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06 de May de 2021

Polígrafo

Guillermo Chapman:'Realmente el subir los impuestos aquí es anatema'

La mentalidad forma parte del ADN político del país cuyas finanzas en este momento están en rojo. El exministro de Planificación y Política Económica apunta a una evolución económica alejada de amiguismos, pactos no escritos que degeneran en una economía insana, y reglas claras para todos

Guillermo Chapman:'Realmente el subir los impuestos aquí es anatema'Erick Marciscano | La Estrella de Panamá

Guillermo Chapman, exministro de Planificación y Política Económica, pone el dedo en la llaga de los factores que han impedido una evolución con reglas claras en el mercado económico. Define una economía de 'amiguetes', empresarios pegados a los gobiernos de turno cuyos nombres se repiten sin importar el color de la bandera política de turno, que impiden una sana competencia. De la misma forma, señala, hay una especie de contubernio entre la sociedad civil y el gobierno, una que no es inquisitiva para solicitar cuentas claras y la otra tampoco lo es para cobrar impuestos. Una simbiosis dañina para la salud de las finanzas del país que se ha producido por décadas. En cuanto al modelo económico, opina que Panamá debe aspirar a una transformación que permita generar empleos de calidad. Para ello, según nuestro invitado, es necesario dejar en segundo plano el modelo de inversión mayoritariamente en construcción y apostar por la exportación en diferentes renglones, calificar la mano de obra, educar a la población para que ocupe puestos de trabajo que reduzcan la brecha de desigualdad.

Usted habla de un pacto no escrito entre la sociedad civil y el gobierno, el uno no exige cuentas y el segundo no es tan eficaz en el cobro de impuestos. ¿Cuándo surgió este pacto?

Yo creo que ese pacto se ha ido formando a través de la historia. Como habrá apreciado en el escrito, Panamá ha tenido una característica, sino única, casi única de que hemos tenido una serie de eventos en comparación con el resto del mundo. Estos van desde el descubrimiento, la feria de Portobelo, la función de ser intermediario en el tráfico de bienes entre la colonia española y las Américas, el ferrocarril, el canal francés, la construcción del Canal americano, el auge durante la Segunda Guerra Mundial, la expansión del Canal, y otros eventos que nos ha llovido divisas y han promovido un nivel de crecimiento económico y bienestar –mal distribuido como se señala–, pero en ese ambiente de bienestar el Estado panameño requería pocos ingresos adicionales, y en esa situación la carga tributaria que los panameños pagamos al gobierno de lo que producimos ha sido baja, y sigue siendo así.

¿Eso se debe a una débil recolección de impuestos, o a un pacto? ¿Nadie se ha parado firme frente a ello?

Realmente subir los impuestos aquí es anatema. El caballito de batalla, el elemento que tienen los candidatos antes de subir al gobierno es: no voy a subir los impuestos. Si usted habla con cualquier funcionario del gobierno, lo que le va a decir es, por ejemplo, con relación al Seguro Social, si el gobierno tiene que apoyar financieramente para subsanar el déficit o parte de él, no se van a subir los impuestos. Eso es parte de nuestro DNA político y económico. No se ha hecho explícito, pero ahí está. Sociológicamente es lo que se llama una institución, que es un modo de ser, una forma de actuar de la sociedad, que todo mundo sobreentiende que así es, pero que nunca se pone explícitamente.

Guillermo Chapman:'Realmente el subir los impuestos aquí es anatema'

¿Usted cree importante no subir impuestos en este momento?

Tenemos varios desafíos fiscales. El más urgente es el del Seguro Social. Tú puedes reparametrizar todo lo que quieras, pero no será suficiente. El gobierno tiene que meter la mano en el bolsillo y pagar eso. Cuando digo que el gobierno se tiene que meter la mano en el bolsillo, es meterla en el bolsillo de los ciudadanos. Entonces tiene dos opciones, o recorta gastos, o sube impuestos. Ahora bien, la educación es el ente que más presupuesto gasta, seguido por salud, la gran tentación es recortar ahí para dar al Seguro Social, es decir, para mantener las pensiones vas a recortar en educación y salud, eso no es lógico. O subes los impuestos. Esa es una decisión de economía política, qué me cuesta más políticamente.

“Tenemos varios desafíos fiscales. El más urgente es el del Seguro Social. Tú puedes reparametrizar todo lo que quieras, pero no será suficiente. El gobierno tiene que meter la mano en el bolsillo y pagar eso”

Esa economía de 'amiguetes', ¿se refiere a qué exactamente?

