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08 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

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El pensamiento del tiempo

Han transcurrido cinco meses de la toma de posesión del nuevo gobierno. La última encuesta de Neira indica que más de la mitad de los co...

Han transcurrido cinco meses de la toma de posesión del nuevo gobierno. La última encuesta de Neira indica que más de la mitad de los consultados considera que debe efectuarse un cambio ministerial y un inmenso 63% censura la gestión del alcalde capitalino.

Este nuevo Gobierno es, de por sí, la resultante de una compleja situación política. Por un lado, el claro deterioro de las ofertas de la clase política y, por el otro, los cambios que se han producido en la cultura política de la población y el impacto de los nuevos desafíos.

La velocidad de esos cambios ha sido superior a la capacidad de la clase política para comprenderlos, adecuarse a ellos y realizar propuestas que le puedan permitir el mantener su relación e influencia dentro de la población. El resultado es que las organizaciones políticas caminan por un lado y la sociedad piensa y anda por el otro. Ese espacio perdido por unos y abandonado por otros, hace que sean los grandes medios de información y las agencias publicitarias los que mayor influencia tengan en la formación de la opinión pública. El fenómeno Martinelli es una muestra de esa nueva realidad. Un proyecto basado en una oferta mediática que supo actuar, con mayor destreza, en el ámbito social.

Pero ello tiene también sus riesgos que es lo que ahora vemos a través de la encuesta. Una mala o mediocre práctica en la propaganda mediática, puede producir un deterioro en la imagen que compró la sociedad. La idea de un superhéroe capaz de resolver todos los problemas que afectan la vida cotidiana de la sociedad, de manera inmediata, es difícil de mantener por mucho tiempo frente a una población llena de expectativas y esperanzas.

Como no son temas casuales, cosas de estilos y formas de administrar al Gobierno, sino temas estructurales que han hecho crisis, entonces los gobernantes deben recurrir, obligatoriamente, a tomar medidas para involucrar a toda la sociedad en la búsqueda de soluciones.

Los destinos de una nación y las soluciones prometidas caminan de la mano. El Gobierno debe mantener un máximo nivel de gobernabilidad mejorando todas las vías de comunicación con la población. Que la sociedad comience a sentir que es una parte importante en la solución colectiva de sus problemas diarios. Que la agenda que cubre los problemas de interés nacional debe promover una alianza participativa de todos para romper esa cultura de la delegación. Realizar una política de eficiencia en la gestión administrativa del Gobierno, para lo cual debe apoyarse en la parte más calificada y entrenada de la burocracia sin importar su origen partidario.

La cultura de calle abajo y calle arriba es la menos indicada para manejar las relaciones dentro de la clase política. El país podrá tener los mejores índices económicos y aplacar con ello a las pragmáticas capas medias, pero los problemas estructurales continuarán pendientes, gravitando dentro de una inmensa masa de la población marginada de las opciones de ese crecimiento. El Estado tiene la obligación de ser consecuente con esa realidad. Igual que el resto de la clase política. Todo tiene su momento.

No hay nuevos problemas. Son los mismos que se arrastran desde aquel 31 de diciembre de 1999, cuando elevamos el emblema nacional en la cima del “ Administration Building ”. Las oportunidades se agotan, las esperanzas también. No hay nada que reinventar. Todos dependemos de la gobernabilidad y ello implica oportunidades y participación de los panameños.

*Miembro del PRD.rvasquezch@cwpanama.net