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09 de Apr de 2020

Política

Con patriotismo, las reformas son posibles

En primer lugar, han contado, como retrocesos, las aproximaciones al tema de los presidentes Martinelli y Varela.

Con patriotismo, las reformas son posibles
Un sector de la sociedad pide una constituyente originaria y no más reformas.

Los aspirantes presidenciales y los partidos que representan; las dirigencias obreras, empresariales, de los gremios profesionales y cuanta organización existe o asume la vocería de la sociedad civil, organizada o desorganizada, coinciden en que la Constitución Política necesita de reformas. Si existe esa amplísima coincidencia, ¿qué ha impedido hacerlo realidad?

En primer lugar, han contado, como retrocesos, las aproximaciones al tema de los presidentes Martinelli y Varela. El primero, prometió que durante su mandato se ‘harían las reformas necesarias a la Constitución', pero nunca concretó, por lo menos conceptualmente, cuáles tenía en mente y tampoco la vía para concretarlas. Sobre la marcha creó la comisión de ‘los notables', que propuso reemplazar la Constitución vigente por un texto que duplicaba su articulado y que fue descartado por su promotor.

El presidente Varela escogió otro sendero. Sin referirse a propuestas concretas, en su programa político electoral prometió convocar a una ‘constituyente paralela'; pero en ejercicio del poder, invocando condiciones coyunturales y, tal vez, por haber tomado conciencia de que esa convocatoria era un auténtico ‘salto al vacío', primero la pospuso temporalmente y luego indefinidamente.

En las postrimerías de su mandato, anunció consultas para auscultar la vía que pudiera utilizarse para encaminar un proceso de reformas constitucionales, que no ha sido formalmente abandonado, pero que tampoco ha encontrado reacciones favorables para continuarlo. En el presente e imbuidos en el proceso electoral de captar adeptos, algunos de los candidatos escogidos por los partidos han comenzado a referirse en sus discursos a las reformas, pero sin definir la vía para adoptarlas y sin presentar o sustentar propuestas concretas.

Adicionalmente, organización con peso político específico, como la Cámara de Comercio se han decantado por presentar algunas propuestas de reformas constitucionales, pero enfocadas solo a la administración de justicia. A la par, otras voces recalcitrantes, pero ciertamente sin mucho eco, continúan demandando constituyentes originarias o paralelas.

Como el tema estará presente en el debate político, y la manera en que se aborde puede ser un factor de desestabilización, con efectos negativos sobre el proceso electoral y, a más largo plazo, de la economía nacional, desde ahora hasta las elecciones, conviene crear parámetros para orientarlo hacia resultados positivos. ¿Cómo hacerlo? En primer lugar, los partidos y sus candidatos presidenciales deben, cuando se refieran al tema constitucional, descontaminarlo, separándolo de las arengas electorales. En segundo lugar, pensar con sentido patriótico y estructurar su posición sobre las reformas, con base a dos criterios rectores: uno, definir los contenidos esenciales de las reformas que apoyarían y, dos, evaluar, con sentido realista, su viabilidad política.

Los candidatos presidenciales cuando se refieren al tema constitucional, separarlo de las arengas electorales

Desde luego, será difícil que candidatos presidenciales que tienen como su norte motivador alcanzar el poder, puedan, entre ellos, convenir en un texto mínimo de reformas constitucionales; pero lograrlo es posible, siempre y cuando se adopte una metodología alineada a esos criterios rectores. Para ello, cada candidato y el partido que representa deben, en un ejercicio de concisión, concretar los cambios que consideran necesarios e impostergables y, simultáneamente evaluar con objetividad el presente político y escoger, entre las vías posibles para adoptarlas, la menos traumática para la nación y que mejor preserve su estabilidad económica y social.

Un pliego de reformas concebido para promover las mínimas necesarias allanaría tanto el escogimiento de la vía como la posibilidad de convenir en contenidos que encuentren denominadores comunes.

Los candidatos presidenciales deben ser los que brinden el impulso político al proyecto, para lo que no es necesario que se involucren directamente en la elaboración del pliego de las reformas. Una vez que ellos aporten el marco conceptual general, la tarea de redacción pueden comisionarla, a representantes que seguiría la línea que ellos trazaran. Si el producto fuera apoyado por un consenso nacional, su viabilidad estaría garantizada. Y ganaría la clase política, pero ante todo el país.