Esa economía de 'amiguetes' se trata de que siempre hay personajes influyentes alrededor del poder y, paradójicamente, a pesar de que cambien los colores políticos del gobierno de turno, esos personajes son casi siempre los mismos con algunas variaciones. Se colocan mejor algunos y salen de posiciones de influencia otros, y entonces eso se traduce en concesiones, explotación de distintos tipos de negocios y ahí se benefician. La economía de amiguetes se traduce del hecho, por ejemplo, a mediados de los 90 aquí se trazaron leyes para el control de las concesiones de electricidad, teléfono, y otras, y esas leyes se han venido diluyendo en la práctica. De tener unos tribunales administrativos que trataban de ejercer justicia y controlar los servicios, eso se ha diluido, se han eliminado los tribunales, ya no hay comisiones de la competencia ni para la regulación de los servicios públicos. En la práctica uno ve las constantes fallas del servicio eléctrico, a pesar de que le ponen algunas sanciones; cuando esto va a los tribunales demora eternamente en el sistema judicial y luego fallan a favor de la trasnacional.

Guillermo Chapman:'Realmente el subir los impuestos aquí es anatema'

¿Cuál es el concepto de la gobernanza que hay en el país para permitir este tipo de conductas?

Hay dos elementos. A un grado muy superior al resto del continente en donde existe la misma práctica del clientelismo, en Panamá es más exacerbado. Eso se señala incluso en informes internacionales donde miran una concentración del empleo público y sus cambios según el gobierno de turno. Yo creo que en alguna medida está determinado por el desempleo estructural que existe en la economía panameña. A pesar del altísimo crecimiento económico que hemos tenido, en este momento del total de las personas ocupadas en 2019, más de la mitad tenían condiciones de informalidad. Es decir, que la oportunidad de obtener un trabajo permanente con la protección que da la red social del país en el sector privado es limitada por otros factores, principalmente las reglas del juego que determinan el mercado laboral, burocracia y cargas sociales. Entonces, la forma de obtener un trabajo remunerado es entrar al gobierno y este recurre a eso para premiar a sus agremiados.

¿Cómo rompemos con los oligopolios que manipulan los precios?

Primero decirte que no es posible romperlos como tal. Los oligopolios surgen en una situación del mercado donde hay pocos oferentes y hay varios casos. El tamaño de la economía panameña es muy pequeño, y es muy difícil que haya un número de oferentes de productores o vendedores en diferentes campos. La forma es vigilarlos, controlarlos, sancionarlos cuando hacen acuerdos para repartirse el mercado. Cuando se originó el tema de la libre competencia, el caso de la harina de trigo había un memorándum de entendimiento para repartirse cuotas del mercado y mantener los precios, en ese momento se accionó y se les puso una multa. Eso hay que aplicarlo.

La reforma al Código Laboral que plantea, ¿no cree que encenderá chispas?

Sí, definitivamente.

¿Cómo se hace sin causar fricciones?

Le diría que con mucho cuidado. Es una negociación entre las autoridades y los sectores interesados con un papel preponderante de los sindicatos. La situación es la siguiente, el Código de Trabajo establece una serie de normas que se aplican a todo el mundo, independientemente las condiciones, por ejemplo, el día de descanso, las vacaciones. Con esto no digo que haya una abolición total de eso, sino que se pongan de acuerdo para ajustarse a las condiciones de cierta industria.

Propone una liberalización de las profesiones. Un tema que genera xenofobia y miedo a perder los puestos de trabajo, ¿se trata de abrir la importación de profesionales?

Cabe señalar que este es un país de inmigrantes, es un verdadero crisol de razas en el que todos están representados. El otro hecho es que los empresarios nacionales y extranjeros se quejan de la limitación en la oferta de personal calificado en Panamá. Eso está comprobado por el hecho de que en las pruebas de educación internacionales, Panamá llega en los últimos puestos. En las universidades, entre las 100 mejores de América Latina no hay una panameña. Por supuesto que lo ideal es entrenar, mejorar la educación en todos los niveles, además del técnico que es muy limitada, pero mientras eso se hace –que toma como cinco años de trabajo entrenar a una persona calificada– si usted las trae y a su vez le enseñan a los nacionales o son profesores de universidad, estamos dando un salto para acelerar la capacitación del recurso panameño. Entonces se puede decir que no a esta idea, pero cuando miramos los datos objetivos de la calidad de las pruebas, estamos en el último vagón del tren por decir que no pueden venir extranjeros. Además, es una falacia decir que le van a quitar el puesto los extranjeros. Lo que van a hacer es trabajar, ampliar la productividad, emplear gente y transmitir conocimientos.

