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07 de Aug de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Martinelli y el conductor de Aruba

En estos cruceros que parten de Colón, llegué con mi esposa a Aruba. Contratamos, junto a otros, un micro bus para que nos llevara a un ...

En estos cruceros que parten de Colón, llegué con mi esposa a Aruba. Contratamos, junto a otros, un micro bus para que nos llevara a un balneario. El conductor le imprimió una velocidad endemoniada al vehículo, lo que me hizo ver el velocímetro, el que marcaba poco más de 120 Km/h en una carretera estrecha y sin señalizaciones. Pregunté al conductor que cuál era el límite de velocidad para, sutilmente, llamarlo al orden. Dijo que no había límite, a lo que le contesté que para nosotros sí había límite y que bajara a 80. Bajó a 110 y volví a insistirle más enérgicamente y bajó a 90. Una pasajera me dio las gracias.

Escuchamos que no hay que criticar al nuevo gobierno y que hay que darle un compás de espera de cien días para conocer cómo viene. Veo al nuevo gobierno como el conductor de Aruba y sus pasajeros como el pueblo panameño. A poco de comenzar el viaje sabremos qué podemos esperar y no hay que esperar todo el viaje o los cien días para decirle a nuestro conductor qué queremos. El gobernante es un mandatario, es decir, el que lleva el mandato de lo que queremos y se lo podemos decir mil veces. Queremos un cambio que el nuevo gobierno nos prometió. Estamos regocijados de que vencimos a la “Hija del Proceso” y al partido de la dictadura, pero tenemos que decir cuál es el cambio que queremos.

Queremos justicia que defina qué fue lo que pasó con los muertos y desaparecidos en los 21 años de dictadura y que alcance hasta los que entraron limpios y salieron millonarios de esos 21 años y de los 20 de la supuesta democracia. Que no haya desigualdades salariales en el sector público, que una ley general de salarios establezca una escala inicialmente 15 a 1; 6000 el salario máximo a 400 el mínimo (6000 para presidentes de los órganos del Estado y de ahí para abajo). Que se acaben las botellas y los múltiples pagos disfrazados de asesorías o contratos de servicios profesionales.

El que quiera ganar más de lo que un Estado con casi 40% de pobres puede pagar que se vaya al sector privado. Que los cónsules no recojan más de lo que gana el presidente de la República. Que se persiga la coima en forma directa o por interpuesta persona. Que para ingresar a Carrera Administrativa no se haya pertenecido a partido alguno en los últimos dos años por lo menos, luego de haber depurado la bellaquería que hizo el Partido Revolucionario Democrático. Que se abran a concurso, dentro de no más de dos años, todas las jefaturas del sector público, teniendo como requisito no pertenecer a partido alguno en los dos años previos al concurso. Que todo gasto y donación a partido y a campaña sea público y auditado obligatoriamente. Que se revisen las concesiones y ventas de tierras estatales en los últimos 50 años, combatiendo la especulación y lesiones patrimoniales.

Si se increpa al gobierno como increpamos al conductor de Aruba, aunque no se logre la totalidad, pero sí una parte sustancial, estaremos logrando nuestro objetivo como Estado: dar a su población el máximo de bienestar común posible.

-El autor fue precandidato presidencial.jgamboarosemena@hotmail.com