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29 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Una tregua política

El más sorprendido por el resultado de los comicios del domingo debe haber sido el ahora presidente electo Ricardo Martinelli. Su triunf...

El más sorprendido por el resultado de los comicios del domingo debe haber sido el ahora presidente electo Ricardo Martinelli. Su triunfo se debió, entre otras cosas, a que supo someter a un electorado apático, sin identificación partidaria y desconfiado de los políticos, con una campaña mediática negativa y explotar sus emociones. Una estrategia asociada al rating de los medios masivos de comunicación que simplificó la discusión y llevó a los votantes a respaldar personas antes que ideas.

Después de una contienda electoral de intimidación y descalificaciones, de manipulación de la propaganda política y de complicidad de los medios de comunicación, Martinelli mostrará su verdadero rostro. Ha llamado a un gobierno de unidad nacional, algo que suena bien a los oídos, pero que en la práctica es muy difícil de concretar. Su alianza opositora manifestó más voracidad política que proyecto de país. Ahora tiene que honrar los compromisos políticos que garantizaron su triunfo electoral, impulsar los cambios prometidos y desarrollar los procedimientos apremiantes si tiene intenciones de satisfacer la voluntad soberana de los votantes.

Una lectura detenida de su programa de gobierno demuestra, por otro lado, que es un proyecto de poder de lo más conservador de la empresa privada. No toma en cuenta a otros sectores sociales. Y así no puede hablarse de unidad nacional.

Durante la campaña electoral Martinelli generó una atmósfera de desencanto hacia la clase política y las instituciones democráticas. Ahora está por verse si tiene la capacidad para propiciar credibilidad en las prácticas democráticas que no se agotan con el mero proceso electoral. Contrario a la desconfianza social que atizó, debe contribuir a forjar una sociedad virtuosa, que crea en el presente y se manifieste hacia el futuro en forma organizada. Se desconoce cómo piensa impulsar su sentido de democracia, si espera fortalecerla con una base más amplia de participación, con la idea de enriquecer su significado y aplicación.

Panamá no es una isla, su conectividad con el mundo y su inserción en la comunidad internacional obligan al equilibrio y la moderación en lo relativo a la gran transformación anunciada. El giro del país político hacia la derecha es disonante con el rumbo de la región donde, con excepción de Colombia y México, imperan gobiernos populares y de centro izquierda.

Con la elección de Martinelli el país cierra un ciclo político iniciado en 1968 cuando Omar Torrijos arrebató el poder a los empresarios. Desde entonces existía la pugna por tener en una sola mano el poder político y económico del país. Ahora hay que esperar para determinar si la elección de Martinelli representa un retroceso democrático que reducirá la frágil calidad de las instituciones del Estado. Si las dirigencias partidistas están absortas en la recomposición del escenario político, el liderazgo social no debe, por complacencia o pusilanimidad, allanarse a la voluntad del más fuerte. Por el momento hay que asistir a una tregua política para permitir al presidente electo demostrar sus verdaderos propósitos. Todavía es un enigma el proyecto de Nación de Martinelli, sus ideas sobre la solidaridad y su capacidad de vincular cuestiones indisolubles como la justicia social con la democracia participativa.

-El autor es periodista.d_olaciregui@hotmail.com