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17 de Jan de 2021

Mario A. Rognoni (Q.E.P.D.)

Columnistas

Botando el voto

‘... mientras no cambiemos la Constitución, ... no debemos reelegir a ningún partido en el poder...’.

Botando el voto
Botando el voto

Una de las grandes mentiras de la democracia es el dicho que señala que ‘cada voto cuenta’. Literalmente es cierto, todos los votos se cuentan, pero no todos los votos cuentan. En cualquier elección con múltiples candidatos, al final los votos que realmente cuentan son los que reciben los dos primeros. Es decir, si candidato A saca 620,000 votos y candidato B 610,000 los votos que se emitieron a ellos dos definitivamente contaron, al menos para el ganador. Pero si Candidato C sacó 150,000 y D otro tanto, esos votos jamás contaron al final. Las elecciones son competencias donde solo hay ganadores, no sirve llegar segundo, ni tercero ni cuarto. Quizás algún aspirante logre satisfacer su ego diciendo que ‘corrió para presidente’ (o diputado o alcalde), pero, si no ganó, con el tiempo pocos se acordarán de él.

La política no es deporte, donde lo importe es competir, la política es un juego a ganador. Un candidato perdedor podrá decir que su programa era el mejor, que sus proyectos eran mejores, pero, ¿quién ganó? ¿Quién es el presidente electo? Ese es el que cuenta. Claro que lo bonito y romántico de la democracia es vender la idea de que todos votemos por el que consideremos el mejor y que el que la mayoría escoja gobierne. Solo que esa filosofía únicamente nos lleva a que en algunos casos nos gobierne el que menos está indicado para gobernar.

Veamos al Panamá de hoy. Desde 1990 hemos vivido una democracia con la alternabilidad del poder: Panameñismo, PRD, Panameñismo, PRD, Cambio Democrático. Los gobiernos han sido en su mayoría buenos, excelentes los de Pérez Balladares y Endara, en circunstancias distintas, buenos Mireya Moscoso y Martín Torrijos. El gobierno de Ricardo Martinelli todavía no ha sido juzgado, pero ya deja claro que, sin violar la Constitución, supo centralizar de forma exagerada el poder en el Ejecutivo, dominando los tres órganos del Estado en forma absoluta. Sin menospreciar sus obras, impresionantes por decir lo menos, por cinco años no ha habido una Contraloría General efectiva, no hubo debates legislativos en una Asamblea controlada y sumisa al presidente, no ha habido transparencia en la gestión y ningún caso de denuncia de corrupción fue investigado.

Ese estilo de gobierno, propio del presidente Martinelli, quizás no sea emulado ni copiado por su heredero designado, José Domingo Arias, pero la posibilidad está allí. En primer lugar, porque no está claro cuánta independencia tendrá Arias, si el partido que lo apoya es dirigido y controlado por el presidente Martinelli, su vicepresidente sería la esposa de Martinelli y todo la estructura del partido oficialista está formada por fieles seguidores de Martinelli y no de Arias. El próximo gobierno designa tres nuevos magistrados de la Corte, lo que daría al CD los nueve magistrados, designa según los términos a los dos magistrados del Tribunal Electoral y en diciembre de este año al procurador general y contralor general.

El problema, para los que el tema institucional les preocupa, es que a la gran mayoría del pueblo no parece preocuparle nada de esto, ella más bien está pendiente de qué ha recibido, qué le han dado, qué le dará el próximo. Eso significa que de ese 60 % de la oposición, un porcentaje quizás vote sin preocuparle al final si su candidato gana o no. Y en una elección donde el 40 % apoya al oficialismo y el 60 % tiene seis candidatos para escoger, al final el 40 % hará valer su voto y muchos del 60 % podrían simplemente haber botado su voto.

Si su intención es evitar el continuismo, si su intención es acabar con ésta centralización del poder, si su intención es devolver la institucionalidad y la transparencia al gobierno, deberían asegurarse de que su voto cuente.

Olvidemos las lecciones de democracia de la escuela, no es votar y que gane el que más votos saque. Nuestra democracia y su defensa requiere que votemos para garantizarnos la alternabilidad, para que el CD salga del poder por los próximos cinco años, para que corrijamos el rumbo del manejo del país. Si vistas las encuestas faltando días para la elección, la elección estaría definida entre Arias y Navarro, votemos Navarro. Si fuese Arias Varela, votemos Varela. Cualquier voto diferente es simplemente botar el voto.

No lo llamo voto útil, ni cualquier otro nombre, es el voto responsable, si mi intención es que no se reelija el partido en el poder, como no se reeligió ninguno en los cuatro torneos anteriores, tengo que usar la cabeza más que el corazón. Y, mientras no cambiemos la Constitución, para evitar esa concentración de poder en el Ejecutivo, no debemos reelegir a ningún partido en el poder, ni hoy, ni mañana.

ANALISTA