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01 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

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La visita de Silvio Berlusconi

Sí, finalmente, se produce la visita del primer ministro Silvio Berlusconi a Panamá, estará precedida de un megaescándalo de corrupción ...

Sí, finalmente, se produce la visita del primer ministro Silvio Berlusconi a Panamá, estará precedida de un megaescándalo de corrupción que amenaza su futuro político y de una ley mordaza que impide a los medios publicar causas judiciales y restringe la facultad de los jueces para investigar a funcionarios públicos. A eso se añade el agravamiento de la crisis económica y el empobrecimiento de una Italia hundida en el ‘ranking’ de Europa. Hace poco más de dos años, el entonces primer ministro Romano Prodi canceló su visita a Panamá por la crisis política que enfrentaba promovida, precisamente, por Berlusconi, quien retornó al poder por tercera ocasión en mayo del 2008.

Después de sortear escándalos sexuales y librarse de juicios por corrupción, Berlusconi fue objeto de una agresión física en diciembre en Milán que le desfiguró el rostro. Pero el gobernante, más que el golpe físico, ha resentido en las últimas semanas los desafíos públicos del número dos en la escala del poder en Italia. Gianfranco Fini, cofundador del partido que llevó al poder a Berlusconi, ha logrado sacar de sus casillas al primer ministro y ha atacado a fondo su estilo neofascista, del que ha tomado distancia moviéndose hacia la centro derecha y preservándose como su posible sucesor.

Fini advirtió sobre los peligros de controlar los poderes del Estado, recriminó a los ‘coroneles berlusconianos’ por intentar acallar a quienes disienten de sus designios y recordó que ha sido objeto de frecuentes ataques por parte de periodistas pagados por Berlusconi. Los punzantes ataques de Fini, ex ministro de Relaciones Exteriores y líder del Poder Legislativo, también advirtieron sobre la corrupción que en estos días acorrala al primer ministro. ‘Hace falta reformar la justicia —arremetió—, pero no dando la impresión de que se hace para garantizar más impunidad’.

El megaescándalo de corrupción en el que están envueltos media docena de los ministros más cercanos al gobernante italiano, que manejaron miles de millones de dólares en concesiones de grandes obras públicas, es una seria amenaza para su presente y futuro político. La cara visible ha sido el creador de la imagen de Berlusconi, Guido Bertolaso, quien fue el primero en renunciar, seguido del ministro de Desarrollo Económico, Claudio Scajola, pescado in fraganti como personaje clave de una banda en la que están involucrados decenas de empresarios de la construcción.

Berlusconi, que en sus poco más de dos años de gobierno, ha logrado zafarse de procesos por corrupción debido a prescripciones, leyes a su medida y a un ejército de abogados, parece darse cuenta de que actualmente es otro el escenario. ‘No puede creer que en Italia roban mucho’, dijo recientemente sin disimular su cinismo, consciente de que la imagen de Silvio el más rico, el más mujeriego, el más vivo, el mejor, está en caída precipitada. Actualmente el 52% de los italianos afirma que tiene poca o ninguna confianza en Berlusconi.

En los últimos días, el panorama italiano ha estado dominado nuevamente por el clima tóxico, de hostilidad y enfrentamiento que ha caracterizado la gestión de Berlusconi. La imposición de una ley mordaza a la prensa que denuncia y a los jueces que investigan casos de corrupción apunta a someter la libertad de expresión y es un atentado contra el Estado de Derecho. Bajo la nueva ley los editores enfrentarán multas de hasta $650,000 y penas de cárcel. Berlusconi se defendió diciendo que con esa legislación acabará con el ‘infierno constitucional’ que le impide gobernar Italia a su antojo. La medida ha producido expresiones de luto por parte de la prensa italiana y los principales medios y organizaciones de prensa europea.

Lo que pretende Berlusconi es esconder como secreto de Estado sus negocios a la sombra del poder, el uso privado de los recursos públicos y blindar su privacidad manteniendo cegados a los italianos. De ese personaje es de quien espera ser anfitrión el presidente Ricardo Martinelli, sobre el que no ha ahorrado elogios, porque lo considera su mentor en su concepción totalitaria del poder. Hay que recordar que en uno de sus exabruptos discursivos, Martinelli se autoproclamó como el italiano de América.

*PERIODISTA.