La reingeniería que requiere el país, ¿considera que esté concebida por los gobernantes de turno?

No, porque estas cosas son social y políticamente rechazadas y los gobiernos lo que quieren es mantener su popularidad y evitar protestas. Entonces no veo eso en el pensamiento oficial hoy.

¿Pero entonces hacia dónde vamos como país?

En una publicación reciente de las últimas semanas de La Estrella de Panamá, se hace una reseña sobre una exposición que hizo el director del Incae, Roberto Artavia, quien afirma que Panamá puede ser el primer país de América Latina que ingrese al primer mundo, pero señala una serie de medidas que tenemos que hacer en la línea que estamos hablando. Entonces, el costo de no hacer es que seamos un país del montón; una de las cosas claramente planteadas por él con las que yo coincido, es que hay una diferencia enorme, un abismo, entre el nivel promedio de desarrollo de este país y la calidad de los servicios sociales que tenemos. Estamos muy por debajo de nuestra categoría económica. Es decir, no se conforma con un país supuestamente rico que somos, con la calidad de vida en educación, salud, aseo, provisión de agua potable, transporte público, en fin. La lista de estas cuestiones determina cuán satisfactoria puede ser la vida en este país.

Existe una planilla abultada, pero disminuirla crearía otro hueco más en la economía...

Estoy de acuerdo con eso, no lo puedes hacer ahora y la planilla es muy alta. La solución es bajar gradualmente, conforme llegan a la edad de jubilación no se reemplazan, sin incluir en ello a los sectores de crecimiento como los maestros o los médicos.

¿Está de acuerdo con una constituyente?

Sin definir las reglas para cómo se va a escoger la constituyente, no. Si vamos a tener un sistema de elegirlo, primero deberían de venir de circunscripciones grandes, a nivel provincial y no por circuitos que son los que producen los diputados que quieren perpetuarse en el poder y eso se convierte en una actividad industrial ser diputado. Que sean elegidos diputados nacionales, eso ya se hizo para la constituyente de 1945, y que los independientes participen en igualdad de condiciones que los partidos políticos. Si el Tribunal Electoral dicta las reglas antes, de manera que pone su firma a favor de una constituyente paralela, podríamos tener la esperanza de una constituyente. Claro que el ejercicio sigue siendo un peligro, pero no veo otra forma de cambiar la Constitución porque los diputados no se van a cambiar las reglas a sí mismos.

El país mantiene un desempleo del 18,5%, según datos de diciembre. ¿En cuánto calcula que cierre para este año?

Un cálculo grosso modo sobre el cual no me atrevería a poner la mano en el fuego, pero lo que dicen los números es que podría estar entre el 13% y 14%.

¿Qué renglones identifica que puedan activarse a corto plazo y cómo se lleva al país a este tipo de economía?

En el corto plazo el sector que tiene más probabilidades de crecer rápidamente es el turismo. Tiene una gran inversión hecha en hoteles, tanto en la ciudad como en el resto del país. Es una de las virtudes que tendría el relanzamiento del turismo porque puede tener efecto en todo el país.

Pero la industria está muy apagada...

