La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

El Papa en Panamá

Las Garzas, un pueblo de precaristas bendecido por el papa Francisco

Estos reclusos confeccionaron los más de 200 confesionarios que se llevaron al Parque del Perdón

Francisco se dirigió en el papamóvil hasta el Centro de Cumplimiento de Menores.

Feligreses de distintos puntos de Panamá Este se apostaron en la entrada del corregimiento de Las Garzas, para ver pasar y saludar al papa Francisco.

En ese punto el pontífice, quien se dirigía al Centro de Cumplimiento de Menores en un sedán híbrido, haría un trasbordo al papamóvil.

CORREGIMIENTO DE LAS GARZAS

Es uno de los 26 corregimientos del distrito de Panamá

Esta área es considerada por la Policía como una zona roja sacudida por asesinatos

Las Garzas fue conformada por precaristas y comprende 12 comunidades

Es la primera vez que el papa confiesa a un grupo de reos

Desde las cuatro de la mañana, niños, jóvenes y adultos mayores se ubicaron en la entrada de la comunidad para conseguir ‘el mejor puesto', sin importar que se trata de una zona roja. Las personas caminaron más de media hora para llegar a la Panamericana, vía que desde la madrugada fue cerrada por cuestiones de seguridad.

Acudieron residentes de Tocumen, 24 de Diciembre, San Martín, Pacora, Tanara, Nuevo Tocumen, Paso Blanco y Darién.

‘Yo camino una cuadra y ya me estoy quejando, pero hoy lo hago sin quejarme, porque quiero ver al papa, y si tengo suerte, que me bendiga', comentó sonriente José Barrios.

Cuando pasó el papa, una adulta mayor le gritaba: ‘vengo de Darién' y lo saludaba ilusionada con recibir un abrazo del pontífice.

Cerca del penal se improvisó una calle de honor para el paso del papa, con un grupo de 19 privados de libertad de la cárcel La Gran Joya y La Joyita, acompañados de sus respectivos custodios.

Estos reclusos confeccionaron los más de 200 confesionarios que se llevaron al Parque del Perdón.

‘Me siento agradecido por ser uno de los elegidos entre tantos privados de libertad para saludar al papa, aunque sea desde lejos', dijo uno de los muchachos.

‘A pesar de que no soy católica, uno se contagia', dijo Katherine Palacio, funcionaria del Ministerio de Gobierno que aguardaba en la entrada de la cárcel.

Hay todo un pueblo que lo recibe en las calles, añadió la funcionaria. Lo más sorprendente, dijo, es que los que esperaban en las calles ‘eran jóvenes con la esperanza de recibir una palabra de aliento. Muchos son chicos que tienen conflictos con la ley, pero en el camino han tratado de enmendarlo', añadió.

Después de una hora que duró el acto, el papa Francisco abordó un helicóptero del Servicio Nacional Aeronaval hacia el aeropuerto Marcos A. Gelabert, donde luego un auto lo transportó a la Nunciatura Apostólica.