22 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Pacotilla

Hace unos días y producto de algunos referentes expuestos por diversos medios de comunicación, que caldearon el ambiente político, el pr...

Hace unos días y producto de algunos referentes expuestos por diversos medios de comunicación, que caldearon el ambiente político, el presidente de la República utilizó el adjetivo “de pacotilla” para referirse a la calidad y, por supuesto, resultado del trabajo periodístico que se hace en el país.

Algunos medios aludidos reaccionaron sobre esta tipificación presidencial, poco común en ese nivel del Ejecutivo y a través de editoriales, comentarios, entrevistas y artículos, se han referido al cuestionamiento que se hizo a sus tareas con un adjetivo que se refiere a productos confeccionados con pobre calidad o con un bajo esmero.

Al parecer “ pacotilla ”, proviene del antiguo francés; de la palabra “ pacque ”, una especie de fardo, lleno de cosas o géneros que los marineros u oficiales de un barco podían embarcar por su cuenta, libres del pago de los fletes. Se consideraba a este tipo de carga de poco valor e insulsa. De allí, pasó al español con el sentido último de objetos de poca calidad y por extensión, a las personas de menor importancia o capacidad de lo que parecen.

Si aplicamos estas ideas al enjuiciamiento a los medios locales de comunicación, quizás pudiéramos utilizar otra expresión, como mucho ruido y pocas nueces y dentro de esta idea, referirnos a algo de mayor profundidad que consideramos está en el fondo del asunto: una carrera por la audiencia, por la sintonía, que se basa en lo espectacular, que no necesariamente sea lo más importante para conocer la realidad.

Hay que recordar que los medios de comunicación en Panamá descansan sobre una perspectiva empresarial. La gestión de ellos es igual a la venta de vehículos, de servicios bancarios, de seguros o a la de cualquier mueblería. Lo único diferente es que su producto no es tangible; se lee, se escucha o se ve. La información es quizás el aspecto más concreto de este negocio y ella compite en un mercado, al igual que cualquier mercadería.

Los teóricos afirman que el negocio de la comunicación siempre ha estado ligado al poder. Esto quiere decir que los políticos y los empresarios de la comunicación por lo general caminan por las mismas aceras y si se funden, todavía es mejor. Si esto no fuera así, no podría explicarse por qué cuando los políticos llegan al poder, por lo general si no lo tienen, buscan la manera de ser también dueños de medios de comunicación.

Quien considere que esto no es así, que analice los movimientos que desarrollan algunos medios y el cambio en la tenencia. De igual manera, para sustentar estas ideas, habría que mirar cuántos diputados son simultáneamente socios o están ligados a algún medio de comunicación. Pero esta no es una situación actual o algo nuevo, la historia de los medios de comunicación en Panamá está vinculada a la trayectoria política del país.

Cuando las dos primeras cadenas nacionales de televisión nacieron, los grupos que las gerenciaban estaban muy relacionados con el poder político vigente en el momento.

Cuando el sector político del país se siente afectado por los contenidos —información y comentarios— de los medios de comunicación, es porque les afecta de alguna manera. Por lo general las administraciones suelen obviar una reflexión clara, profunda y analítica sobre los medios de comunicación y si uno advierte cuál ha sido, por ejemplo, el destino de la regulación de los medios, encuentra una respuesta a estas ideas.

Si se analiza, por ejemplo, el destino de la política gubernamental sobre radiodifusión, se encontrará en las disposiciones legales, precisamente la ausencia de toda política encubierta en un conjunto de disposiciones técnicas que no mencionan cuál es la responsabilidad que debe asumir quien adquiera una frecuencia de radiodifusión.

En televisión se ha producido en los últimos años una tendencia hacia la autorregulación, que es una forma disimulada de encogimiento de hombros hacia lo que aparece en la pantalla. En otros temas técnicos, como el escoger la norma que va a establecerse en el país con la televisión digital de alta definición, se tiende a acercarse al modelo europeo, que haría cambiar todo el esquema existente y con altos índices de gastos para los usuarios.

La prensa escrita cuenta con siete medios nacionales diarios y algunos otros semanales. La agenda informativa suele recorrer los espacios más superficiales en algunos casos. Sin embargo, lo que constituye un enfoque de la realidad nacional se desdibuja a veces por hechos sin trascendencia, como la eventualidad y la banalidad, que deben ser disfrazadas con violencia, morbosidad y sensualismo de muy baja calidad.

En la administración anterior, un mal consejo hizo que el Ejecutivo eliminara cualquier alusión a los medios de comunicación en la normativa del país. Eso creó un vacío perjudicial, porque los asuntos que implican conflictos no pueden ser dirimidos en una instancia con la competencia adecuada.

Por ejemplo, los problemas de la autorregulación, quién los atiende, quién debe conocer del lenguaje escatológico de algunas radioemisoras o la tolerancia de que niños y adolescentes entren a cines que pasan películas dirigidas al público adulto. Algo como una disposición sugerida por un ente del Consejo Nacional de Periodismo para que la identidad de niños no aparezca en las noticias, resulta difícil aplicarla en la competencia de audiencia.

Un acercamiento del sector gubernamental hacia los medios de comunicación para determinar cómo deben hacerse las cosas, es un movimiento con indecisión y con demasiada fricción, que entorpece una verdadera política de comunicación en el país, si eso es lo que se quiere como producto final del proceso. El Ejecutivo cuenta con instrumentos y entes para alcanzar este objetivo y puede utilizarlos con mejores resultados.

Los medios de comunicación son la expresión de una sociedad, porque ellos pueden articular los mejores ejercicios de diálogo en el contexto de los verdaderos propósitos nacionales. Para alcanzar esto, deben contar con una visión de nación que de alguna manera se exprese en sus contenidos. Cuando esto se alcance, dejarán de ser percibidos como “ de pacotilla ” y adquirirán su verdadero sentido.

*Periodista y docente universitario.modestun@yahoo.es