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06 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Descentralización, diálogo por el rescate de la Nación

“—Más que honor, es justicia lo que haremos. Pero ¿cuál será la conducta de nuestros guerreros respecto del enemigo?

“—Más que honor, es justicia lo que haremos. Pero ¿cuál será la conducta de nuestros guerreros respecto del enemigo?

—¿En qué?

—En primer lugar, en punto a la esclavitud. ¿Te parece justo que los griegos reduzcan a la servidumbre a ciudades griegas? ¿No deberían más bien prohibirlo a todos los demás, en cuanto fuera posible, y sentar por principios que no había esclavitud para los pueblos griegos, por temor de que cayeran en la esclavitud de los bárbaros?

—Ciertamente es de grande interés hacerlo así.

—Y, por lo tanto, no debe tenerse ningún esclavo griego, y a todos los demás griegos se debe aconsejar que sigan este ejemplo.

—Sin duda. Por este medio, en lugar de destruirse unos a otros, volverán todas sus fuerzas contra los bárbaros?”, La República — Platón.

Tal y como refiere este extracto de la obra cumbre de Platón, ha llegado el momento de sincerarnos los panameños en relación a nuestra visión de Estado, ya sea, para ratificar erróneamente nuestras pequeñeces y mezquindades o, por el contrario, a efecto de hermanarnos en procura de un mejor futuro.

A pocos días de concluir el período presidencial del Licenciado Martín Torrijos Espino el Órgano Legislativo, en apogeo irrestricto a sus facultades constitucionales y legales, sometió a debate y votó favorablemente la denominada “ Ley de Descentralización ”.

En ese teatro de los hechos se pudieron apreciar coincidencias, disidencias y menudencias. A la postre se diría que las tres vertientes iban dirigidas a declarar que:

1. La descentralización es un acto que hace honor y justicia a los miles de panameños que deambulan en búsqueda de las respuestas oportunas que el centralismo asfixiante que padecemos no precisa obsequiarles.

2. La Ley de Descentralización, salvo algunos detalles, era un buen intento en pro del desarrollo de las estructuras de control y administración del quehacer gubernativo.

3. Si se salvaban estos escollos no tendrían objeciones los opositores (hoy mayoría de la alianza por el cambio) en aprobarla.

Por tanto, lo que prevalecía como objeciones eran, y digámoslo con determinación, meras apreciaciones discursivas que pudieron ser salvadas en una mesa de negociaciones a través de un diálogo entre iguales, verbigracia, panameños amantes y propulsores del desarrollo y bienestar nacional.

Nadie puede negar lo que es una verdad de vieja acuñación y no es otra cosa que aseverar sobre la desigualdad que provoca el poder centralizado, que tiende a alimentarse de los recursos producidos en otras latitudes, como en Colón, en donde se originan para el Estado ingresos multimillonarios, sin embargo, ¿cuánto nos dan a los colonenses para administrarlo y a quiénes?

Bueno, las respuestas son contundentes, a la primera incógnita responderemos que centavos y a la segunda diremos que a unos caciques enquistados en la Cosa Pública que, desde sus recintos gubernamentales en Panamá, dispensan desprecio y desidia para nuestros municipios.

Nuestros esfuerzos para avalar el diálogo tiene un solo propósito y está representado en la confianza de reconocernos todos (panameñistas, perredés, miembros de Cambio Democrático, molineras, populares, patrióticos e independientes) hijos de un solo territorio y servidores de una nación.

Bien decía el autor de La República , cuando indicaba que los griegos al identificarse plenamente con el ser y deber de su nación, no podían ser vencedores de sus iguales hasta el punto de convertirles en sus esclavos. Por ende, los panameños no podemos seguir teniendo como esclavos de los designios del Poder Ejecutivo central a todo el resto del país que después del Chagres o del Puente de las Américas solo anhelamos justicia en libertad, o sea, un mejor Panamá para todos. Si cumplimos nuestra encomienda pública, se habrá vencido a los bárbaros de hoy, cuales son la inseguridad, el desempleo, la ignorancia, etcétera.

Hagamos un alto y honremos a las generaciones que nos legaron Bandera, Himno, Escudo Nacional, Estado y Soberanía; seamos legítimos herederos de Victoriano, Belisario, Arnulfo y Omar, pues ellos, propugnaron por ofrecernos un destino manifiesto distinto al que lamentablemente estamos construyendo.

Amar la patria no tiene costo y da muchas satisfacciones. Hagamos uso del diálogo y no de las imposiciones.

*Alcalde del distrito de Colón.portobelo2000@hotmail.com