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07 de Jun de 2020

Fernando Terrizzano

Columnistas

Cinco cámaras de fotos, tres libros, una billetera

Como a cualquier otro ser humano curioso, me encanta viajar. Disfruto enormemente conocer lugares, personas y costumbres diferentes

Como a cualquier otro ser humano curioso, me encanta viajar. Disfruto enormemente conocer lugares, personas y costumbres diferentes.

Si bien no he tenido la oportunidad de visitar todos los sitios que hubiese querido, sí he podido conocer bastante a fondo aquellos a los que pude viajar.

En general, siempre prioricé conocer en detalle cada ciudad o lugar visitado, en vez de recorrer muchos sitios en poco tiempo. En ese sentido, creo que caminar, caminar y caminar es la mejor manera de poder capturar la esencia de cada lugar.

El hecho de tratar de comportarme en cada viaje como un caminante, en vez de como un turista, me llevó a pensar en una forma de catalogar los lugares que conocí; algo que fuera una especie de ranking cualitativo de cada sitio, que permitiera contar la experiencia de viaje a otras personas.

Se me ocurrió entonces crear un esquema simple para calificar ciudades, basado en cuatro dimensiones: arquitectura/diseño, cultura/entretenimiento, ‘shopping’ y descanso. Cada una de estas dimensiones está, a su vez, representada por un elemento icónico: cámara de fotos, libros, billetera y silla de playa.

¿Cómo funciona este esquema? Muy fácil: solo se debe catalogar a la ciudad visitada en cada una de las cuatro dimensiones, en un ranking de uno a cinco.

Una ciudad catalogada con cuatro cámaras de fotos, por ejemplo, sería aquella en la que hay mucho por recorrer y por ver. Una ciudad en la que es posible pasarse una semana entera caminando, descubriendo callecitas, edificios históricos, plazas, esculturas. Una ciudad que invita a pararse en cada esquina a tomar una fotografía, o sentarse a tomar un café y disfrutar de la gente y del ambiente.

La dimensión representada por los libros, en cambio, muestra la oferta cultural y de entretenimiento de una ciudad. La cantidad de librerías, anticuarios, exposiciones de arte o diseño, museos, obras de teatro, espectáculos al aire libre, ‘shows’ musicales.

Pero no solo la oferta paga, sino también todas las muestras de arte o cultura ciudadana que uno puede encontrar en lugares públicos, como ferias de artesanos, pintores callejeros, músicos que tocan en parques, ‘shows’ gratuitos.

También incluye, por supuesto, su oferta gastronómica: los restaurantes, bares y cafés centenarios, bistrós, los mercados de alimentos, las ferias de comida, las panaderías artesanales.

La billetera define la oferta comercial de una ciudad; la cantidad y variedad de malls, tiendas o negocios para comprar cualquier clase de cosas.

También muestra qué tanto dinero se necesita en una ciudad para poder aprovechar todo lo que la misma ofrece. Hay ciudades donde se puede hacer un montón de cosas con muy poco dinero; esas serían ciudades clasificadas con ‘Una billetera’. Pero también hay otras, en las cuales casi no se puede acceder a nada sin pagar; esas serían ciudades catalogadas como ‘Cinco billeteras’.

La silla de playa, por último, representa la capacidad de una ciudad de ofrecer descanso o relax a sus visitantes. Las ciudades costeras que cuentan con playas, serían un claro ejemplo de esta dimensión.

Este ranking no es —ni pretende ser— perfecto; cada uno de Ustedes seguramente podrá agregar o modificar alguna de sus dimensiones. Pero sí creo que es una buena herramienta para contar a amigos y familiares, de manera clara y visual, la experiencia que vivieron al visitar una ciudad.

Y también puede ser un buen mecanismo para definir su siguiente destino: ¿qué necesito, qué estoy buscando para mi próximo viaje? ¿Cámaras de fotos? ¿Libros? ¿Billeteras? ¿Sillas de playa? ¿O una combinación de algunas de ellas?

Les animo a repasar sus experiencias de viaje a la luz de este ranking. ¿Cómo catalogarían a New York? ¿Cuántas cámaras de fotos le darían? ¿Cuántos libros? ¿Qué dirían de Madrid? ¿Y de Río de Janeiro?

Por último, otro interesante ejercicio, sobre todo para los involucrados en el sector de turismo, sería analizar la oferta turística actual de Panamá, especialmente frente a otras ciudades competidoras de la región. Serviría para entender, por ejemplo, por qué una proporción (todavía alta) de viajeros regionales, utiliza el hub aéreo del aeropuerto de Tocumen para llegar a otros destinos, pero no ingresa a nuestra ciudad ni siquiera por un día. ¿Será necesario reforzar alguna dimensión en particular, de forma tal de aumentar el atractivo de Panamá?

Les dejo la tarea a los que saben del tema. Por mi parte, comenzaré a soñar con mi próximo destino, que imagino plagado de cámaras de fotos, libros y sillas de playa.

CEO MCCANN PANAMÁ.