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24 de Nov de 2020

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Ernesto A. Holder

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Una mirada dosificada al 2015

"Una rápida mirada al pasado inmediato nos deja con sinsabores más que complacencias"

Una mirada dosificada al 2015
Una mirada dosificada al 2015

Si pudiéramos dejar a un lado las creencias y todo lo que se ha instituido a lo largo de la existencia para delimitar los tiempos (días, meses, años, lustros, décadas, siglos, etc.), lo que marcaremos entre este miércoles 31 de diciembre de 2014 y jueves 1 de enero de 2015 sería simplemente el paso de un día a otro. Pero nuestra psique necesita estos simbologías para olvidar y dejar atrás y mirar hacia delante con esperanzas, así de sencillo nos hemos programado.

Una rápida mirada al pasado inmediato nos deja con sinsabores más que complacencias. El año finaliza con desasosiegos entre los decentes, no sobre lo que sucederá tan pronto los nuevos funcionarios recientemente designados dan inicio en pleno a sus tareas, sino por el escepticismo de que poco o nada cambiará en materia de justicia y castigo. Creo que el trauma de comprobar lo que muchos sospechamos (que los señalados no pagarán sus delitos ni se recuperarán los dineros mal habidos) nos afectará profundamente. Pero la peor parte es que sospecho que la vida continuará y tendremos que asimilar la realidad de que como sociedad no hicimos nada.

Este año que culminó, desnudó la realidad sociopolítica y es mucho más grotesco de lo que pensábamos. No es que no tuviéramos una idea, pero a estas alturas, en que deberíamos tener una sociedad más civilizada y educada, lo que se ha dado en materia política y electorera ha comprobado de alguna manera la sensación de que vivimos en la época del viejo oeste de los Estados Unidos, cuando los forajidos asaltaban la diligencia y andaban de pueblo en pueblo atemorizando a los nobles y sumando malhechores deshonestos y sin vergüenzas.

Una observación particular: me llamó la atención que jóvenes profesionales, damas, y personas de todos los niveles sociales delinquen —comprobado por el Tribunal Electoral— mediante el uso de fondos del Estado para sus campañas electoreras y defienden sus actos con una aparente sonrisa de la inocencia. Uno pensaría que mientras más joven, más educado, más dueño del presente siglo y más alejado del siglo pasado: serían más honestos, más visionarios, más solidarios con los que menos oportunidades tienen, más trabajadores, menos corruptos. Más comprometidos con la honestidad y los deseos de cambio social que el mundo reclama y más decididos a construir una mejor sociedad para promover la especie hacia el infinito.

Lo que vivimos este año que pasó en materia político-electorera nos ha desnudado como sociedad. Ya sabemos quiénes somos y las correcciones parecen imposibles. Las sesiones electorales llevadas a cabo, producto de las impugnaciones de las elecciones del 4 de mayo pasado, reafirmaron este temor.

En el ejercicio de desmantelar el tejido social por el bien personal, hay evidencias de que no solo se trata de la lujuria por las riquezas y el dinero. Esta generación de politiqueros y tecnócratas atenta contra el legado histórico y eso es preocupante. Repito lo que escribí el año pasado: ‘Los actores de la cosa pública solo atienden la documentación de tramitaciones estrictamente burocráticas, que tendrán el potencial de contar la historia de sus gestiones bajo una óptica positiva (...). Hay una conducta de secretismo y manejo dudoso de las documentaciones oficiales que atenta considerablemente en contra de la verdad, más en un tiempo en que debiera ser fácil la documentación y preservación de la Memoria Histórica de una gestión. Solo piensan en los aplausos inmediatos, en las placas con sus nombres y en los beneficios tangibles (económicos) que su gestión les proporcionará’. Si no documentamos bien este tiempo, los del futuro no comprenderán los sacrificios que se tuvieron que hacer para salvar la decencia y volver a vestirnos con dignidad social.

Una mirada dosificada deja una sola esperanza este año 2015 para comenzar a corregir los males del presente: los activistas sociales, culturales, sectores empresariales y la población decente, los que aún se indignan, están obligados a forzar a los corruptos para que dimitan y robustecer el renglón educación. Una planificación educativa fundamentada en el humanismo y de respeto a la dignidad humana, es el único camino que queda para transformar esta sociedad. Enfrentamos un año que promete ser difícil; hay que subir el tono y manifestarse claramente contra todas las formas de corrupción. Mis mejores deseos para todos ustedes.

COMUNICADOR SOCIAL.