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03 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Sinergia

Tal vez esta simbiótica concordancia se haya mezclado con recuerdos ante la inesperada partida, pero ha integrado el ayer y el ahora, pa...

Tal vez esta simbiótica concordancia se haya mezclado con recuerdos ante la inesperada partida, pero ha integrado el ayer y el ahora, para solidificar como si fuera siempre.

Lo puedo sentir hablar, reír, chancear, y palparlo esotérico a mi lado o el centelleo del celular en espera de su llamada para corregir la noticia.

“ Llámalo y dale apoyo “. Me dijo el conocido interlocutor. “ Esta muy delgado y deprimido ”. Remató el interesado. Esa perturbación mental depresiva, pierde la fidelidad al no poder medir los grados por lo empírico.

No fui al entierro para no desprenderlo, afectado y golpeado por el pésame y la agobiante carga emocional que derramó una creciente desazón, sin encontrar las palabras y mecánicamente abrazado porque es mejor juntar el cuerpo en el apretón preñado de silencio, y espantar los sollozos o esconder la entrecortada voz con palabras de consuelo en fuga; abonar el elipsis por el diálogo, matizar la triste interacción de esos ojillos penetrantes y hundidos en la cara inexpresiva y gestos apagados de la madre, sin una razonable explicación para despedir al hijo: “ Él era tu amigo ” Sentenció abrumada “ Él es mi amigo y solo nos lleva la delantera ”, contesté como pude.

No conozco los secretos de la ciencia y menos los técnicas, pero puedo describir lo ocurrido en otras víctimas prisioneras del mal, perdidas en la realidad depresiva y terminal, si escogen un remedio peor que la enfermedad. Él se dejó morir invadido en la angustia centrada en la imaginación, incapaz de defender ese duro comercio entre los hombres, para ceder inerme y abandonar la lucha para dejar los problemas y vanagloria de la batalla que ganaron.

La noticia del ocaso se sintió lejana e imperceptible. Aquello transmitido en referencia sobre — “ hablé y lo sentí oprimido por el mundo de los negocios y la malquerencia de los llamados amigos políticos ”—. Todos sabemos que las alianzas en este seminario de la vida son por conveniencias y de ese modo nos transportan en el carro de la historia de un lugar al otro, del gobierno a la oposición o viceversa.

De todas formas se sufre, al ganar o perder nos afecta, si nos ignoran o escuchan. La rumiante felicidad es pasajera en este permanente juego por la existencia.

De nada me pudo servir esa notable habilidad para atajar el industrial sufrimiento que produce el hastío.

Perdí la oportunidad de reanimarlo.

No fui capaz de horadar ese pensamiento para encontrar la semilla de la lucha y el esfuerzo, de recordarle la familia, los triunfos, aquellos anhelos del éxito repetido, si en esta vida tanto como ganar vale primero competir; de levantarse al caer cuantas veces ocurra y de compartir la hermandad que abrazamos. Fallé en el intento porque al equivocarme valoré la enfermedad pasajera en vez de grave.

No supe sortear para revivirlo mentalmente de ese confuso laberinto en el que estaba. Es por todo eso que de manera prematura espiritualizó.

Nada más queda ahora decir: Hasta luego, Jaime Domingo.

*Abogado y docente universitario.cherrera@cwpanama.net