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07 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Evitemos otro 11 de octubre

Cualquier persona con algún grado de sensatez estará preocupada por lo que ocurre en nuestro campo político—social, pues vemos cómo algu...

Cualquier persona con algún grado de sensatez estará preocupada por lo que ocurre en nuestro campo político—social, pues vemos cómo algunos medios de comunicación presentan en destaque cualquier acción gubernamental que pueda interpretarse como negativa, pero lo positivo pasa casi desapercibido.

Yo estoy muy de acuerdo con que el periodismo debe mantenerse investigativo y crítico contra la corrupción, que siempre la habrá, pero creo que se están yendo a extremos, quizás debido a que existe una fuerte competencia por lograr mayor circulación periodística, mayor sintonía en radio y televisión, el famoso ‘rating’, al que con razón o sin ella supeditan al morbo, y ello los lleva (nos lleva) a extremos peligrosos; pero debe haber un mínimo de sensatez, de amor patrio.

Tenemos un Panamá que muchos extranjeros quisieran para sí y por ello bastantes conviven con nosotros, porque estamos entre los más progresistas del mundo, pero la intensa campaña de negatividad imperante irá poco a poco minando nuestro prestigio internacional y, consecuentemente, nuestro desarrollo económico y social, perjudicándonos a todos.

Los que vivimos aquella triste época no podemos olvidar que las circunstancias que antecedieron al golpe de Estado de 1968 fueron casi idénticas a lo que está ocurriendo ahora. Panamá, orgullosamente ostentaba entonces una efectiva democracia con el más alto crecimiento económico de América: 8% anual sostenido durante más de diez años, algo pocas veces visto en el mundo entero, con baja tasa de desempleo, ello durante los gobiernos liberales de Roberto (Nino) Chiari, 1960—1964, y de Marcos Robles, 1964—1968, pero la politiquería y la publicidad negativa que desataron hizo que ‘todo parecía malo’.

Por ejemplo: al proyecto de tratados del Canal negociado por el gobierno de Robles, al que despectivamente llamaron los ‘tres en uno’ y que fueron rechazados en democracia; después los militares los impusieron, con mínimas variaciones, como un gran logro de su ‘revolución’ en la recuperación del Canal. Además, acusaciones exageradas de corrupción, de fraudes y de cuanta otra cosa, sirvieron de excusa propiciatoria a los militares para dar su golpe.

Paradójicamente los promotores de tal situación: demócratacristianos, panameñistas, La Estrella, EPASA y algunas emisoras —La Prensa aún no existía— fueron los primeros en sufrir las persecuciones de los mismos militares. Idéntico ha sido el resultado en muchos otros países vecinos, debido a abusos de la democracia, aupados por insaciables ansias de poder.

¿Y en qué resultó la llamada ‘revolución’ militarista perredista? Ni más, ni menos que en dos décadas tiradas al basurero. Y bastará una simple comparación entre el caos económico y social heredado de la dictadura de veinte años versus el mundialmente reconocido enorme desarrollo experimentado por Panamá en los veinte subsiguientes; esto último a pesar de que en 1989 el gobierno encontró un país autocrático rampante; bajo crecimiento económico; alto desempleo; persecuciones y asesinatos políticos; presidentes, diputados y magistrados títeres nombrados por el dictador; imagen internacional negativa; cierre de bancos; escasez de dinero circulante; discrepancias entre connacionales como resultado de la promovida lucha de clases; todo ello agravado por la invasión que ellos mismos provocaron, con sus consecuentes saqueos; o sea que el país estaba devastado. ¡Y miren cómo hemos progresado!

Pensemos en todo esto y seamos sensatos; las cosas no pueden ser de acuerdo a nuestra muy particular conveniencia y mezquinos intereses, sin importar que ello nos perjudique a todos, y eso es, precisamente, a lo que consciente o inconscientemente nos están llevando. Mantener esta actitud hasta podría llegar a propiciar otro 11 de octubre, pues, ni se les ocurra pensar que estamos vacunados contra tal devastadora calamidad, que ya se ha repetido en muchos otros países ante situaciones como las que señalo.

*EMPRESARIO.