el referendo del brexit en el Reino Unido ese mismo año, de acuerdo con reportes de la BBC.

Pero no solamente Facebook, también están los bots que trabajan silenciosamente para manipular a los electores. En Cataluña se descubrió cómo estos bots están alterando las búsquedas de información en Google relativas a esa región, llevando a los ciudadanos hacia una dirección.

Tal es el nivel de peligro de la IA en la política que en Estados Unidos le han “declarado la guerra” a los bots. En California, por ejemplo, la ley BOT exige que cualquier bot que intente influenciar el comportamiento de los residentes de ese estado con el fin de incentivar que voten en un determinado sentido o adquieran un determinado producto o servicio, deberá identificarse claramente como tal, es decir, como un bot.

La responsabilidad recae en todo momento sobre el creador del bot. Las plataformas online y redes sociales donde suelen operar estos bots (como Twitter, Facebook, etc.) quedan exentas de cualquier responsabilidad.

Una investigación de Amnistía Internacional, publicada en 2018, analizó los ataques sistemáticos y coordinados que se hacen, muchas veces a través de bots y ejércitos de trolls con el objetivo de silenciar debates. En el informe se habló de los ataques a periodistas y referentes de derechos humanos. Es decir, se trata de una situación seria.

Más recientemente, un enemigo silencioso se abre paso con fuerza. Se trata de “Deepfake, la nueva amenaza para la democracia”, como lo ha titulado el diario ABC de España. “Los deepfakes son falsificaciones de material de video o audio cuyo alto nivel técnico los hace creíbles. Utilizando este tipo de tecnología, es posible crear material audiovisual falso de personalidades o gente famosa con contenido completamente arbitrario. Se han ido publicando softwares que facilitan su creación y verosimilitud. Hoy día, cualquier usuario puede comenzar a crear este tipo de videos con relativa facilidad y resultados bastante aceptables”, explica a ABC David Sancho, responsable del equipo de investigación de la empresa de ciberseguridad Trend Micro.

La situación es tan crítica que el pasado mes de mayo, añade ABC, comenzó a circular un video en el que se había trucado la voz de la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi. El objetivo era aparentar que la política demócrata se encontraba en estado de embriaguez. Y el engaño caló. Incluso fue compartido por Donald Trump a través de Twitter.

La pregunta es: si están engañando a la sociedad estadounidense, ¿cómo puede Panamá frenar esa manipulación? Y es que, en definitiva, la tecnología y la inteligencia artificial son factores que ya influyen en la política partidista. ¿Cómo cree usted que se puede minimizar esto, para que su impacto no sea determinante?, se le preguntó al magistrado del Tribunal Electoral Alfredo Juncá.

De acuerdo con el magistrado, lo primero que hay que hacer es crear conciencia ciudadana sobre la existencia de los fake news y ahora de los deep fakes, que juegan con la veracidad de un acontecimiento o generan algunos que son falsos.

“Pero sobre todo, sobre los medios de difusión de la desinformación donde se utiliza la inteligencia artificial para segmentar mensajes, analizar datos del ciudadano que muchas veces no revelaría si efectivamente supiera que lo está haciendo y para simular interacción humana que es falsa”, dice.

En segundo lugar, agrega Juncá, con una buena regulación que permita la libertad de expresión, pero que al mismo tiempo proteja a los actores en un proceso electoral y al ciudadano de la desinformación.

“Los compromisos éticos como el Pacto Ético Digital y la docencia llevada adelante por gente influyente en la sociedad, como los medios de comunicación, son cruciales en esto”, afirma el magistrado.

Sin duda, los bots y los deep fakes, sumados a los conocidos trolls, son pan de cada día, un enemigo silencioso en la política de cualquier país que, al mínimo descuido, pueden imponer a un presidente, un diputado, un alcalde o un representante. Pero también, acabar con la reputación de una persona o de una empresa.