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02 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El Panamá de mis Herodes

Las Sagradas Escrituras, a través de sus testimonios en más de una ocasión y en distintas circunstancias, nos relatan los pormenores de ...

Las Sagradas Escrituras, a través de sus testimonios en más de una ocasión y en distintas circunstancias, nos relatan los pormenores de auténticas experiencias revestidas de sabios consejos y decisiones que aún después de la llegada del Redentor a la Tierra hace dos mil años, siguen vigente ofreciéndonos un cúmulo de directrices y principios para la sana y armónica convivencia; soslayando la esencia del pensamiento materialista al demostrar que aún el paso de cielo y tierra no han sido, ni serán, capaces de desfasar el proverbial mensaje de amor y paz que esgrime este inconmensurable legado a la humanidad.

El infame desenlace de la vida de Juan El Bautista instigado por una maquiavélica esposa, al igual que el exterminio parcial de su parentela, incluyendo la emblemática “matanza de los inocentes”; son algunos de los relatos que recoge la Biblia y la historia para dar fe de la crueldad, soberbia y volubilidad de Herodes El Grande... un inexorable Tetrarca que, pese a haber ostentado un reinado con sagacidad y eficacia, no le bastó el esplendor de su gloria para indultarse del destierro y la ignominia que surcaron los últimos años de su vida.

Hoy, después de meditar en torno al desconcertante panorama nacional que nos ocupa, irremediablemente terminé pensando en “El Panamá de mis Herodes”?

Un país que parece condenado a sucumbir ante el maquiavelismo de quienes tienen la responsabilidad de encaminar los destinos de una nación que lucha a gatas contra:

- La soberbia, el cinismo y las añoranzas de algunos funcionarios monotemáticos por concentrar y ejercer un control totalitario sobre las ideas de los demás;

-El imperante y unidireccional sistema de solidaridad jurídica reinante entre los órganos del estado, que ha sepultado la credibilidad en la justicia de esta inerme y ultrajada ciudadanía;

-La irreverencia de dirigentes deportivos polimórficos, de coraza infranqueable y con una deleznable capacidad de mimetizarse y pasar en segundos de ofensores a ofendidos;

-La desvergüenza de quienes no sienten el mínimo repudio hacia sí mismos cuando sus negociaciones a espaldas de la colectividad se traducen en viles “camarones” revestidos de legalidad, con el aforo y abuso de un poder que es del pueblo y para el pueblo;

-Además de la inocencia presidencial seducida por extraordinarios poderes que aprovechando el regocijo y jolgorio de la velada deportiva reinante, asestó un duro golpe contra quienes hasta ese momento nos enteramos de que esa selectiva, presurosa y hermética fase de consultas para los asuntos de seguridad pública no eran más que una conversación de sordos que terminaría burlando la opinión pública y el derecho a debatir las leyes que nos atañen.

El país no aguanta más la tiranía de quienes envestidos de arrogancia, sin Dios ni ley, promueven el deceso a cuenta gotas de la esperanza y la buena fe de inocentes que en otrora, confiando en un mejor mañana para ellos y su descendencia, depositaron su voluntad en quienes ahora olvidan la razón de ser de su existencia y mandato.

Definitivamente que quien no conoce la historia, está condenado a repetirla?