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02 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El pecado de las bases

Parafraseando a mi hermano Monchi, “no hay suerte para el hombre honrado”. Nuevamente vemos a políticos y funcionarios hablar con convic...

Parafraseando a mi hermano Monchi, “no hay suerte para el hombre honrado”. Nuevamente vemos a políticos y funcionarios hablar con convicción de su compromiso con el pueblo, de la importancia de “las bases”. En una época, no lo dudé nunca, el Partido Revolucionario Democrático (PRD) sí consultaba las bases, solo que eran las bases de Río Hato, Chiriquí, Tinajitas, Panamá Viejo.

Hoy, mientras el partido más grande pasa por su última crisis, hay que nuevamente recurrir a las bases. Pero, ¿alguien realmente cree en las bases?

La política se ha convertido en un juego del clientelismo, donde unos ofrecen y otros exigen. La discusión política de ayer fue reemplazada por las negociaciones del “ toma y dame ” de hoy. Un líder es tan bueno como nombre a sus seguidores, tan malo como excluya en sus nombramientos.

El sueño de un Ricardo Martinelli que pretendió lograr un gobierno sin mezquindades partidistas, con un gobierno por y con los mejores panameños, se ha reducido a un gobierno partidista de corte tradicional, solo que con estilo propio y una firme determinación de acabar la corrupción. Pero los defectos del sistema partidistas persisten.

Mientras tanto, las bases, tan utilizadas siempre, siguen en la exclusión. Son innumerables los militantes de los partidos de la Alianza por el Cambio que trabajaron duramente la campaña, muchos sin sueldo, muchos horas nocturnas y hasta tarde, solo para saborear el triunfo el 3 de mayo y quedar relegados a la gran masa que nadie ni les toma el teléfono, ni les da cita y, mucho menos, les ofrece trabajo. Militantes que son soldados anónimos de la guerra electoral, vencedores, pero vencidos por la burocracia, el amiguismo, las fuerzas excluyentes de los partidos.

A mí siempre me sorprenderán las bases, parecen hijas del maltrato, resignadas al despecho, presentes siempre ante el llamado del partido, pero nunca consideradas al momento de repartir la gloria del triunfo. Pero siguen inscritas, siguen militando, siguen asistiendo, sin sufrir desgaste ni perder su amor por el partido al que pertenecen.

La lealtad de las bases a los partidos es envidiable para cualquier empresa. Nada parece disminuir su ánimo.

Su pecado, simplemente, es ser miembro de base. No pertenecer al círculo de algunos en el poder, no ser de los primeros anillos que rodean a los ministros o directores ni familiar de “ uno grande ”. Eso te explica por qué al tener un hijo buscan de padrino a un “ cocotudo ”, para que ese padrino algún día saque a su hijo “ de las bases ”.

Sin embargo, nos llenamos la boca diciendo que nuestros partidos son democráticos, que “ ahora le toca al pueblo ”, que “ ahora le toca a las bases ”. Cuento, las bases, si no se organizan y fortalecen su organización no podrán nunca superar la fuerza de los que detentan el poder económico en los partidos y luego jamás podrán vencer las “ roscas ” propias del poder.

Quizás lo primero es darle a las bases un sentido de grupo, un orgullo de clase, ser orgullosamente de las bases del partido, primer paso para que realmente lleguen las bases al poder.

Recuerdo el viejo “ solo el pueblo salva al pueblo ”, hoy, quizás, solo las bases salvarán a los partidos y, al final, al país.

*Ingeniero y analista político.marognoni@cwpanama.net