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28 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

A dos domingos

Hace una semana me referí a la preocupante maraña en que se encuentra inmersa la selección de la persona que ocupará el segundo puesto e...

Hace una semana me referí a la preocupante maraña en que se encuentra inmersa la selección de la persona que ocupará el segundo puesto en importancia dentro del torneo electoral del 3 de mayo venidero.

Dije entonces —y lo reitero hoy— que la campaña por la Alcaldía de la ciudad de Panamá se ha visto ética y moralmente contaminada por parte de dos de los tres candidatos dentro de dicha contienda, asunto totalmente incompatible con el oficio de dirigir adecuadamente el andar de nuestra ciudad y procurar el bienestar común de todos los que en ella habitamos.

El caso de Roberto Velásquez Abood —cada día más viciado producto de sus constantes contradicciones respecto a los testimonios que diera David Murcia en su momento— ha caído en un efluvio putrefacto luego de las declaraciones que hicieron ante el Ministerio Público los tres agentes del SPI involucrados en el caso de marras.

Tan serio como las lapidarias afirmaciones de Alexander Ventura Nogueira sobre el tema que nos ocupa es la inexplicable ausencia de coordinación entre la procuradora General de la Nación y su contraparte dentro del Órgano Ejecutivo. Por razones harto difíciles de entender no se suministró —luego de solicitar el Ministerio Público todo el expediente sobre lo acontecido dentro de esta delicada situación— el informe que, en su momento, elaboraron los hoy destituidos miembros del cuerpo elite antes citado.

Por otro lado, la forma en que el Tribunal Electoral resolvió la situación de Bosco Vallarino —dada la incuestionable violación a las disposiciones que sobre el tema dispone nuestra Constitución Política— es de una desvergüenza tal que atenta contra los más básicos principios del sentido común. Salirse con semejante desparpajo legal al decir que dicho organismo “no tiene competencia para determinar la nacionalidad y los derechos ciudadanos de Bosco Vallarino” es negar —superando la triste postura de Poncio Pilatos— la esencia misma, tanto de lo objetado por quienes en su momento elevaron la querella, como de la aceptación de ciudadanía norteamericana por boca del candidato que nos ocupa.

¿Es ese el actuar que esperamos los panameños de las autoridades que nos gobiernan? ¿Cómo queda la credibilidad de los poderes del Estado ante las dos deplorables situaciones antes mencionadas? Rehúso aceptar que el futuro de este importante puesto quede en manos de alguno de esos dos candidatos, cuya sola designación malograría las bases éticas y morales donde estructurar el mejoramiento sociocultural anhelado por todos.

“No se hace buen pan con mala masa”, decía con frecuencia mi difunto padre. Aunque el estribillo cae al pelo frente a la porquería imperante, no desistiré en mi empeño de lograr un ambiente mejor para los moradores de la principal urbe nacional. Dicho lo anterior confirmo que votaré el domingo 3 de mayo por la candidatura de Miguel Antonio Bernal para alcalde de la ciudad de Panamá. De la misma manera exhorto a la sociedad capitalina a no dejarlo solo en su noble empeño. Su andar cotidiano —junto al inconcluso sueño de hacer realidad ese cambio que muchos hemos apoyado con nuestro trabajo por largos años— es el más afín a ese onírico lugar decente que anhelamos la mayoría de los que aquí habitamos.

-El autor es arquitecto.rjbermudez@cwpanama.com