Sí, y hay que hacer mucha inversión en promover el país, los vuelos baratos, paquetes atractivos en costos, que los precios de los hoteles puedan ser relativamente bajos a nivel internacional dada la enorme oferta de espacios habitación hotelera que tenemos. Ayudar a los directores de giras a promover paquetes que distinguen a Panamá como senderismo, los recursos naturales, infinidad de oportunidades. Hay que limpiar el país, carecemos de aseo, proveer transporte adecuado para los turistas, climatizado, con tarifas oficiales en proporción a la distancia, que sean razonables para ambas partes. Otro sector es la logística, muchos dicen que es profundizar el transitismo, pero yo creo que es todo lo contrario. Si nosotros tuviésemos una gran riqueza natural, aún más grande en proporción al tamaño del país o mineral valioso como el petróleo, haríamos un flaco favor al país al decir que podríamos abandonar eso. Hay unos críticos de ese enfoque que le llaman el transitismo, pero yo creo que hay una oportunidad de crear actividades de valor agregado como ensamblaje, redistribución, reempaque. Es decir, unas grandes zonas libres cercanas a las riberas de Canal en comunicación con puertos, aeropuertos, transporte terrestre, en fin, puede crear mucho empleo. Ha ocurrido en otros sitios del mundo que son vías marítimas importantes como el estrecho de Malaca, la salida de ríos importantes en Europa y en Estados Unidos, son grandes áreas de industrialización y de ensamblaje, y además le veo una gran oportunidad a la agricultura para abastecimiento del consumo interno y la exportación aprovechando el tránsito por el Canal. Por supuesto, la capacidad de reacción, en cuán rápido impactan estas industrias desarrolladas va a demorar. La primera en poder reaccionar sería el turismo, la segunda puede ser la industrialización hacia la exportación y la tercera sería la agricultura. Eso sin desatender otros sectores que pueden contribuir al proceso de crecimiento y sobre todo al empleo bien remunerado.

Si bien no se debe depender de la construcción, el país aún requiere de infraestructura que se financia con deuda, ¿cómo se entiende esta realidad con el modelo agotado que usted define?

Yo creo que no estamos en posiciones opuestas. El problema es que no podemos seguir creciendo en una serie de elementos y el mercado está sobresaturado. Qué sentido tiene construir más centros comerciales u hoteles, pero sí requerimos infraestructura.

Pero la infraestructura es lo que cuesta al gobierno...

Técnicamente la inversión privada ha sido tres o cuatro veces lo que invierte el gobierno. Yo veo difícil que crezca la inversión privada en estos renglones señalados. El problema del gobierno es que tiene una limitación fiscal y está muy apretado y no puede estar invirtiendo como los años anteriores. Este año invertirá un poco menos de $3 mil millones, cuando en años anteriores alcanzaba los $5 mil millones.

¿Una reforma fiscal, la ve y en qué sentido?

El primer sentido es simplificar el sistema fiscal panameño. El sistema tributario está muy complejo, es difícil pagar impuestos en Panamá. Es un calvario. Hay que simplificarlo. Hay que modernizar el Estado del lado del gasto. La reacción típica de la gente es cuestionar cómo se suben impuestos si la plata la están malgastando. No solamente la usan mal, sino que hay dudas sobre el mismo. Entonces, tú tienes que limitar el gasto, poner una serie de normas de rendición de cuentas. Por ejemplo, Panamá aprobó una ley hace dos o tres años para la creación de un consejo fiscal a instancias del Fondo Monetario Internacional que recomendó vigilar el gasto con un cuerpo independiente que examine las cuentas del sector público y brinde un informe independiente. Eso está metido en una gaveta, lo aprobaron y lo dejaron olvidado.

RENOVAR EL MODELO

El reto de vencer las desigualdades y generar empleos de calidad

Nombre completo: Guillermo Octavio Chapman Fábrega

Nacimiento: 2 de noviembre de 1935, Panamá

Ocupación: Economista

Resumen de su carrera: Nació en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, de padres panameños, en 1935. Educación: bachiller del colegio Javier (1953 con el primer puesto); licenciatura en economía (B.A.) por Louisiana State University en 1957 y maestría (M.A.) en economía y finanzas por la misma universidad en 1961. Cargos públicos: Economista del Departamento de Planificación del Ministerio de Obras Públicas en 1958-1960 en el que participó en la formulación del primer plan vial de la República; economista de la Dirección de Planificación de la Presidencia de la República 1961-1963; miembro de la Misión Negociadora de los Tratados del Canal responsable por los aspectos económicos de la negociación 1964-1968; miembro principal del Consejo Nacional de Relaciones Exteriores 1990-1994: ministro de Planificación y Política Económica (ahora Ministerio de Economía y Finanzas) y como tal gobernador del Banco Interamericano de Desarrollo, del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional 1994-1999; miembro de la junta directiva de la Autoridad del Canal de Panamá 2007-2016. Ejercicio profesional: en 1968 fundó, junto con dos socios, la firma de asesoría financiera y económica Investigación y Desarrollo, S.A, (hoy Indesa Capital, Ltd.) con la que ha estado vinculado durante las últimas cinco décadas; fue parte del grupo de empresarios que fundó la Bolsa de Valores de Panamá en 1990 y sirvió como presidente de su junta directiva en el periodo 1993-1994.